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¿La FIFA es un Gran Hermano?

La entidad se preocupa por contar con las garantías necesarias para hacer del mundial un negocio redondo.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Peñaloza Bretel

00:00 / 21 de julio de 2014

Brasil 2014 tiene dos partes, la primera mejor que la segunda, porque fue en la inicial fase de grupos en la que se vieron los mejores partidos, destacaron figuras a las que no se tenía en agenda, decepcionaron otras que llegaban con paso de parada de los torneos internacionales europeos, y también, aunque la tecnología permitió un salto significativo para determinar balones dudosos de ingreso en porterías, los árbitros demostraron cuánto juega el error de apreciación, y a veces  la tendencia a un protagonismo que no corresponde.

El panorama de los yerros arbitrales volvió a encender los motores de quienes manejan teorías de la conspiración para todos los gustos: La FIFA como el mayor Gran Hermano del planeta, tiene una sala de controles con miles de pantallas desde la que se digita absolutamente todo porque sus intereses así lo sugieren, cuando en realidad a la gran corporación lo único que le interesa de verdad es contar con las garantías necesarias para hacer del mundial un negocio redondo sustentado en una ideología liberal y mercantil en el que las audiencias son consumidoras en primer lugar, desde los asistentes a los estadios hasta los espectadores de Tv situados en los más recónditos lugares del globo.

Que las distintas instancias de la organización matriz del fútbol mundial se equivoquen, tiene más que ver con su autosuficiencia y erróneos criterios para tomar decisiones aunque el respetado y querido presidente de la República Oriental del Uruguay, José Mujica, les diga “manga de viejos hijos de puta” a propósito de la crucifixión a Luis Suárez, a quien trataron en plan eurocéntrico y discriminador, aprovechándose de la ansiedad reincidente del gran delantero uruguayo.

Si esos teóricos de la conspiración tuvieran razón, Brasil debía llegar a la final a como dé lugar y es que en el fútbol hay un poder supremo que ni las más oscuras intenciones pueden malograr: La calidad del juego y la contundencia en la definición, aspectos que ni todos los árbitros intentando ayudar al supuesto señalado para el favoritismo, jamás podrían combatir con calculado éxito, como la excelencia futbolística y efectividad goleadora de Alemania.

Tan  claro es el hecho de que ese “Big brother” no existe, que ni los peor intencionados pueden contra el poder del juego, que Costa Rica, a pesar de presiones absurdas e inadmisibles como la de tener que conducir a siete de sus jugadores a una prueba antidoping, terminó su participación invicta, solamente interrumpida por la definición de penales en la que los holandeses se impusieron. No hay manera, pues, de querer torcer con el silbato lo que una rotunda propuesta futbolística impone.

Donde la FIFA falla es en la indisimulable codicia de quienes trabajan asociadamente con ella, de los personeros que forman parte de servicios externos como el de la comercialización de entradas que generaron un escándalo policiaco al descubrirse una red clandestina de reventa de tickets destinados a la cortesía y no al negocio, y donde todavía debe buscar nuevos sistemas de control que eviten pringarla por conductas personales inescrupulosas es en la distribución de boletos a las asociaciones nacionales que participan en la Copa.

La FIFA se ha ganado la fama que tiene por la forma en que entran al ruedo todos los elementos vinculados al negocio futbolístico: Otorgación de derechos televisivos a las redes de cada país, política de comercialización de entradas a los estadios, manejo de la esponsorización de las megamarcas que la respaldan, designación de sedes para cada Copa del Mundo como Qatar 2022 que ha levantado una gran polvareda por la forma en la que habría sido elegida. En lo estrictamente deportivo, por supuesto que a la corporación le interesará que los equipos que cotizan mejor en el mercado mundial puedan llegar lo más lejos posible, pero de ahí a concluir que todo está deportivamente digitado por un oscuro dictador despersonalizado, resulta un exceso que puede desmentirse también con la temprana eliminación de España que llegaba como campeona y nuevamente candidata y fue aplastada, vuelvo al mismo ejemplo, por la calidad del juego y la contundencia en la definición de adversarios como Holanda y Chile.

En descargo de la organización presidida por el enigmático Sepp Blatter habrá que recordar cuánto ha hecho, por ejemplo, en materia de combate al racismo con disposiciones muy severas para los clubes que en sus filas cuenten con futbolistas propensos a actos discriminatorios, o con hinchadas que concurren a los estadios y la emprenden apenas advierten contrariadas sus expectativas, contra aquellos jugadores de origen afro en los escenarios europeos. Esto no significa, por supuesto, que no debamos elevar nuestras enérgicas voces de protesta contra una justicia selectiva en la que se castiga de formas diferenciadas por actos de características parecidas en el desarrollo de los partidos.

En el resultado de los objetivos, la FIFA ha ganado en este Brasil 2014, generando las condiciones para un torneo en el que abundaron la capacidad competitiva y la consistencia en el trabajo de las 32 participantes, mientras que la organización local ha terminado derrotada porque un buen mundial era tal si el anfitrión llegaba a levantar su sexta copa, cosa que no ha sucedido porque se ha demostrado nuevamente que el fútbol que termina ganando es aquél en el que aparece la simbiosis entre equipo sólido y figuras talentosas como lo han demostrado Alemania, Holanda, Colombia, Costa Rica y Chile, para poner los ejemplos de selecciones que han despertado los mayores elogios durante el torneo.

En un fútbol cada vez más rápido, donde las acciones que se producen en los campos pueden inducir a mayor cantidad de errores que incidan en los resultados finales, habrá que tomar especial cuidado en la evaluación y en la actualización-capacitación de los árbitros que de no haberse equivocado en varios partidos fundamentales, estaríamos hablando de una casi perfecta Copa del Mundo en todas las asignaturas propias del juego.

(*) Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).N.de E. Nuestro columnista Julio Peñaloza Bretel, luego de escribir a diario durante Brasil 2014, hace un paréntesis hasta el mes de septiembre, en el que retornará con su cobertura sobre fútbol internacional.

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