Cultura

Dos años del Festival de Cine Radical

Estreno

Videofilia

Videofilia

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata

00:00 / 26 de julio de 2015

El segundo Festival de Cine Radical, con tres salas pequeñas en sus siete días de exhibiciones, estrenó 11 películas bolivianas, constituyéndose en la primera plataforma de estrenos nacionales en Bolivia. Junto a estos filmes, fueron presentadas, también en calidad de estreno, 35 cintas extranjeras.

Al Festival Radical le interesa formar públicos, generar espacios y puentes de diálogo entre autores, público y exhibidores. Siguiendo este objetivo, contó con la presencia de dos invitados peruanos —el director de cine Juan Daniel F. Molero y el programador de festivales John Campos Gómez— y seis realizadores bolivianos que brindaron las condiciones para generar diálogos e intercambio con el público.

Actitud radical: “una actitud a través de una puesta en escena arrebatada y radical, que condice con el espíritu del festival en la búsqueda de nuevas formas de producción, desde las miradas y las realidades a las que su autor apela”, refiere el acta del jurado compuesto por el programador internacional John Campos (Perú), la crítica de cine Mary Carmen Molina (Bolivia) y el cineasta Diego Mondaca (Bolivia), que eligieron a Procastinación (2015), de Sergio Pinedo, como mejor película del festival. También se entregó menciones especiales a los cortometrajes Boliwood (2015), de Sergio Bastani, y Primavera (2014), de Joaquín Tapia.

Como espacio de investigación y visión de propuestas arriesgadas, el festival Radical abrió con Videofilia y otros síndromes virales (Perú, 2015), de Juan Daniel F. Molero, la que por solicitud de la audiencia, que abarroto la Casa Espejo, tuvo una reposición a sala llena. La clausura se realizó con la presentación de 13 horas de rebelión, de María Galindo, seguido de un prolífico conversatorio y el estreno de Sueñan los androides (España, 2015), de Ion de Sosa.

La segunda edición del Festival Radical fue un evento marcado por la cinefilia, la curiosidad y el deseo de ver cosas diferentes más que novedosas. Convocó a 800 espectadores y logró consolidar sedes para muestras en las ciudades de Cochabamba, Sucre y Santa Cruz en los meses venideros.

Sin embargo, “lo radical” parece generar más dudas que elementos de seducción en los cineastas bolivianos. Lo radical estriba en el riesgo, el sudor y la sangre reflejadas en las imágenes.

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El riesgo

Un elemento común en todos los conversatorios del Festival de Cine Radical fue la exhortación al riesgo y las constantes puestas en duda sobre los fondos, la industria, los laboratorios de escritura, las jerarquías e incluso las mismas condiciones de exhibición de cine en Bolivia. El planteamiento fue poner sobre la mesa la posibilidad de un cine artesanal, la posibilidad de imágenes que articulan el hacer y el vivir.

Pensar el cine

Las reflexiones que se suscitaron en el Radical continuaron de alguna manera en el marco del VIII Congreso de la Asociación de Estudios Bolivianos, que se celebró en Sucre del 20 al 24 de julio. En este encuentro bianual se instaló la mesa “Pensar el cine boliviano”, en la que se reunieron investigadores y críticos de cine que intentan identificar, catalogar y clasificar las imágenes audiovisuales que se producen en Bolivia. Además de las ponencias se exhibieron películas cortas del último año, lo que otorga insumos para poder intentar pensar el cine boliviano.

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