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El retorno de los Smashing

El disco viene a contramano de lo que estamos acostumbrados a recibir de Corgan (o los Pumpkins).

El retorno de los Smashing.

El retorno de los Smashing.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Candia - Rockandbol / La Paz

00:00 / 25 de enero de 2015

Los Smashing Pumpkins son un pilar de la construcción del sonido de los 90. Ya sea por esa eterna convivencia entre la belleza de la armonía y la aspereza del noise o por la obsesiva y sistemática manera de producir cada disco; los Pumpkins dejaron un legado importante que 20 años después todavía no fue asimilado del todo.

Se fueron diluyendo hacia el final de los 90. Al despunte del milenio llegaba Corgan con Zwan, un par de sencillos promocionales y un disco olvidable. Luego vino el silencio, las giras con New Order, una etapa depresiva, alguno que otro berrinche en internet y finalmente, un destello de creatividad titulado Zeitgeist (2007), el trabajo que marcó el retorno de la banda (o el nombre al menos) y que confirmó que la frescura de su sonido y dirección son sinónimos de Billy Corgan, guste o no.

Oceania (2012) asomó como una redundancia, rumor acallado por los ambiciosos volúmenes de Teagarden By Kaleidyscope (2010), que lanzaron el concepto del “álbum dentro de otro álbum” que encuentra en Monuments to an Elegy su siguiente encarnación.

El disco viene a contramano de lo que estamos acostumbrados a recibir de Corgan (o los Pumpkins). En primer lugar presenta un discurso corto: nueve temas que saben a poco viniendo del mismo acto que presentó el memorable Mellon Collie & The Infinite Sadness (1995). Luego, en términos de sonido, encontramos a un Corgan bien contenido dentro de límites autodefinidos. La grandilocuencia de “Más es mejor” que fue el mantra de toda su carrera, se contrapone a la austeridad de esta obra.

El disco es redondo, contiene proporciones exactas de lo que se ha revelado a lo largo de los años como “Las obsesiones de Corgan”: Capas y capas de guitarras, la dulzura de las acústicas, atmósferas espaciales, la acepción del romance escondido con los syths y, claro, esa tensión entre ruido y armonía.El trabajo no suena nostálgico, es más bien maduro. Es un disco que quizás llega tarde a la discografía de esta banda, pero, un buen guiño de lo que podemos esperar en los próximos años.

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