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Falla el hombre, el VAR es perfecto

Los que habían pronosticado el fin del fútbol a causa del VAR ya están jugados y tienen que seguir insistiendo, no les queda otra, pero la realidad muestra que es una de las tres o cuatro modificaciones más notables del fútbol en sus 150 años de historia.

Cristiano Ronaldo golpeó casualmente a un rival en el calcio italiano, acción detectada solo mediante el VAR.

Cristiano Ronaldo golpeó casualmente a un rival en el calcio italiano, acción detectada solo mediante el VAR. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:05 / 27 de agosto de 2018

Con el VAR, el Bayern tendría dos Champions más y el Madrid dos menos”, dice Arturo Vidal desde la portada de Mundo Deportivo del viernes. Suena fuerte, pero no descabellado. Hubo varias polémicas en los enfrentamientos entre ambos equipos y todas se saldaron en favor del Madrid. Primero en los cuartos de final de la 2016-2017 y luego en la semifinal 2017-2018. En una entrevista con La Nación, antes del Mundial, el presidente de la UEFA, Aleksandr Ceferin, se ufanó: “En la UEFA no tenemos VAR”, dijo en tono casi burlón. Le faltó agregar el “ja, ja…”. Después de Rusia, visto el suceso de la tecnología aplicada al arbitraje, cambió el tono: “Vamos a estudiarlo, pero en todo caso será para 2019-2020”. Esta semana, The Times, de Londres, anunció que la confederación europea planea implementar el sistema en esta misma Champions, aunque sea desde cuartos de final. Es cierto que, debido a que en Champions se juega con seis jueces en cancha, si se le agregan los tres del VAR en la cabina subirán a nueve, y dada la cantidad de partidos que hay entre Champions y Europa League, todos en ciudades distintas, se necesitará armar un ejército de profesionales. Y hay que prepararlos, formarlos.

Los que habían pronosticado el fin del fútbol a causa del VAR ya están jugados y tienen que seguir insistiendo, no les queda otra, pero la realidad muestra que es una de las tres o cuatro modificaciones más notables del fútbol en sus 150 años de historia. Y recién está empezando. En un futuro cercano, cuando se unifiquen criterios y se aceite el funcionamiento, será maravilloso.

El viernes vimos Bayern Munich 3 - Hoffenheim 1, resultado flagrantemente mentiroso. El VAR sirvió para anular un gol con la mano de Thomas Müller y otro de Robben tras un penal rebotado por el arquero del Hoffenheim en el cual el holandés invadió el área antes de que Lewandowski ejecutara el penal y con ello sacó ventaja posicional y convirtió. Nadie murió por la aplicación, el fútbol no perdió ni un gramo de esencia ni de folklore, se hizo justicia. Detalle interesante: Müller y Robben ni chistaron por las decisiones del VAR, eran conscientes de haber tomado ventaja indebida. El jugador, si lo dejan, es ventajero.

Lastimosamente, el VAR no fue aplicado en la sanción del penal, que no existió. Iban 1 a 1, Ribery se tiró de manera aparatosa sobre el zaguero Nordtveit, que ni siquiera lo rozó, y el juez Bastian Dankert cobró falta dentro del área. Ni cerca estuvo de serlo. Imperdonable que el asistente de video no le hiciera ver la jugada o que él mismo Dankert no pidiera verla. Porque ese penal decidió el partido. Entonces escuchamos el clásico “No funcionó el VAR”. El VAR, las dos veces que lo aplicaron, funcionó perfecto, evitó dos mamarrachos. No se registran decisiones erróneas tras la utilización de la tecnología. El problema es justamente cuando no se la usa. Y ese fue el pecado de Dankert y su equipo de colaboradores. De haberse recurrido al monitor en esa acción, hubiese habido un arbitraje excelente. Siempre que el juez deba interpretar o decidir, puede equivocarse, la imagen no. El VAR es brillante como sistema y como idea, lo que sigue fallando, a veces (muy pocas), es su implementación, o sea lo que está a cargo del hombre.

  • Incidencia del Bayern Munich y Hoffenheim, donde mediante el VAR se anularon correctamente dos goles. Foto: EFE

El día del debut de Cristiano Ronaldo en Juventus, el réferi sancionó un gol de Mandzukic sin advertir un tremendo golpe (totalmente casual, sea dicho) de Cristiano al arquero Sorrentino. Pocos lo habían visto, pero los jugadores del Chievo reclamaban airadamente. Consultado el VAR, se constató que el portugués, en su rauda entrada, le dio un rodillazo en el rostro al portero, que debió ser retirado en ambulancia: sufrió fractura de nariz y varios traumatismos. Sin el video, era gol, aún con Sorrentino en el hospital. Corregir esas fallas graves consume apenas 45 segundos o un minuto. En el partido Independiente-Santos por la Libertadores, el martes, el arquero santista Vanderlei quemó 8 minutos él solito tirándose tres veces al piso y acusando lesiones inexistentes. ¿Qué es un minuto de VAR comparado con eso…? ¿Qué es con los dos y a veces tres minutos que demora un juez en hacer ejecutar un tiro libre por forcejear o discutir con la barrera…? Para estos casos, la idea de Marco Van Basten puede ser también revolucionaria: un jugador es víctima de falta, se levanta, apoya el balón en el piso, hace un toque y puede seguir él mismo con la jugada, o pasarla a un compañero sin perder ni diez segundos. Esto daría más velocidad al juego, generaría más goles y evitaría las interminables ceremonias de la colocación de las barreras, su adelantamiento, las discusiones, etc. Y cada partido ganaría alrededor de 8 minutos y medio de tiempo neto, está analizado. Claro que, previamente, deberíamos escuchar hasta el cansancio que eso “desnaturaliza el juego”.

El sábado a la mañana, un gol con la mano de Willy Boly le permitió al Wolverhampton empatarle al Manchester City (1-1). No hay VAR en la Premier League. Los hinchas del City que reniegan del VAR (debe haber) ¿estarán contentos...? En cambio, por la tarde, el VAR salvó la victoria del Barcelona. El Valladolid le había marcado un gol en el minuto 92 que le daba el empate, y el árbitro lo daba por válido, pero el VAR demostró que el autor estaba claramente en fuera de juego. Y se anuló. Muy bien.

Todas las innovaciones que se han introducido a lo largo de décadas fueron primero criticadas, bombardeadas, incluso ironizadas (en general, el hincha de fútbol adora la Edad de Piedra), luego se impusieron porque se comprobó su utilidad, funcionaron y mejoraron la actividad. Al poco tiempo nadie habla más del tema. Pasó con todo. Pero nunca se volvió atrás.

Durante décadas nos han vendido el relato de que la injusticia es maravillosa y el error uno de los rostros más bellos del fútbol; que su esencia es la polémica y la popularidad proviene de dos sujetos discutiendo a gritos. Falso. El debate genera repercusión, aunque no es imprescindible la injusticia. El problema es que siempre ganan los mismos con la falla “humana”. Si nos aseguraran que en el partido de vuelta el árbitro le va a dar un gol con la mano al Hoffenheim y con ese gol le va a ganar al Bayern Munich, diríamos que la injusticia es para todos igual. Tal vez hasta diríamos que el VAR no hace falta. De momento, es muy sano tenerlo.

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