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‘The Astonishing’, la ambiciosa ópera rock de Dream Theater

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Música. Dream Theater es una banda estadounidense de metal progresivo nacida en 1985.

Música. Dream Theater es una banda estadounidense de metal progresivo nacida en 1985. Foto: dreamtheather.club

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Candia - crítico

00:00 / 14 de febrero de 2016

Son 26 años de carrera, 13 álbumes de estudio, varias grabaciones en vivo, compilaciones, DVD y extensas giras que hacen testimonio tangible de la prolífica carrera de Dream Theater, la banda de metal progresivo por antonomasia.

Los seguidores de esta banda sostienen acaloradas discusiones que intentan elucidar cuál es el mejor disco, cuál la mejor canción, cuál la mejor interpretación y varios otros tópicos ad infinitum. La destreza técnica y la experiencia musical de sus integrantes constituyen otro tema aparte que logra cautivar a los músicos, aun así no sean seguidores del género.

A lo largo de su nutrida carrera, esta banda ha retornado periódicamente a la producción del álbum conceptual, recurso que resulta consonante al género progresivo. Trabajos como Six Degrees of Inner Turbulence o Metrópolis pt. 2: Scenes from a Memory, son apenas una muestra del brillante manejo que esta banda tiene sobre la producción de un álbum conceptual, cuidando cada una de sus aristas y definiendo lo que a la postre se consideran como obras maestras tempranas e influyentes en nuevas camadas de músicos progresivos.

The Astonishing encarna a cabalidad la creciente ambición musical, noción arraigada en el género progresivo desde sus inicios. En esta ocasión, la banda da uno o varios pasos más y produce una ópera rock; una experiencia envolvente que debe ser escuchada de principio a fin por tratarse de una narrativa lineal estructurada alrededor de una historia, un puñado de personajes e, inclusive, una colección de mapas. Se trata de un relato épico que tiene lugar en un futuro distópico. La figura de poder ha arrestado la producción musical para depositarla y controlarla a través de máquinas; en respuesta, la rebeldía proviene de músicos que ponen en riesgo su vida al hacer música de manera clandestina.

A lo largo de dos horas, Dream Theater entrega una obra brillante en ejecución. James LaBrie lleva al límite sus posibilidades vocales puesto que caracteriza a todos los personajes con un profesionalismo absoluto. Las complejas melodías de Petrucci son el deleite en cada resquicio del álbum. Sobre los teclados de Jordan Rudess reposa la mayoría de la estructura musical. Myung y Mangini pasan a un plano más discreto pero no por ello irrelevante. La apoteósica orquestación de este trabajo está a cargo de David Campbell, quien al mando de la Sinfónica de Praga y tres coros vocales termina de redondear y ambientar la excelente música de Dream Theater expandiéndola hacia nuevos horizontes. A toda luz el álbum suena grandilocuente como ningún otro.

No es posible hablar de los temas por separado, aun así la banda hubiese lanzado dos sencillos promocionales, se trata de un disco que debe ser apreciado como una obra completa. Un trabajo indispensable para los seguidores y quizás un muy buen pretexto para conocer a la banda.

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