Cultura

Un órgano de 226 años de antigüedad aún se escucha en Sucre

Un músico de 19 años se encarga de interpretar el instrumento. En la capital existen siete órganos, cinco de ellos se encuentran en la Catedral.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández / La Paz

11:05 / 17 de diciembre de 2018

De los siete órganos que hay en Sucre, éste es probablemente el más majestuoso y antiguo del país que aún deja escuchar su voz. Se encuentra en el Monasterio de Santa Clara y es interpretado por un artista de 19 años.

En comparación con el piano, los sonidos del órgano se generan por el aire que pasa por tubos de diversos tamaños. Eso lo sabe muy bien Gabriel Ángel Campos Arandia, organista del monasterio y maestro de capilla de la Catedral Metropolitana de Sucre, quien desde pequeño fue amante de la música, en especial del alemán Johann Sebastian Bach.

Actualmente, en la capital existen siete órganos: cinco que se encuentran en la Catedral, uno en el templo de Nuestra Señora de la Merced y el que Gabriel está a punto de mostrar en Santa Clara.

En la calle Daniel Calvo, esquina Eduardo Abaroa —a dos cuadras de la plaza 25 de Mayo—, el músico abre la puerta principal de varios seguros. No es para menos, ya que, además del monasterio de clausura, el lugar resguarda esculturas, muebles, objetos de uso litúrgico e instrumentos musicales, entre los que se destaca un órgano de casi tres metros de alto. 

Al cruzar una pequeña puerta de madera se ingresa al templo principal, que tiene en la parte trasera de la nave central una especie de caja musical enorme, pintada de verde, celeste y dorado.

En 1792, las religiosas encargaron al chuquisaqueño fray Pedro Matos, de la Orden de la Merced, la construcción de este órgano, de 516 tubos de plomo fundido traído de Potosí y de cedro, por el que pagaron 1.846 pesos con tres reales, según un artículo escrito por Enrique Godoy y Bernardo Illari, aunque Gabriel refiere que el costo fue de 700 pesetas.

Espere…

De acuerdo con leyendas de la época, había un artista que pedía alimentos al fiado en el convento. Al poco tiempo, las hermanas le propusieron que pagara lo adeudado con una obra en la parte externa del instrumento, que tiene como adornos principales pinturas de Santa Cecilia y el rey David.

En un inicio, el órgano se encontraba en el coro alto del templo, donde las religiosas cantaban sin ser vistas. En 1971 fue llevado al coro bajo, donde probablemente dejó de funcionar. El 3 de diciembre de 1997 restauraron el instrumento 11 organeros franceses y lo acomodaron en la parte trasera de la nave central.

La interpretación del órgano en los oficios religiosos fue importante entre los siglos XVI y XIX en el país. Prueba de ello es que en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia hay miles de obras musicales para este instrumento.

“Me llama la atención el órgano desde que era muy niño, en especial porque escuchaba obras de Bach”, cuenta Gabriel, quien estudió en el Conservatorio Internacional de Música de la Universidad San Francisco Xavier.

De manera paralela, desde hace cinco años colabora con las actividades del monasterio y del museo. Un día se animó y pidió a la encargada del repositorio interpretar una obra de Bach. Lo hizo y desde entonces es el responsable de hacer retumbar la iglesia con los sonidos del instrumento.

“No es lo mismo que un piano, el órgano tiene otro mecanismo, la disposición de las teclas es diferente. El órgano no tiene cuerdas, sino tubos que se afinan de diferente manera”, explica.

Para demostrar sus aptitudes, Gabriel abre las puertas que protegen los tubos de plomo, hace lo mismo con la puertezuela donde están las teclas. Se sienta y hace escuchar Tocata y fuga en re menor, de Bach, que emociona al escucharla por primera vez y que probablemente interprete otra vez en Navidad, en la Noche de Museos, en la Jornada de Puertas Abiertas o en la Novena de Santa Clara. El museo abre de lunes a sábado, entre las 14.00 y 18.00.

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