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Yo también me quedo en Iris

Las fuerzas de la transnacional SaintRei luchan contra los insurgentes “irisinos” de Orlewen (apoyados “secretamente” por el imperio Sangaí) por el control de los ricos yacimientos minerales de Iris. Cualquier parecido con nuestro mundo actual de guerras justas, miedos e injerencias es “pura coincidencia” (cero “futurismos”).

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

02:22 / 13 de febrero de 2014

La nueva novela (ya lleva 10) de Edmundo Paz Soldán se llama Iris y es de ciencia ficción, ciberpunk “presente”. Me recuerda de lejos a De vez en cuando, Saturnina, de Alison Spedding. Con un minucioso trabajo de cuatro años y bebiendo de varias fuentes (el Tío minero, leyendas guaraníes, budismo), Paz Soldán construye un mundo particular para perderse.

Las fuerzas de la transnacional SaintRei luchan contra los insurgentes “irisinos” de Orlewen (apoyados “secretamente” por el imperio Sangaí) por el control de los ricos yacimientos minerales de Iris. Cualquier parecido con nuestro mundo actual de guerras justas, miedos e injerencias es “pura coincidencia” (cero “futurismos”).

La distopía —irregular— dividida en cinco partes (cinco personajes) exige un esfuerzo en sus primeras 30 páginas, pero luego el lector —seducido— se habitúa hipnóticamente al lenguaje (mezcla de castellano, “spanglish” y portugués) y al opresivo universo, regido por la religión, la violencia y las drogas psicotrópicas de “viajes”. Hubiese sido deseable mayor osadía a la hora de construir la particular narración léxica. Edmundo vive ahora en su nuevo Río Fugitivo; se ha quedado en la parábola de Iris y, junto a él, los lectores de su más ambiciosa y antibélica novela.

Ricardo Bajo H. es periodista.

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