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‘La selección ataca como el Manchester United, pero defiende como Chacarita’

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:59 / 18 de octubre de 2013

La selección argentina ha clasificado con suficiencia a Brasil 2014 y más allá de su constelación de figuras, cuenta con protagonistas que inciden en otras realidades futbolísticas. La paradoja histórica tiene que ver con que a la hora de buscar el podio, resulta que todo lo contundente que es de mitad para adelante puede desmoronarse por imperdonables yerros cuando se trata de encarar obligaciones defensivas.

Es una perogrullada decir que Brasil está por encima de los demás en el firmamento de la historia del fútbol mundial. Cinco veces campeón, y ahora en busca del sexto título, la tierra de Vinícius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, de Glauber Rocha y Jorge Amado es la más futbolera por extensión y por lo enraizado que está en la cultura popular el juego de la pelota.

Pero si Brasil es felicidad plena como ningún otro paraje del planeta al momento de un partido, Argentina que exhibe la misma vocación por el fútbol, con exquisiteces a veces pasadas de rosca, tiene un plus que impresiona por la gravitación que sus actores más destacados son capaces de demostrar más allá de sus fronteras.

Argentino es Di Stéfano. Es el símbolo indiscutible del club por ahora considerado más poderoso del mundo, el Real Madrid. Argentino es Maradona, que al igual que el gran Alfredo en su momento, ha sido considerado por unanimidad como el mejor futbolista del planeta. Y argentino, aunque no nacido futbolísticamente en el potrero del barrio, sino en una depurada escuela europea, es Lionel Messi que muchos nos atrevemos a considerar como el mejor de los mejores de todos los tiempos. Miren qué argentinos, para muestra tres grandes luminarias de toda la historia desde que el balompié moderno se inventara en Inglaterra a fines del siglo XIX.

Aterrizando en el mapa de la última eliminatoria sudamericana, nos encontramos con que la selección celeste y blanca ha clasificado primera con 32 puntos, que la segunda posición la ha obtenido Colombia, dirigida por un argentino que inspira respeto por sus credenciales de gran formador, José Pékerman; que el tercer puesto lo ha logrado Chile, bajo la conducción de un argentino, Jorge Sampaoli, afincado en Santiago, con el antecedente de que también son argentinos sus predecesores al mando de la Roja, Claudio Borghi y Marcelo Bielsa.

Y dale con los argentinos: La Liga española tiene al Barcelona y al Atlético de Madrid como punteros en este primer tramo de la nueva temporada, y los entrenadores son Gerardo Martino, salido de la cantera de los leprosos de Ñuls que clasificó a Paraguay para Sudáfrica 2010 y Diego Simeone, que luego de tres títulos (2012-2013) al mando de los colchoneros rojiblancos ha logrado convertir a su equipo en protagonista y aspirante al título: “La Liga es la vida” ha declarado el Cholo hace unas horas, a quien se considera el técnico rioplatense más ganador de todos quienes consiguieron sentar presencia en las europas.

Argentina incide simultáneamente en las catedrales del fútbol con  entrenadores y jugadores, y cuenta con una selección que hasta se permite la opción de recuperar jugadores en el tramo final de sus trayectorias como Maxi Rodríguez (Newell’s Old Boys) que ha vuelto a casa y ha anotado los dos últimos goles del todos contra todos sudamericano frente a Uruguay, o que tiene a Fernando Gago, también retornado al fútbol doméstico (Boca Juniors), haciendo el doble cinco junto a Javier Mascherano, en la zona en que contener-recuperar debe hacerse casi al mismo tiempo que articular una sólida posesión del balón.

Con todos los datos hasta aquí expuestos, Argentina influye enormemente en las coordenadas de la gran competencia futbolística mundial, pero esta rotunda presencia en canchas de aquí y allá no se traduce hace 27 años en el tan ansiado tercer título mundial: El 94 en Estados Unidos, un equipazo con Maradona a la cabeza, efedrina detectada en la orina de Diego, positivo en el control antidoping y adiós contra Rumania (2-3). El 98, una macana de Ariel Ortega (expulsión), una avivada de Denis Bergkamp y adiós contra Holanda (1-2). En Japón-Corea 2002, tacticismo al extremo a cargo de Bielsa, polémica sobre si Gabriel Batistuta y Hernán Crespo podían compartir el frente de ataque y adiós en primera fase. Con un equipo que pintaba para campeón con Pékerman al mando, en Alemania 2006, jugando con gran calidad, derrota en la definición por penales con el anfitrión y afuera. Y en Sudáfrica 2010, con Maradona y todo su histrionismo desde el banco, otra vez contra Alemania, con Juan Sebastián Verón, el hasta ese momento perfecto abastecedor de Messi, fuera de la alineación de manera inexplicable, catástrofe (0-4) con una línea defensiva que fue un flan.

“Argentina ataca como el Manchester United y defiende como Chacarita (Juniors)” escribió hace poco uno de esos ingeniosos hinchas bonaerenses que abundan, y la broma lleva a la pregunta y no obtengo respuesta inmediata: ¿Quiénes juegan en la línea de fondo? Recuerdo que lateral izquierdo con gran panorama para la salida es Pablo Zabaleta (Manchester City), pero casi no nos fijamos en Marcos Rojo (Sporting de Lisboa) que va por la derecha, y en los centrales Ezequiel Garay (Benfica) y Federico Fernández (Nápoles) que afirma “que los de adelante tienen que brillar y los de atrás tenemos que ayudar”. 

El gran desafío de Alejandro Sabella consiste, por lo tanto, en consolidar todas las líneas para tener un conjunto equilibrado que evite desastres, pues cuando lleguen a su mejor rendimiento Ángel di María (Real Madrid), Ezequiel Lavezzi (PSG), Sergio Agüero (Manchester City), Lionel Messi (Barcelona), Gonzalo Higuaín (Nápoles) y Rodrigo Palacio (Inter), la maquinaria de resistencia en la retaguardia deberá intentar superar lo hecho en su momento por Ayala, Demichelis, Sorín, Samuel o Burdisso.

El fútbol es también hábitat de contrasentidos y en este caso volvemos a eso de que se sabe lo bien que Argentina genera juego y ataca, pero no recordamos lo decisivamente mal que defiende en aquellos momentos cruciales, en esos que un error significa quedar fuera de carrera. Argentina ha ganado con suficiencia la eliminatoria sudamericana, ha sido el más regular de todos en las 16 jornadas jugadas, pero su talón de Aquiles es la línea de fondo como pudo comprobarse en la última fecha en que Uruguay le hizo tres goles y le ganó el partido. El seleccionador tiene siete meses para conseguir consolidar a un equipo que va casi obligatoriamente, otra vez, como aspirante al título porque en él juega el mejor futbolista de todos los mundos.

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