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Apoteótica ceremonia inaugural de XI Juegos Sudamericanos Cocha 2018

Una banda militar de la guardia presidencial, los Colorados de Bolivia, dio marco a la ceremonia, en momentos en que el país andino amazónico, que seguía la transmisión al vivo de la televisión pública, Bolivia TV, se paralizaba para escuchar las notas del himno patrio.

La Razón Digital / ABI / Cochabamba

21:55 / 26 de mayo de 2018

Con fuegos de artificio, bailes tradicionales, figuras policromáticas en la grada copada por unas 40.000 personas, entre ellas los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de Paraguay, Horacio Cartes, y el titular de la Organización Deportiva del Sur (ODESUR), Camilo Pérez, comenzó el sábado por la noche la ceremonia inaugural de los XI Juegos Sudamericanos, Cocha 2018.

La apoteótica ceremonia comenzó hacia las 19h00 locales (23.00 GMT) en el remozado estadio capitalino Félix Capriles, en cuya arena Bolivia ha vivido sus más grandes gestas, tales como la de 1963, cuando su selección de fútbol se ciñó la corona de campeón sudamericano o cuando su más eximio violinista boliviano, Jaime Laredo, llegó un año después a estrenar el premio mundial que ganó a instancias de la Reina de Bélgica.

Una banda militar de la guardia presidencial, los Colorados de Bolivia, dio marco a la ceremonia, en momentos en que el país andino amazónico, que seguía la transmisión al vivo de la televisión pública, Bolivia TV, se paralizaba para escuchar las notas del himno patrio.

La fiesta olímpica del deporte sudamericano se desató en forma con la entrada a la pista de tartán azul de los 4.013 atletas de los 14 países en competencia filial.

El desfile que pareció enloquecer a los expectadores bolivianos en la grada comenzó con el ingreso de Argentina, la múltiple campeona de esta saga olímpica regional que describió su primer capítulo en 1978, en La Paz, Bolivia.

Señalada por un marco luminoso de características galácticas que se divisaba, por drones, desde un cielo límpido y estrellado, la ceremonia vio ingresar luego a la de Aruba.

Al ritmo de sones tradicionales de cada país, hizo su paso, a continuación, la frondosa delegación de Brasil, el campeón reinante de esta gesta en los Juegos de Chile 2014.

A vuelta de página se escuchó el Sombrero Vueltiao, para marcar el ingreso de la delegación de Colombia, que se hizo de la victoria en 2010 en los Juegos de Medellín.

Chile se puso en fila e ingresó al tartán del estadio Capriles. Algunos de sus deportistas lucían en alto los pendones chileno y boliviano.

La televisión captó a un dirigente chileno emocionado hasta las lágrimas en medio de la algarabía desbordante de los atletas trasandinos.

Detrás de Chile apareció la delegación de Ecuador seguida de Guyana y Panamá.

Tras los panameños se pusieron en escena los paraguayos, que al pasar por el Palco saludaron a su conmovido líder Horacio Cartes.

Cartes recibirá la posta de los Juegos Sudamericanos de 2022 que se celebrarán en Asunción ese año.

Tras Paraguay, los 40.000 bolivianos prorrumpieron en aplausos para dar la bienvenida a la delegación de Perú.

Marcharon luego las delegaciones de Surinam, Uruguay y Venezuela.

Como corolario apareció, por último, para desatar la apoteosis, la delegación anfitriona de Bolivia, la más numerosa, en cabeza de la estrella de su natación Karen Tórrez.

La fiesta se extendió para escuchar a la cantante Cornelia Veramendi, que interpretó una canción en quechua.

A la artista oriunda del andino Norte de Potosí siguió el baile del Pujllay, propio de la zona de Yamparaez, en el subandino departamento de Chuquisaca, que desencadenó en la grada, el escenario y la pastilla blanca en que tornó la grama verde del rectángulo de fútbol del estadio Capriles, la locura misma.

Los atletas brasileños acostumbrados a la candencia sensual de la samba carioca bailaban en sus asientos al ritmo de este son vernacular.

En muestra reluciente de la diversidad cultural de Bolivia emplazada en 7 zonas fisiográficas diversas, en las que habitan 37 naciones originarias, dos preciosas mozas de la cultura Moxos cantaron en lengua moxeña el Ichapekene Piesta.

Propio de la cultura moxeña, saltaron al escenario danzantes, que lucían plumajes propios de la fauna amazónica, del oriente boliviano, para una gala de reverencia de ancestro politeísta.

El coro y la orquesta de San Ignacio de Moxos, a cuyos pobladores indígenas adiestraron los curas jesuitas los siglos XVII y XVIII en la ejecución de música barroca, dieron marco a esa danza invocadora.

Bajo los reflectores se pusieron luego los Morenos que al conjuro del grupo folclórico Llajtaymanta, de la altiplánica Oruro, danzaron para hacer una mofa de la explotación de indígenas y negros en los parajes andinos de la minería colonial argentífera, antes de 1825, cuando se fundó Bolivia.

Para entonces, habían transcurrido dos horas de ceremonia. (28/05/2018)

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