Marcas

¿Futbolistas ‘tapa huecos’?

Azkargorta afirmó, tras la caída ante Paraguay, que los jugadores de la Verde ‘parecían muchachos sin intensidad’.

La Razón (Edición impresa) / Julio Peñaloza Bretel

23:57 / 08 de septiembre de 2013

El seleccionador de Colombia, José Pékerman, felicitó a su plantel por la valentía con la que enfrentó y ganó al Ecuador, obteniendo la clasificación para la Copa del Mundo Brasil 2014. No puso en primer lugar bondades futbolísticas, técnicas o tácticas,  porque con su experiencia de formador en su propio país —por lo menos dos generaciones de grandes jugadores fueron dirigidas por él— sabe que en cualquier deportista manda, en primer lugar, el espíritu de lucha, la disposición anímica, la convicción para pisar un campo de juego.

Exactamente en las antípodas de lo expresado por Pékerman, figuran las declaraciones del seleccionador de Bolivia, Xabier Azkargorta, quien afirmó, luego de la goleada sufrida frente a Paraguay, que los jugadores de la Verde “parecían muchachos sin intensidad, incapaces de dar un segundo pase”. Afirmación que se hace más inquietante de lo admisible, si se tiene en cuenta que los rojiblancos no ejercitaron contra los nuestros una gran presión, característica del partido que daba mayor margen para que los nuestros presentaran algo de pelea.

Es la primera vez en mis tres décadas como periodista que escucho que un entrenador de nuestra selección afirma algo tan grave como esto: Los futbolistas bolivianos que enfrentaron a los paraguayos fueron todo lo contrario de lo que un deportista que se considera profesional debe hacer cuando salta competir, esto es, exhibir, en primer lugar, el indispensable espíritu competitivo por una parte, y estar convencido de las fortalezas propias, antes que resignarse por temor ante las supuestas virtudes del adversario.

Un día después, el capitán Ronald Raldes declaró a los medios que hay cansancio por los fracasos, que de esto no tienen culpa específica los distintos estamentos que conforman la organización futbolística nacional y además afirmó que los futbolistas bolivianos ya no están “para tapar los huecos” de una estructura vulnerable por donde se vea. Pues bien, con todo el respeto por la trayectoria del marcador central, será bueno como principio de terapia colectiva que cada quien comience asumiendo sus responsabilidades porque si un profesional como Azkargorta, cuya ética y compromiso con el país son indiscutibles, llega a afirmar, sin vueltas y con absoluta claridad, que la debilidad principal para haber sido vapuleados frente a los guaraníes fue la actitud, esto significa que las nuevas camadas de futbolistas bolivianos tendrán que empezar a mentalizarse para tratar de ser tan profesionales como lo son nuestros vecinos sudamericanos, iniciando así una nueva era para dar lugar al que efectivamente ya se considera un fin de ciclo, y agregaría yo, con una generación perdida que no estuvo a la altura del desafío de tomar la posta dejada por los muy buenos valores futbolísticos que mostraron lo suyo en los 80 y 90.

Seamos claros y honestos: La mayor parte de los clubes profesionales quieren ganarlo todo de una sola vez, aferrados a un erróneo coyunturalismo con el que distraen de sus carencias económicas para emprender proyectos formativos de divisiones menores y juveniles, el Estado no le da al deporte en general y al fútbol en específico ningún tipo de soporte efectivo, como sí sucede, por ejemplo, en Ecuador, rival al que nuestra selección enfrenta en el Hernando Siles mañana, pero especialmente, además de las carencias para formar cantidad y calidad futbolística, los que tenemos en Bolivia, en la mayoría de los casos, aparte de tener el déficit en materia de alto rendimiento, son efectivamente futbolistas de a ratos porque no encaran sus vidas cotidianas con la necesaria claridad formativa en materia de alimentación, descanso, utilización del tiempo libre y estimulación de sus facultades intelectuales.

Los pocos futbolistas bolivianos que están actuando en torneos competitivos como el brasileño, argentino o mexicano son lo mejor posible de lo que se dispone en nuestro medio, pero allá, son, dicho sea con todo respeto, jugadores del montón y por eso se extraña y hasta añora a los de ayer, jugando en Boca o en River, en Portugal, en Chile o en Japón.

La conclusión a la que llegamos tiene que ver entonces, y en primer lugar, con los vacíos —o  los huecos para usar la palabra elegida por Raldes— con los que nuestros futbolistas crecen y desarrollan sus carreras, pues eso del sacrificio y el de trabajar a sol y a sombra es un asunto asumido conscientemente por esas honrosas excepciones que en alguna medida pueden percibirse en nuestros muy discretos torneos domésticos.

Nos va mal porque no producimos futbolistas en cantidad y calidad, así de claro, sencillo y contundente. Y para formar jugadores con proyección y posibilidades de competencia profesional primero hay que formar formadores como está haciendo Ecuador y hay que buscar la forma de igualar las condiciones tan disparejas entre unos clubes con chequera ancha y profunda, y los otros que sobreviven como pueden en la Liga. Mientras tanto, quedará claro por qué no nos va bien, y por qué ciertos futbolistas experimentados terminan acudiendo a la primera excusa que se les ocurre para salir del paso.

(*) El autor es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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