Marcas

Dueños del juego

Los futbolistas son los que hacen el juego y, como dijo Messi, hay que trabajar duro

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:16 / 16 de agosto de 2013

Las grandes diferencias señaladas por los antecedentes pueden quedar minimizadas por la forma en que cada partido va construyendo su propia narrativa. Es en este marco que puede comprenderse cómo Paraguay ganaba y terminó empatado con muchísima dificultad, por su anfitrión, Alemania, que al final logró sellar el  marcador con un 3-3 frente al colero de la eliminatoria sudamericana. La única verdad de perogrullo de este juego es que el fútbol es nada más que de los futbolistas.

En un negocio en el que da muy buena prensa y réditos publicitarios cazar culpables y fabricar chivos expiatorios, volvamos a las fuentes de la simplicidad: el fútbol lo hacen o deshacen los futbolistas,  porque el resto, incluídos los entrenadores, miramos los partidos de afuera, con distancias claramente diferenciadas desde aquellos que trabajan en la preparación de los equipos en sus distintos aspectos hasta quienes acuden a los estadios en busca de catarsis para combatir por un par de horas estos tiempos de estrés galopante, pasando, obviamente, por esos millones de espectadores a distancia que a través de la televisión o del internet, conforman las  mayorías que constituyen el cosmos futbolero.

Digo esto a propósito de algunas actuaciones y resultados en la última fecha FIFA jugada hace cuarenta y ocho horas con la sorprendente actuación del colero de la eliminatoria sudamericana, Paraguay, que pudo haberle ganado a una aparentemente imbatible Alemania que finalmente logró emparejar el marcador (3-3). O con la inesperada derrota brasileña (0-1) frente a Suiza gracias a un soberbio cabezazo en propia puerta de Danny Alves, uno de los mejores laterales de la actualidad.

Si nos circunscribieramos a las estadísticas, si se jugara bien y ganara nada más que con los antecedentes históricos e inmediatos, Alemania estaba para propinarle una inmisericorde paliza a los guaraníes, luego de las deslumbrantes actuaciones de sus principales equipos en la última Champions League, peor si los rojiblancos jugaban de visita y volvían a fojas cero con el debut de su tercer técnico, Víctor Genes, en lo que va de la eliminatoria que conduce a 2014. El mismo razonamiento tendría que aplicarse con los verde amarillos que llegaban a Basilea con el cartón lleno de la obtención de la Copa Confederaciones, incluído el concluyente 3-0 de la final contra España. Pues nada, perdieron con Neymar en la alineación y con autogol ante un rival de tercera fila.

Vale apuntar como parte del análisis que los partidos preparatorios o amistosos no se juegan con la misma fruición que aquellos inscritos en las competencias oficiales y por lo tanto los grados de autoexigencia no necesariamente serán los mismos, pero también es bueno considerar que es con estos partidos que los seleccionadores ponen a prueba sus cualidades, ensayando opciones, recambios o debuts, como sucedió con Bolivia frente a Venezuela (2-2) en San Cristóbal, que tuvo a cuatro jóvenes vistiendo por primera vez la Verde y son los nuevos valores que tienen la posibilidad de mostrar sus cualidades con muy buenos niveles de motivación, sobre todo si aspiran a las titularidades de las grandes y decisivas confrontaciones.

Con todo esto quiero ratificar que queda nuevamente comprobado que el fútbol es de los futbolistas, que la verdad del juego —más allá de estructuras institucionales buenas, regulares o malas— sólo es verificable en la cancha con once contra once durante noventa minutos y fracción midiendo sus capacidades, esfuerzos, vocaciones, espíritu de lucha y sed de victoria, y que generalmente terminan ganando los que mejor han hecho los deberes, es decir, los que mejor formados llegan y más trabajo le han agregado a sus condiciones naturales para desenvolverse en un campo, pero que justamente por su grado de imprevisibilidad se termina cumpliendo a carta cabal la definición del periodista Dante Panzeri en sentido de que el fútbol es la dinámica de lo impensado y por ello apasiona a veces de manera inexplicable.

Un sondeo de opinión publicado en un diario cruceño informaba que un 76% de los preguntados consideraba que Bolivia perdería con Venezuela, un 14% pensaba que empataba, y solamente un 10% creía en un triunfo, lo que confirma eso de que cada partido es una historia en sí misma, pues nuestra selección estuvo a ocho minutos del triunfo cuando los dueños de casa sellaron el empate definitivo, y todo esto con el antecedente de un solo día de entrenamiento y sin la presencia de referentes fundamentales en el equipo como Marcelo Martins y Alejandro Chumacero.

¿Cómo acaban de certificarse las diferencias entonces? Para obtener una respuesta lo más cercana a la realidad hay que comparar en términos generales lo que están haciendo europeos y sudamericanos. En el capítulo selecciones nacionales las diferencias no son tan notorias porque los más importantes valores, los que inciden de manera decisiva en nuestras escuadras nacionales, militan en equipos europeos y de otras latitudes y por lo tanto las características de su entrenamiento y ritmo de juego a lo largo de cada temporada les ayudan a estar en mejor forma, mientras que en materia de clubes las distancias se van agrandando y esto puede comprobarse muy sencillamente  en la comparación de las calidades de partidos de los principales torneos continentales: un partido promedio de Libertadores resulta una convocatoria al bostezo frente a uno de la Champions League en el que es común denominador la intensidad sostenida de despliegue de sus protagonistas.Héroes y villanos. Culpables o inocentes. Ganadores y perdedores.  Son los futbolistas los que hacen el fútbol y en el de este siglo XXI como dijera con toda precisión Lionel Messi hace una semana, los objetivos se consiguen trabajando duro, muy duro y ojo que esto lo afirma un iluminado, el considerado mejor jugador del momento que afirma cada que la oportunidad es propicia, que en su carrera todo lo que ha logrado hasta ahora ha sido con muchísimo sacrificio, y que la mejor inspiración no sirve de nada si se le huye a la mayor transpiración.Jugar sin entrenar bien por más aptitudes que se posea, tratar de competir sin haberse pulido las condiciones técnicas y físicas, equivale hoy a entrar a la cancha con muchísima desventaja.

Pues bien, valga como ejemplo otra vez que independientemente del tipo de juego que Paraguay practique, no hay dudas de su identidad basada en la combatividad que es con la que logró atenuar las diferencias visitando a Alemania, anotándole tres goles a la selección que procede de la organización institucional más perfecta del planeta. De eso se trata, de once contra once. Los demás estamos afuera.

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