Cultura

La memoria: refugio de Marcos Loayza - Ricardo Bajo

La Razó / La Paz

01:36 / 04 de abril de 2012

El lanzamiento-debut del cineasta Marcos Loayza al espacio del teatro ha sido un éxito completo. Séptimo sentido es un gran texto, riguroso y preciso, de dramaturgia; es un canto a la memoria con la historia boliviana como telón de fondo, como excusa, como pasión, dando vueltas y vueltas para dejarnos esos pequeños detalles que se quedan por siempre con nosotros.

Loayza llega al teatro boliviano en el mejor de los momentos para decirnos a todos que más es menos. Menos sobreactuaciones, menos gritos, menos histrionismos baratos, menos “modernidades” sin sentido. Patricia García —en un monólogo magistral— se aleja así de esos papeles trágicos, rimbombantes, desmesurados, aparatosos, bizarros, altisonantes y floridos que últimamente la estaban encasillando. Loayza contiene y coloca a García en el papel de la señorita Magda, profesora de historia, que acaba susurrando sus dolores, sus amores, sus memorias, sus viejos cuentos de presidentes. Más es menos.

Una pizarra de escuelita, una mesa, una ventana y una docena de contrapunteos sibilinos de guitarra a cargo del Gabo Guzmán: una vieja y amargada profesora de historia (nos) saluda a los alumnos que todo lo olvidan porque “nadie se acuerda de nada”. La profesora escribe una fecha: 15 de enero de 1871. Y Loayza-García comienzan a hablar de la caída del tirano Melgarejo, el que se creía inmortal, el que huyó disfrazado al Perú al grito de “muera Melgarejo”, el que fusiló al poeta romántico Néstor Galindo, no por mal poeta, no por burro, sino por oponerse al déspota. Melgarejo, el presidente que veía conspiradores por todos lados, enemigos de la patria en cada esquina, el que cayó después de más de mil muertos.

Séptimo sentido reivindica los pequeños detalles de la historia, los relatos de alcoba, el papel de las mujeres sin nombre, y retrata como nunca la soledad del poder que siempre envilece, porque los cobardes no le temen nunca a nada. Melgarejo es todos los presidentes en este nuestro país de viejos con 500 años perdidos. La obra destila nostalgia, frustración y pesimismo, como la obra cinematográfica de Loayza.

Séptimo sentido habla por todas las mujeres que sólo piden y esperan detalles, pequeños detalles; de las mujeres cercanas al poder, anónimas, ninguneadas.

Patricia García —gigante, estremecedora, conmovedora— se desdobla en madre preocupada de alumnos desmemoriados, en profesora, en nieta, en viuda, en abuela —doña Carmencita— cautivada por los ojos del coronel Villarroel, para hablarnos bajito de esas mujeres de las que la historia nunca nos contó nada, de la historia íntima, secreta y clandestina de Bolivia, siempre en letras minúsculas.

Ricardo Bajo es periodista.

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