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Brasil 2014, el más competitivo de toda la historia

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza

08:58 / 29 de diciembre de 2015

Las soberbias asistencias de Radamel Falcao habilitando a Wayne Rooney para que el Manchester United se impusiera al Newcastle (3-1), nos permiten presagiar la definitiva recuperación del goleador colombiano que por una gravísima lesión no pudo estar en la última Copa del Mundo, ausencia que instaló un indisimulable manto de duda acerca de las posibilidades de la selección dirigida por José Pekerman, y que en lugar de ensombrecer las expectativas de los cafetaleros, terminaron rompiéndola a la cabeza de un hasta entonces desconocido James Rodríguez que vestía la camiseta del Mónaco y se hizo goleador del Mundial como para dejar boquiabiertos a quienes pensaban que sin el “Tigre” nada sería igual. Las ironías del fútbol son tan sorprendentes como reveladoras: El goleador de pura cepa concluye 2014 avisándonos que tiene visión para el pase-gol, y el armador-pasador cierra el año demostrando que también puede ser goleador y con seis anotaciones en un mundial nada menos, privilegios que pueden labrarse en realidades como la colombiana que produce continuamente jugadores de una calidad que los sitúa en los más altos estándares del fútbol de élite.

Pero si la ausencia de Falcao y la aparición de James son datos relevantes de lo hecho por la materia prima sudamericana con garantías de éxito para la exportación, no menos importante ha sido la contundente campaña de Luis Suárez que formó la dupla ofensiva más espectacular del año junto a Daniel Sturridge, que anotaron casi cuarenta goles para el Liverpool de Brendan Rodgers, que perdió la Premier inglesa en las últimas fechas, sin que eso hiciera variar la decisión de galardonar al delantero uruguayo como al mejor jugador de la temporada 2013-2014. Para mi gusto, lo hecho por los Reds de la ciudad de Los Beatles fue lo más interesante, entretenido y emocionante que se haya podido ver durante este año que termina en materia de clubes, considerando que los calendarios futbolísticos hay que calibrarlos de una mitad de año hacia la del siguiente, ya que lo sucedido en el Mundial con el charrúa forma parte de otro capítulo de su trayectoria.

Falcao, James, Suárez, fueron gravitantes durante este 2014 y a estas menciones del aporte sudamericano al gran fútbol, hay que agregar y subrayar la tarea contra hegemónica de Marcelo Bielsa que a la cabeza de una banda de muy buenos futbolistas africanos y franceses, ninguno conocido o muy cotizado en la bolsa, armó un Olympique de Marsella que marcha puntero en lo que va de liga francesa, habiendo destronado al estelar PSG de Laurent Blanc que le pisa los talones, pero que como en ningún otro caso es la resultante de la mano del entrenador para enrumbar a un equipo a través de una propuesta de juego sustentada en la solidez colectiva, lo mismo que en materia de motivación pudimos encontrar en el guerrero Atlético de Madrid de Diego Simeone que ganó la liga española y jugó la final de la Champions, recordando la vigencia recurrente de ese dicho tan rioplatense que nos indica que a los guapos hay que verlos en la cancha.

Este 2014 marca también una declinación del Barcelona ahora dirigido por Luis Enrique y una reconceptualización del estilo en el Real Madrid de Carlo Ancelotti que de manera súbita nos ofrece de la noche a la mañana un equipo menos altanero, más asociado y generoso, y muy proclive a ofrecer no solo eficacia de campeón, sino juego de equipo exquisito, y en ese contexto el estilo matizado, menos raudo y más distributivo de James está resultándole más interesante que el vertiginoso en el que funcionaba Ángel Di María que por su manera de desplazarse puede encajar mejor en la liga inglesa, ahora enfundado en la camiseta de los devils de Manchester.

Las consideraciones precedentes marcan un denominador común que se confirma: lo mejor del fútbol sudamericano, sus grandes figuras, lo está capitalizando el mejor fútbol europeo en la lógica de que son los grandes equipos los que van marcando los cambios de tendencia de juego como el Bayern de Munich dirigido por Pep Guardiola que se parece cada vez más al mejor Barça del último tiempo, es decir se parece cada vez más el mismísimo Pep, con la diferencia de que si bien Ribery, Robben, o Müller son grandísimos jugadores (hay que incluir en este registro a Kross, recientemente transferido), éstos jamás podrán disfrazarse de Xabi, Iniesta y Messi que durante un lustro construyeron el más grande trío creativo del que tengamos memoria.

Con estos antecedentes colectivos e individuales, debo concluir que el acontecimiento fundamental del año es el inigualable nivel competitivo que se pudo ver en la fase de grupos de Brasil 2014. Reacio como soy a los rankings en clave Bilboard, no puedo admitir que el Mundial jugado entre junio y julio haya sido el mejor, porque los del 70 y 74 fueron revolucionarios por talento y nuevas pautas tácticas para tener el fútbol que tenemos hoy. Sí puedo decir, en cambio, que de los que tengo nítido registro, éste jugado en canchas brasileñas luego de tanta resistencia social e indignación pública por las leoninas inversiones en infraestructura de estadios e insultantes reglas de juego comerciales, ha sido impresionante por el ardor con el que los “no históricos” les plantaron cara a los favoritos de siempre, y esto, maximizado por las transmisiones cinematográficas que también en Bolivia se pudieron ver como nunca antes y que permitieron superar esa siempre recordada frase de Lorenzo Carri: “Ver fútbol por Tv es como mirar por el ojo de la cerradura”, en la medida en que con base de transmisión televisiva, pero con utilización de planos generales como variante diferenciadora para la pantalla grande, hicieron de esta fiesta una celebración, partido a partido, de que el milagro de fútbol a través de cine había sido posible para los millones de futboleros que siguen los mundiales desde sus ciudades y sus pueblos.

Alemania ganó su cuarta Copa del Mundo luego de construir durante una década un proceso comandado por Joachim Löw, despedazando a Brasil (7-1), con argumentos que lo erigen como a un merecido campeón, pero yo me quedo con la prestancia de Andreas Pirlo que ofreció una lección de cómo se juega sin correr, sin moverse mucho más allá del círculo central, dirigiendo la orquesta reiventada sin catenaccio por Cesare Prandelli (Italia 2-Inglaterra 1); me quedo también con la vocación definidora de partidos de Luis Suárez (Uruguay 2-Inglaterra 1); me quedo con la enmudecedora campaña de Costa Rica y esos partidos que parecen los últimos de la vida protagonizados por Chile contra España (2-0), Irán contra Argentina (0-1), Ghana contra Alemania (2-2) México contra Holanda (1-2), y Argelia contra Alemania (1-2 en alargue).

Fue Holanda el equipo tácticamente más sólido, Argentina el que supo cambiar de guión para llegar a la final, Brasil la constatación de que un perfecto dibujo de pizarrón no debe ser más importante que la identidad libertaria para jugar, España, el final de una década dorada fundamentalmente sustentada en el estilo Barcelona, pero fueron las selecciones “chicas” las que demostraron como nunca antes que se pueden equiparar fuerzas para hacer del fútbol un asunto felizmente imprevisible, y fue Javier Mascherano el que puso la firma del sacrificio y el coraje como parte fundamental del juego, cuando supo interceptar un balón con destino de red disparado a puerta por Arjen Robben en la semifinal. ¿El regalo de mi estadía en Río de Janeiro? La apertura del marcador por James Rodríguez, bajando el balón con el pecho y pegándole a la escuadra derecha de Fernando Muslera para iniciar la ruta del triunfo que enviaba a Colombia a cuartos de final y hacía vibrar al Maracaná.

Sigue la temporada —nos encontramos a mitad de ella— y tienen que ser los ingleses los que continúan con la feliz tradición de celebrar la Navidad y el cambio de año jugando y jugando, mientras el resto del mundo necesita de ese respiro para mirar y rehacer agendas, mientras el resto de las grandes ligas hace un alto en el camino. Al cierre de esta nota de fin de año, me preparo para ver al Arsenal frente al West Ham y de esta manera celebrar el Día de Inocentes.

(*) El autor es periodista.

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