Marcas

Delirios conspirativos

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza

05:50 / 27 de febrero de 2015

Nunca faltan los anecdóticos que imaginan cosas que nada tienen que ver con la realidad como acaba de suceder con la prueba de doping que ha dado resultado positivo en el caso de Rodrigo Ramallo de The Strongest, luego del partido jugado contra el mexicano Morelia. El jugador atigrado puede jugar en tanto no haya surgido una sanción oficial en su contra, ya que al haber autorizado la apertura del frasco B que servirá para ratificar o rectificar el primer análisis, el proceso de laboratorio está en curso y habrá que esperar el informe final previsto para la primera semana de marzo.

En la pasada versión de la Copa Libertadores de América, alguna dirigencia extraviada, incómoda con el rol decorativo que le toca jugar en el presente, la emprendió contra la Conmebol y sus personeros cuando se decidió rectificar una sanción contra el futbolista Leandro Romagnoli, que según constatación de registro audiovisual, no había cometido la infracción que se le endilgaba en partido jugado contra el Cruzeiro, por lo que el armador del equipo de Boedo quedaba habilitado para enfrentar a Bolívar en la instancia semifinal del torneo. Se dijo entonces que no se había hecho lo suficiente para “defender” a la Academia boliviana, otorgándosele ventaja al club argentino con la decisión, cuando la realidad era incontrastable e inapelable: Romagnoli quedaba absuelto por el correspondiente —e independiente— tribunal disciplinario, de una culpa  inexistente y se hubiera incurrido en una arbitrariedad inadmisible si no se corregía la inicial y errónea sanción.

Con el establecimiento del resultado positivo de la prueba contra el doping del delantero atigrado Rodrigo Ramallo, luego del partido jugado contra el Morelia de México, han vuelto a saltar al ruedo otro puñado de delirantes que tejieron fantasías como la siguiente: Una mano negra en la Conmebol decidió justo el día en que The Strongest enfrentaba en Manta al Emelec, “filtrar” la información a una organización deportiva televisiva para impactar de tal manera en la estabilidad del barco atigrado, que esto pudiera significar una “ayuda extra” al dueño de casa Emelec. De esta manera, los tigres bolivianos quedarían tan desencajados y perderían la órbita para encarar de la mejor manera al que a estas alturas se puede decir que es el mejor equipo del grupo del que también forman parte la U de Chile y el Internacional de Porto Alegre.

Veinticuatro horas después —demasiado tarde desde el punto de vista del sentido de oportunidad informativo— el club de Achumani informaba a través de su presidente, César Salinas, que la Conmebol le hizo saber que Rodrigo Ramallo, al haber dado su consentimiento para que se abriera el frasco B de su prueba y al no existir todavía sanción o absolución, se encontraba plenamente habilitado para jugar contra el campeón ecuatoriano y que la determinación de no haberlo incluido ni siquiera en el banco de suplentes, correspondió exclusivamente a su entrenador Néstor Craviotto en el marco de las decisiones deportivas que el responsable de un equipo toma o deja de tomar para encarar un partido de estas características. Es más, como los resultados del segundo análisis todavía no están listos y se demorará hasta la siguiente semana para conocer una decisión final sobre el caso, Ramallo no tiene impedimento alguno para jugar el clásico programado para este domingo en el marco del torneo Clausura de la liga boliviana.

En consecuencia, The Strongest, de acuerdo con el reglamento de la Copa Libertadores, estaba debidamente informado sobre la habilitación de Ramallo, por lo que elucubraciones de los más absurdos voltajes no caben en un contexto donde la reserva o la confidencialidad no tiene sentido alguno, ya que si hay una prueba contra el dopaje que da resultado positivo, lo lógico es que los responsables de la administración de tan delicado ítem en el deporte, proporcionen la información que inevitablemente adquirirá, casi de inmediato, carácter público.

Este nuevo hecho pone otra vez en evidencia la precariedad de los mecanismos institucionales de los llamados clubes profesionales de Bolivia, que no cuentan con políticas ágiles e inequívocas para el tratamiento de casos excepcionales como este, e incluso para otros de trámite rutinario como el de los envíos de notas de conformidad según lo exige el reglamento, con todas y cada una de las cláusulas, en este caso, de la Copa Libertadores de América: Los tres clubes bolivianos que participan en la actual versión —Universitario de Sucre, San José y The Strongest— tenían plazo hasta el miércoles 21 de enero para hacer llegar a la Conmebol dichas notas, pero no lo hicieron, y tuvo que ser una gestión excepcional la que les permitiera prorrogar el plazo por cuarenta y ocho horas para alcanzar a cumplir con el requisito. Efectivamente, los clubes bolivianos enviaron las respectivas notas recién el viernes 23 de enero, cuando el resto de los clubes participantes lo había hecho en los plazos estipulados y de no mediar dicha “gestión extraordinaria” pudieron haber quedado sin participar de la Copa a raíz de su informalidad o cuando menos, falta de sentido de previsión.

Los hinchas infiltrados en espacios de direccionamiento informativo y de opinión suelen hacerle daño al fútbol en tanto confunden sus más íntimos deseos personales con las condiciones objetivas vinculadas al hecho deportivo en sí. En este caso, lo que se insinuó fue mezclar el desempeño futbolístico de los atigrados con el impacto que habría significado la noticia del doping de Ramallo, lo que obligaba a Craviotto a variar la alineación, forzando a Pablo Escobar como delantero de área e incluyendo a Nelvin Soliz como volante ofensivo, con la misión de generar juego en esa línea. Traducción: The Strongest no jugó bien y perdió porque a última hora le variaron el dibujo a partir de la imprevista situación de su hombre de punta.

Separado el remezón que produjo el asunto de Ramallo y visto el partido en el que Emelec le ganó incuestionablemente a The Strongest, seamos sinceros y sobre todo honestos con nosotros mismos, reconociendo que el equipo ecuatoriano fue claramente superior en la propuesta de juego que le permitió el 3-0, que los aurinegros, con o sin Ramallo, habrían jugado más o menos igual, si se tiene en cuenta que su principal déficit estuvo en las insuficientes tareas de contención, especialmente en la zona izquierda por donde llegó el aluvión azul durante la primera etapa, apertura del marcador con infracción previa incluida y un segundo gol producto de una tardía llegada para interceptar el balón por parte de Castro.

Emelec fue sólido desde su línea de fondo, rápido y sorpresivo para atacar, y The Strongest no supo definir las dos nítidas oportunidades que generó en la segunda etapa, por lo menos para acortar la diferencia en el marcador. Emelec ganó por su mayor calidad futbolística, y de ninguna manera porque se hubiera producido un trauma colectivo en el vestuario visitante, consecuencia de la contrariedad generada por la inesperada noticia de un doping que da positivo, y que muy probablemente cuenta con el rotundo atenuante de una ingesta accidental, producto de consumo de carne vacuna en la que se encuentra la sustancia llamada clembuterol y que ya en varias oportunidades la FIFA ha reconocido que su consumo involuntario no puede ser causal de suspensión para ningún jugador profesional.

Julio Peñaloza Bretel es periodista. Responsable de Historia y Estadística de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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