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Son errores y horrores

Bolívar y The Strongest están en plena lucha por un título y los errores que se dan en esos partidos se notan más. Cuando Sport Boys fue campeón hace dos certámenes, también hubo fallas que le favorecieron. Y seguramente pasó lo mismo con Wilstermann. Es decir, son casi normales.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

07:09 / 12 de diciembre de 2016

Los jugadores se “comen” goles en cada partido: uno, dos, tres, los que sean. Lo hacen estando solos frente a los arqueros o incluso con arco sin custodia; hasta penales fallan. Y quién les dice algo si, por ello, a sus equipos les ha ido mal.

Cuando eso ocurre, que es muy frecuente, nadie los llama a los futbolistas “ladrones” ni pide que se los investigue porque quizás detrás de esos fallos en la cancha hay cosas oscuras.

En cambio, cuando son los árbitros los que se equivocan les dicen de todo. Jugadores, técnicos, dirigentes, hinchas, los tratan de lo peor. Lo primero que hacen es poner en tela de juicio su honestidad. Y, encima, no les dejan lugar para su honorabilidad, pues ¡cómo la mellan!

Que en los más recientes partidos los errores de los hombres encargados de impartir justicia hayan sido determinantes en los resultados, de eso no cabe ninguna duda. Tampoco hace falta demasiado para llegar a la conclusión de que el nivel del arbitraje en el país es pobre y deficiente.

Sin embargo, no hay ninguna razón para poner en duda la honradez de los árbitros. O, si hay pruebas, quien las tenga que las ponga en el tapete de una buena vez.

Bolívar y The Strongest están en plena lucha por un título y los errores que se dan en esos partidos se notan más. Cuando Sport Boys fue campeón hace dos certámenes, también hubo fallas que le favorecieron. Y seguramente pasó lo mismo con Wilstermann. Es decir, son casi normales.

Pero son errores, como lo son los que cometen los jugadores al rechazar mal una pelota y les cuesta un gol en contra. O como cuando un entrenador hace un cambio totalmente equivocado. O, ni qué decir, con las gruesas equivocaciones que cometen los dirigentes eligiendo y cambiando técnicos, o tomando decisiones que atañen al futuro de la disciplina como tal.

La elocuente reacción de los actores del fútbol contra los árbitros, aparte de ser magnificada, está muy fuera de lugar. Son comentarios destemplados, muy propios del fanatismo, lejos de un nivel que, en cambio, debería tender a buscar soluciones, a dar condiciones y no solo a exigir rendimientos que jamás serán perfectos.

No debería costar mucho entender que los errores o los horrores de los árbitros son solamente eso, y que conviven en el fútbol mundial, sea en Bolivia o en la China.

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