Marcas

Cucho Vargas: Hasta el fin

La Razón / La Paz

03:35 / 26 de abril de 2013

Aquella mañana de un septiembre, más otoñal que primaveral de 2012, me sorprendió por su llamado telefónico tempranero. Convinimos en vernos en el Café Alexander de inmediato.  Tras encender el primer cigarrillo, mirándome fíjamente, me dijo: Aparte de Tere —su esposa— quiero que sepas el resultado de la endoscopía que me hicieron anoche. ¡Es cáncer en el páncreas!

Quedé helado. Y prosiguió: Tú sabes que es el tipo de cáncer que no se opera ni puede recibir quimio ni radioterapia. Dejé que siga hablando: No lo divulgues. No quiero que se enteren porque lloverán los lamentos no siempre sinceros. A lo sumo le comunicaré a Miguel —por Miguel Velarde que vive en Caracas— pero quisiera que esto se quede así.

Ahí me di cuenta de su valentía, de su invariable posición ajena al ruido… Y pasamos a otros temas, como siempre, inacabables, cargados de elogios no exagerados ni de censura con agresiones.

Aquellos 60 o 70 minutos del encuentro no los olvidaré. Nos despedimos como siempre, con afecto sincero. Me fui al baño y lloré un par de minutos, pero me recompuse y procedí a esperar, con otro café, la llegada de los amigos con los que nos reunimos cotidianamente. Durante los últimos meses lo visitaba para rememorar hechos que aparecieron en el libro de los 50 Años de la Epopeya.

Interiormente deseaba verlo llegar al Café sin que me pareciera algo imposible. Y ocurrió. Se repitió con alguna frecuencia. Casi nunca tocamos el tema de su enfermedad, aparte de saber el tipo de alimentación que recibía a través de una sonda tres veces al día. Prefería hablar de todo, desde el fútbol pasando por  la Fórmula 1, hasta escritores latinoamericanos o europeos. No volvimos a conversar de tango, como lo hacíamos, intercambiando material poco difundido.

El lunes 15 de abril volvió al Café. Estaba con mis hijos Mike y Sissy, y mi nieto Mikito. No quiso tomar nada, pero encendió un cigarrillo. Iba a ser la última vez que lo vi. Lo demás queda en el recuerdo de su valentía, de su dignidad, de rechazo al ruido. Casi en silencio. Su Ají de lunes del día 22 de abril, en La Razón, debió ser lo último que escribió. Pero su fuerza no le respondió para escribir lo ocurrido en el premio de Fórmula 1 en el Circuito de Bahrein del 21 de abril. Me extrañó no verlo en la edición de Marcas del 22. En ese momento mi preocupación, a través de sobrecogerme como presintiendo lo peor, aumentó hasta llegar a este 25 de abril con la partida de un hombre que me dio, en vida, la más hermosa lección de valentía y dignidad. ¡Hasta el fin!

Cucho Vargas es periodista.

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