La Revista

La entrada tuvo el aporte de los universitarios de dos provincias

Recorrido. Cerca de 20.000 bailarines le dieron colorido y alegría a la fiesta folklórica

La Razón / Guiomara Calle / La Paz

01:24 / 28 de julio de 2013

La novedad de la XXVI Entrada Folklórica de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) fue la presencia de los universitarios de Tiwanaku y San Buenaventura, quienes representaron la mohoseñada y el amor tacana, dos danzas del área rural.

La participación en la fiesta folklórica universitaria se expandió a los estudiantes del ámbito rural. Por primera vez, el evento no sólo contó con jóvenes de las 13 facultades instaladas en la ciudad de La Paz, sino también con universitarios de las sedes de Tiwanaku, que presentaron la danza de la mohoseñada, y de San Buenaventura, con el baile amor tacana. Ambos grupos fueron invitados por los organizadores de la entrada y el costo de su traslado y estadía fue dividido entre la sede universitaria y los bailarines. La UMSA posee 13 filiales en el área rural, en el marco de su programa de desconcentración universitaria.

Alegría. La mohoseñada ingresó un poco después de las 09.00, con un grupo de aproximadamente 35 personas, identificadas con el traje típico de esta danza: pantalones y polleras, camisas y blusas blancas, mantas, el atado con el aguayo y las abarcas.

“Estamos felices de participar, ojalá podamos venir todos los años. Hemos ensayado mucho para representar bien a nuestra universidad en Tiwanaku”, expresó Nelly Mamani, una de las bailarinas.

Después ingresó amor tacana con un grupo de 40 personas. Este baile es característico de las tierras bajas, pues las mujeres vestían tipoy de color rojo; los varones, sombreros de paja y un atuendo blanco; todos ellos danzaron descalzos durante el largo trayecto.

Luis Sempértegui, organizador y fundador de la entrada universitaria, explicó que dicha particularidad se debe a la proximidad de San Buenaventura con el departamento del Beni, pero aclaró que es un baile propio de La Paz.

“La entrada tiene la peculiaridad de rescatar los bailes típicos. El propósito es contar el próximo año con más universitarios del área rural”, expresó Sempértegui. La ovación del público presente fue evidente al momento de divisar la mohoseñada y el amor tacana; los danzarines deleitaron con diferentes coreografías, gritos y el júbilo, propios del baile.

Como ya es tradicional, desde muy temprano comenzó el ajetreo de los jóvenes para participar en el colorido desfile folklórico. Autoridades ediles y universitarias presenciaron la entrada desde sus respectivos palcos, instalados en la céntrica avenida Camacho.

Caporales, tinkus, morenadas, diabladas, tobas, chacareras, kullawadas, sayas, entre otros, le pusieron matices variados de colores, por sus trajes, y alegría a las calles y avenidas del trayecto.

La rectora interina de la UMSA, Fátima Dolz, manifestó que la algarabía y el colorido son infaltables en la entrada. “A partir de esta fiesta, nuestros jóvenes y la comunidad toman más cariño a nuestras tradiciones y mayor identidad nacional al rescate de la diversidad de danzas”.

La fiesta folklórica de ocho kilómetros contó con la participación de cerca de 20.000 bailarines en 63 fraternidades. La Guardia Municipal y la Policía movilizaron a 1.500 efectivos para garantizar la seguridad de los bailarines y del público.

Virginia Cordero encantó con el ritmo sicuris

Entre los danzantes más aplaudidos por el público estuvo Virginia Cordero, una mujer que no paró de derrochar alegría y realizar diferentes coreografías con el apoyo de su silla de ruedas. Ella bailó sicuris con la Facultad de Agronomía. 

“Con mi baile quiero incentivar y demostrar que no hay obstáculos cuando uno se propone vivir. La participación de personas en sillas de ruedas debe expandirse porque también somos parte de esta sociedad”, expresó Cordero.

Agarrada de la mano de su pareja, esta bailarina no se limitó a dar vueltas durante el trayecto de ocho kilómetros, como es típico en los sicuris, sino que realizó por lo menos cinco pasos diferentes, acompañada de la ovación de quienes la observaron.

Topografía. Las subidas y bajadas en ciertas calles y avenidas del recorrido fueron lo más dificultoso, pero ella y su pareja se dieron modos para seguir adelante y demostrar que “sí se puede”.

Cordero es parte de un ballet en San Francisco (Estados Unidos) y está de visita en el país. En su corta estadía aprovechó para sumarse a la fraternidad de Agronomía e impulsar, con su ejemplo, la creación de espacios para enseñar diferentes ritmos a personas en sillas de ruedas.

“La idea es que sean bailes mixtos, es decir una persona con discapacidad y otra sin ningún problema; tiene que ser inclusivo. No es nada complicado si se le pone voluntad”, mencionó. Los integrantes de los sicuris de Italaque de la Facultad de Agronomía manifestaron estar orgullosos de tener en sus filas a Cordero, a quien aseguraron admirar por su coraje, energía y el entusiasmo que le puso durante todo el trayecto.

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