Marcas

Flores de octubre

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

00:00 / 26 de octubre de 2015

Son flores de la misma estación. El viernes, 23 de octubre, Pelé cumplió 75 años. El viernes 30, Maradona arribará a los 55. Octubre ha sido pródigo al fútbol; además de los dos genios, dio a Enrique Omar Sívori (nació un 2 de este mes). Enrique fue un mito de la Juventus y el segundo Balón de Oro sudamericano. Zurda de oro, como la de Diego y la de Messi. Zlatan Ibrahimovic es del 3 de octubre, Bobby Charlton del 11, Lev Yashin del 22, Wayne Rooney del 24, Elías Figueroa del 25, el inmortal Garrincha era del 28 y Marco Van Basten del 31. Solo por nombrar próceres. Si se hiciera una selección de cada mes, octubre sería invencible.

Cada vez que la charla, un aniversario o una estadística los asocia surge, eterna y espontánea, la comparación: ¿Pelé o Maradona? That is the question. Nunca tan odiosa, por cierto, al tratarse de dos genios de idéntica estatura futbolera. Desde hace unos años, Lionel Messi se agregó a la discusión. Aquellos fueron campeones del mundo, pero no tienen la campaña europea de Leo, ni sus cuatro balones de oro, y además jugaban en un fútbol menos veloz, con más espacios y menos presión de marca, aunque nadie debió soportar nunca las marcaciones feroces de que fue objeto Maradona.

¡Odiosa y bella propuesta! Tan altos son los méritos de los dos grandes fenómenos de octubre que resulta imposible ubicar a uno por encima del otro. Medidos estadísticamente, puede asegurarse sin temores que Pelé nunca será igualado. Por nadie. Casi 1.300 goles (757 de ellos oficiales), tres Copas del Mundo conquistadas, dos Libertadores, dos Intercontinentales, cinco títulos brasileños consecutivos, ocho Campeonatos Paulistas, decenas de trofeos internacionales en las innumerables giras que realizó el Santos…

Diego fue cinco veces goleador del campeonato jugando para Argentinos Juniors —¡Para Argentinos!!!—. Se consagró campeón con Boca Juniors y ganó dos Scudettos, la Copa Italia y la Copa UEFA con el Nápoli. La Copa del Rey con el Barcelona. Fue Campeón Mundial Juvenil y de Mayores. Con menos, su palmarés igual reluce. Maradona debió dar la vuelta en Argentina 78. Hubiese sido bicampeón. Una insólita decisión de César Luis Menotti lo marginó de la Copa cuando era de lejos el mejor futbolista del país.

También el Pibe de Oro le lleva ventajas indescontables a O Rei. Pelé hizo grande al Santos; Maradona “inventó” al Nápoli. Brasil fue Campeón Mundial con Brasil; Maradona “hizo” campeón a la Argentina. Pelé no jugó en Europa, Diego triunfó ampliamente en el durísimo Calcio. En tiempos de Pelé el juego era indiscutiblemente más lento y las marcas más flexibles, por lo que el grado de oposición que debió superar Diego fue mucho mayor. Pelé tuvo de compañeros a Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino, Garrincha, Didí, Vavá, Nilton Santos, Djalma Santos, Coutinho, Gilmar, Pepe, Zito, entre otras criaturas futbolísticas. La compañía de Diego fue bastante menos jerárquica.

Posiblemente los compañeros de Pelé se hubieran consagrado campeones del mundo sin él. Casi con seguridad, Ruggeri, Pumpido, Batista, Giusti, Valdano, etcétera, no hubieran festejado en México 86 sin el Pibe. El moreno hizo goles inolvidables; el Morocho concretó el gol del siglo frente a Inglaterra, el que sueñan todos los chicos del mundo cuando apoyan su cabeza en la almohada.

Pelé recibió, con absoluta justicia, el honorífico título de “Atleta del Siglo”. Una pantera en el salto, en la fiereza para meter la pierna, en la velocidad de crucero. Con menos carrocería, Diego se le pone a la par: el pie izquierdo de Maradona es lo más grande que ha dado el fútbol mundial. Su pique corto —al estilo Messi, Sotil— hizo estragos.

El brasileño fue el cabezazo perfecto, el remate demoledor y certero con ambas piernas, la gambeta cimbreante, la guapeza, la fuerza. Diego —solo con zurda— tuvo la pegada mágica, probablemente la más armónica que se recuerde. Y la magia. Y la gambeta mortal. También la valentía. Ninguno de los dos fue conductor de juego; no obstante, dentro de la raza de los definidores, Diego poseía más dotes de armador.

No solo es complicado establecer una supremacía entre uno y otro, es como mínimo antipático enumerar una virtud del uno en detrimento del otro. Es posible encontrar un futbolista que pare el balón con el pecho como Pelé. O que remate con la potencia y precisión de Pelé. Incluso que driblee hacia adelante como Pelé. Hasta Messi, era imposible hallar otra zurda igual a la de Diego.

Edson Arantes protegió su notable fortaleza física alejándola de las drogas, el tabaco o el alcohol. Maradona convivió durante 14 de sus 19 años como futbolista profesional con la cocaína. Compañera siniestra que damnificó su carrera, porque no sirve para mejorar el rendimiento, lo deteriora. Problema suyo, desde luego, aunque siempre nos preguntamos qué otras obras inmortales pudo habernos regalado Diego sin esa cruz encima.

O Rei recorrió una trayectoria sin obstáculos, al amparo del paraguas protector de Joao Havelange. Maradona fue fracturado por el vasco Goikoetxea, sufrió una hepatitis, otras innumerables lesiones y dos suspensiones de un año y medio cada una. Estuvo cerca de la gente, pero lejos, muy lejos del poder. Y aún flotan en un mar contaminado las dudas sobre su dopaje en el Mundial 94. Nunca pasó en toda la historia del fútbol que al término de un partido entrara al campo una funcionaria y se llevara del brazo a un jugador hasta el control antidopaje. Y Maradona fue, sumiso, sonriente, mientras respondía preguntas a los cronistas de radio y Tv.

Pelé tiene a su favor una imagen inmaculada, de ídolo sano y vida impecable, aunque tal vez demasiado cercano al poder, hasta connivente con él. Diego estuvo acorralado por la droga, esquivó de milagro a la muerte. Su figura no es la más adecuada para publicitar una crema dental, no obstante mantiene intacta la rebeldía, su posición contestataria y es idolatrado por todos los futbolistas de la tierra.

Dice Diego, en su libro autobiográfico: “Pelé como jugador es lo máximo... Pero el más grande de la historia fue Di Stéfano. En Italia se la pasaban discutiendo si yo era mejor o peor que Pelé; en España nadie se anima ni siquiera a discutirlo: es Di Stéfano”.

Diego Armando desarrolló su historia en un mundo ya globalizado, donde la tecnología y la prensa reinaban sobre el universo. Llevaron sus hazañas hasta el rincón más apartado del planeta. También sus miserias. En tiempos de Pelé, se ejercía un periodismo menos cruento. Se ensalzaba lo bueno, no más. Están parejos.

Pelé y Maradona. ¡Cuánto fútbol puso Dios en apenas dos envases! En homenaje a todo lo que dieron, debería decretarse a octubre el mes universal del fútbol.

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