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Campeón de la inteligencia y la solidez: ¡Vive la France!

Mundial de ensueño, final de lujo. Así podría resumirse Rusia 2018. Todo diez puntos. Un epílogo con seis goles, lucha brava y altas emociones.

La Razón (Edición Impresa)

20:55 / 16 de julio de 2018

La lluvia que amenazó toda la tarde finalmente se desata en el festejo. Para darle marco de acontecimiento. Didier Deschamps vuela por el aire una y otra vez, lo arrojan sus jugadores en clara muestra de cariño; de paso, se confirma que cuando el líder es querido, la tropa responde. Llega la premiación y ya es vendaval, pero nadie se mueve, ni Infantino, ni Putin, ni Macron, ni la guapa Kolinda, presidenta de Croacia. Emmanuel Macron es el más efusivo de los 69 millones de franceses que habitan la tierra. Abraza con el alma a Griezmann, Pogba, Mbappé, Matuidi, no larga a Deschamps a quien parece decirle “¡no te vayas, continúa…!”; besa a Lloris, a cada uno de los suplentes… El Presidente representa como nadie a todos los franceses del mundo, a los que la gloria ha bañado con agua en Moscú (literalmente) y con champán en todo el planeta. Está feliz, eufórico, aunque no lesiona a sus pares de Rusia y Croacia que están a su lado en la tarima. Es un festejo genuino, extraordinariamente sentido por sus héroes.

Mundial de ensueño, final de lujo, Francia campeón. Así podría resumirse Rusia 2018, la Copa diez. Todo diez puntos. Mundial inolvidable para el anfitrión, que logró una impecable imagen internacional; epílogo con seis goles, lucha brava y altas emociones como no se daba desde 1966. E inobjetable campeón Francia, por números (6 triunfos y un empate, 14 goles, 8 en contra), por figuras (Griezmann, Kanté, Mbappé, Varane, Pogba, Lloris, Pavard, Umtiti, Hernández…), por solidez defensiva y oportunismo en ataque, por inteligencia y carácter. No hizo un fútbol gourmet como cabe pensar con tantos buenos jugadores, más bien todo lo contrario, fue un equipo pragmático, astuto para explotar sus virtudes, las deficiencias del rival, los momentos de cada partido. Atacó lo justo y fue eficaz, defendió mucho y bien, hizo siempre lo necesario para sacar el resultado, marcó muchos goles de pelota parada (la estrella del torneo). Tuvo un nueve que no remató al arco en los siete partidos (para el Libro de los Records de Guinness) pero que marcó mucho a los zagueros y volantes rivales.  

Hay que saber ser campeón. Francia supo, es su gran mérito. Fue una computadora. En los siete compromisos se tomó unos minutos para estudiar al rival, el juego que proponía, cómo se daba el partido, procesaba la información y actuaba en consecuencia. Se mimetizó en lo que hiciera falta. Muy cerebral. El operador de esa máquina fue Antoine Griezmann, el lúcido titiritero que señalaba la forma de actuar. Y los demás le respondieron siempre. Kanté fue el obrero perfecto.

Ahora se abrirá un período de debate sobre si es un brillante campeón o un perfecto oportunista. Los que piensan lo primero se aferran a los resultados; los otros dirán que atacó poco y contraatacó demasiado. Que le gustaba recostarse atrás y regalar la cancha y la pelota. La final fue una muestra más: 61% de posesión Croacia, 39% Francia. Así fue en casi todos los juegos. La tenencia refleja en buena medida quién busca más el arco rival, marca la generosidad con el juego. Francia casi no erró goles en este Mundial, las que tuvo las concretó. Esto indica que no tuvo tantas, pero que fue muy contundente. También aguantó sin susto cuando lo apretaron. A Uruguay le ganó sin galopar, al trotecito. Aprovechó todo. En el primer tiempo ante Croacia se fue al descanso 2 a 1 arriba sin haber rematado al arco. Uno fue en contra de Mandzukic, otro por penal de Perisic en un centro paralelo al arco. Le cabe el mérito de tener siempre un paraguas a mano por si llovía.

“Los franceses son flojos”, dice un viejísimo concepto del hincha. Aquí lo desmintieron, pasaron la prueba de carácter que significaron Argentina (el único que llegó a estar ganándole y que casi le empata en el último instante), Uruguay, Bélgica y Croacia. Cuando el rival se puso áspero, respondió sin miedo, cuando hubo que jugar, jugó. Y cuando debió administrar una ventaja, lo hizo con viveza. Deschamps entró en la historia, Griezmann es la figura del campeón; Mbappé encontró la consagración internacional; Pogba se revalorizó; Varane es campeón de Champions y del mundo; Umtiti lleva la corona para Barcelona; Pavard fue la revelación. Y atención que, por edad, este equipo podría repetir en Qatar 2022. Incluso si logra cambiar a Giroud por un nueve que esté floreciendo, se fortalecería. Aunque cuatro años y medio son mucho tiempo, Dios dirá…

Final del mundo, revisación a fondo de cada una de las 82.000 personas que ingresa al estadio Luzhnikí. La Copa del Mundo le salió demasiado redonda a Rusia como para estropearla con un incidente o un atentado en el último día. El pacifismo de las 82.000 es de asombro.

Minuto 19, toda Francia está metida atrás, un poco porque Croacia maneja la pelota y otro porque Francia no desea la posesión, se siente cómoda esperando para luego contraatacar. Con esa redituable fórmula llegó a la final y no la abandona. Pero apenas logra un desahogo en la presión croata y se adelanta. Y cinco metros antes del área croata, Brozovic toca apenitas a Griezmann, lo justo como para ceder un tiro libre preocupante. Y del lanzamiento llega el primer gol de la final. Preciosa bola puesta con su zurda de terciopelo por Griezmann, Mandzukic en afán de rechazo apenas logra peinarla y la pelota viaja hacia el ángulo alto. Porque el roce parece reimpulsar el balón y lo torna imposible para el arquero.

Bueno, ya tenemos un gol en la final, pensamos. Pero vendrían cinco más. Hay que remontarse a Inglaterra 4 - Alemania 2 en Wembley 1966 para registrar seis goles. No es una simple estadística, es un logro futbolístico de este Mundial que termina con tambores.

Pero apenas diez minutos después, esta dura Croacia por la que, salvo Francia, hincha todo el mundo, logra la proeza del empate. En una finalísima de estas siempre es meritorio. Jugada de laboratorio y gol de Perisic en su estilo: zurdazo cruzado inatajable. Luego llega el segundo, otro penal bien ejecutado por Griezmann, como ante Australia y Argentina (3 de 3). En seis minutos (entre los 59’ y los 65’), Mbappé y Pogba desnudan la falta de reacción de Subasic en dos remates que no eran imposibles. Ya el cartel decía Francia 4 - Croacia 1, y aunque quedaba media hora exacta, era irremontable por una Croacia voluntariosa y guerrera, pero sin el fútbol que se necesita para una hazaña. Mandzukic decora el resultado por una falla de Lloris que le perdonamos por ser tan notable arquero, capitán y deportista.

Telón. Mandzukic, la mirada perdida en el horizonte, es el reflejo de toda Croacia. La Torre Eiffel se ve invadida por millones como en el ‘44 cuando la Liberación de París, como en el ‘98 cuando Zidane y sus amigos le dieron la primera gloria. Francia es bicampeón mundial. Honores y champán.

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