Cultura

El corazón de Iván Nogales deja de latir y él va al Trono del cielo

El gestor cultural fue fundador de Fundación Compa.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

16:36 / 22 de marzo de 2019

Su corazón no pudo más. Había hecho bastante desde aquel 13 de noviembre de 1963 hasta la madrugada de ayer. Un infarto acabó con la vida de Iván Nogales Bazán, el creador del Teatro Trono y la Fundación Compa (Comunidad de Productores de Artes).

Iván no fue profeta en su tierra, nació en la ciudad de La Paz, pero con los años él se fue más hacia el cielo e hizo de El Alto su patria.

“Me veía de lejos, rapeaba y luego me llamaba”, cuenta la cantante alteña de rap Nina Uma. Ayer por la mañana ella estaba (casi) inconsolable por la pérdida del hombre que dedicó su vida al teatro y en especial a los jóvenes. Con ellos levantó, tres décadas atrás, el Teatro Trono y luego la Fundación Compa.

El mismo Iván escribió en la revista Migraña: “Fue una verdadera locura poética vivir con siete chicos de la calle en una casa que en ese momento era un dormitorio de seis por tres metros y medio. Siete años sobreviviendo. Si no se actuaba en la calle o una plaza no se comía. Siete años buscando obsesivamente sentar las bases de un grupo de teatro popular independiente, que pudiera romper la tragedia del teatro boliviano de no tener tradición de grupos de teatro independiente de larga data. Había que romper el maleficio. Tendría que aparecer un grupo de teatro que sobreviviendo siete años pudiera romper el maleficio. ¿Por qué no El Trono? Sonaba grandilocuente y pretencioso, mas así lo decidimos”.

Y, los artistas sin techo conquistaron su espacio en Ciudad Satélite, luego fueron por más y ganaron otros escenarios. Salieron del país para mostrar su arte de sangre joven incluso en el Viejo Mundo. Conquistaron las tablas en Estados Unidos y de Latinoamérica.

La vida de Iván, como su propuesta sobre las tablas, fue un grito de rebeldía y política a favor de la propuesta comunitaria; pero también de cariño. “Iván era un joven bohemio, soñador desde colegio”, contó su compañera de curso del Mejillones, Layda Nudelpra.

Ayer, los recuerdos se multiplicaron. Su hermano Marcelo Bazán Rodríguez (quien protagonizó al Zeta, en una miniserie de Cultura Ciudadana producida por Imagen Propia) contó que a sus ocho años él se sumó al primer elenco del Teatro Trono. “Viajé por diferentes lugares del mundo para hacer conocer nuestro trabajo”.

Impuso el talento sobre el derroche. “Con el Iván podíamos hacer nuestro vestuario, nuestra utilería con cualquier cosa... lo único que necesitábamos eran nuestras ganas de hacer teatro y seguir en este camino”, narró Mayra Paz, del elenco Tabla Roja.

La creatividad fue otra de sus armas. Su amigo Mateo Hinojosa recuerda la visita que le hizo a California. “Manejamos durante seis horas desde la costa hasta la alta montaña. El alucinante paisaje exterior pasó a segundo plano frente a la maravilla de los paisajes imaginarios que el maestro conjuró”. En plena travesía, Iván empezó a hablar de una obra de teatro sobre la educación indígena en Warisata; una casa para migrantes del campo en las afueras de El Alto donde se debía pagar con canciones o cuentos; y en una secuela a su obra Descolonización del Cuerpo, en tres idiomas.

Orígenes. Iván Nogales y El Alto tienen en común la lucha. La ciudad fue capaz de derrocar a un Presidente en 2013 y el papá del teatrista intentó cambiar los destinos del país a inicios de los años 70.

Gustavo Rodríguez Ostria, embajador de Bolivia en Perú, dijo que años atrás él se reunió con el artista para contarle sobre su padre y la guerrilla de Teoponte. “Se llamaba Indalecio Nogales, alias Claudio. Como muchos otros fue ejecutado por el Ejército. Sus restos no han sido encontrados”.

Con los años, Iván halló en el arte su forma de lucha. Como El Alto, él fue creciendo. Hasta sus últimas entrevistas decía con orgullo que levantó la primera calle peatonal de la Cultura de Bolivia, en Ciudad Satélite.

El jueves 7 a la periodista Sarai Amorós de Abya Yala le contó algo del secreto de su trabajo artístico. “Es una propuesta ética y estética al mismo tiempo y eso le ha dado profundidad al Teatro Trono, a Compa”. Luego enumeró las tareas por hacer: presentaciones y formación de redes comunitarias en Alemania, Bulgaria, Eslovenia, Holanda, Argentina...

Recientemente, la ministra de Culturas, Wilma Alanoca, lo vio. “Hace dos días nos hemos reunido para planificar la agenda cultural 2019, un encuentro marcado por su inquietud”, informó la autoridad.

Un ataque cardíaco se llevó a Iván y sus planes. Entonces llovieron las condolencias en las redes sociales. El escritor Homero Carvalho confesó: “Estoy triste, hacía mucho tiempo que no lloraba por alguien que no fuera un familiar”. 

Wálter Romero en El Salvador armó un velorio con fotos del gestor cultural. Ricardo de Urdaeta, desde Argentina lanzó sus condolencias, hubo otros mensajes en portugués... Y, desde la mañana, jóvenes alteños se adueñaron del Trono. Allí estará Iván hasta el sábado y será enterrado en Ventilla... después permanecerá en la memoria de quienes lo conocieron.

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