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Una voz intacta regresó a Bolivia luego de 30 años

Habían pasado 30 años desde su primera cita. Silvio Rodríguez regresó a Bolivia y con cariño rememoró aquella ocasión. Su voz sonó intacta y quedó claro que sus conciertos son mucho más que un ejercicio de nostalgia.

Se notó un Silvio Rodríguez algo cansado físicamente. Pero su voz está intacta. Aplaudió y regaló sonrisas al público boliviano que se emocionó con la presentación del trovador cubano. Foto: Eduardo Schwartzberg.

Se notó un Silvio Rodríguez algo cansado físicamente. Pero su voz está intacta. Aplaudió y regaló sonrisas al público boliviano que se emocionó con la presentación del trovador cubano. Foto: Eduardo Schwartzberg.

La Razón (Edición impresa) / Iván Paredes / Santa Cruz

00:00 / 21 de abril de 2013

Habían pasado 30 años desde su primera cita. Silvio Rodríguez regresó a Bolivia y con cariño rememoró aquella ocasión. Su voz sonó intacta y quedó claro que sus conciertos son mucho más que un ejercicio de nostalgia.

Santa Cruz de la Sierra en la segunda cita. Esta vez el recital fue organizado por el Ministerio de Culturas y fue recibido, como era previsible, en un estadio Ramón Tahuichi Aguilera ansioso por estremecerse con sus canciones. Arriba del escenario, Silvio no se apuró; demostró que su voz está intacta, como la admiración de sus seguidores.

El cantautor cubano dividió el recital en dos partes con distinta emotividad. Empezó cantando temas de su flamante disco —Segunda cita—, coherente con su felicidad crepuscular. Después, desempolvó clásicos gloriosos y provocó un emotivo clima colectivo, humedecido por las lágrimas de más de uno de sus seguidores. Silvio emocionó cuando dedicó su trova a la recuperación de las democracias sudamericanas, a principios de los años 80.

21.10 del lunes 15 de abril. Ingresó al escenario el cuarteto Trovarroca. Hizo una introducción instrumental con tres guitarras, un bajo y una flauta dulce.

Cinco minutos después, Silvio apareció en escena con un sombrero blanco, una chaqueta café y su camisa afuera del pantalón. El trovador había paseado todo ese día, con ese mismo atuendo, por la capital cruceña.

Mientras se dirigía a su silla, miró a la multitud —aproximadamente 25 mil personas— por la base de sus anteojos, frunció sus cejas, levantó su sombrero y la saludó. Comenzó con Segunda cita. Lo acompañaba, entre otros músicos, su cónyuge Niurka González, madre de la pequeña Malva, a la que él le dedicó su tema Cita con Ángeles. La pequeña los acompañó durante toda su estadía en Santa Cruz.

“Muy contento de estar aquí después de tantos años, pero lo hacemos con cariño”, dijo Silvio al terminar su primer tema. Un público diverso, llegado de todo el país, lo aplaudió. Después, con el sutil acompañamiento de Trovarroca, continuó con canciones inspiradas en el amor, como San Petersburgo, obra escrita a raíz de un encuentro en un viaje desde La Habana a México con el escritor Gabriel García Márquez.

Acústico, sin asistencia de arreglos electrónicos, Silvio reafirmó su condición de trovador y tocó un tema antiguo, escrito hace décadas para el guerrillero cubano Abel Santamaría, Canción del elegido, la sexta canción de las 25 previstas.

El público, un poco inquieto, seguía aguardando los más clásicos. Ese deseo se cumplió a una hora del concierto, cuando el cantautor interpretó Quien fuera. Melancolía se respiró en el Tahuichi. Después, Silvio emocionó con una seguidilla artística para el corazón: Te doy una canción, La maza, Ojalá y Unicornio, con finos arreglos. Ese momento fue la cúspide para el público. Los cantos, los coros multitudinarios y las ovaciones al Che no dejaron de sentirse. Banderas bolivianas, cubanas y venezolanas flameaban entre la multitud. Sin demostrarlo, Silvio también estaba motivado. Se sacó la chaqueta. Sentía calor.

Iban casi dos horas de concierto y ya se había retirado una vez del escenario, pero volvió a pedido de la gente. En ese retorno cantó un tema para “vuestro Presidente (Evo Morales)”. Se escuchó El necio (tema 21), canción que escribió a finales de los años 80 para Fidel Castro y que tiene un alto sentimiento socialista. El Mandatario, que estaba presente, escuchó en primera fila. Por la tarde, Morales le había regalado a Silvio un cuadro del Che Guevara, hecho por Gastón Ugalde, con hojas de coca y una copia facsimilar del diario de la campaña del guerrillero en Bolivia. El artista le obsequió una colección completa de su discografía.

En el recital, todo parecía que era el final. Pero no. El estruendo de los fanáticos hizo que saliera una última vez. Cantó Sueño con serpientes y se despidió con Pequeña serenata diurna.

Esta última, de las 25 que entonó en Santa Cruz, la interpretó de pie, demostrando que él no ha caído aún. Aplausos, en respuesta, sacó fotografías de sus seguidores para eternizar el cariño del público boliviano y con un gesto, prometió volver. Ojalá.  

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