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Futbolistas a tiempo completo

Di María, Cristiano, Özil, Neymar o Messi son futbolistas que deslumbran

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:58 / 04 de octubre de 2013

El Bayern Múnich y el Real Madrid, luego el Arsenal y el Atlético de Madrid, y más abajo el Barcelona complicado por el escocés Celtic, ofrecieron una interesantísima segunda fecha de la Champions League 2013-2014 que confirma otra vez dónde está jugándose el mejor fútbol del planeta y cómo sus jugadores hacen de la exigencia de sí mismos la máxima que los induce a asumir el rol de unos profesionales que a sus grandes condiciones naturales les agregan un trabajo y un esfuerzo sin concesiones.

Pelota que Benzema recibe de espaldas al arco en el área grande, taco para Di María que casi en la línea de fondo produce una mágica rabona de zurda — “le pego mejor así que con la derecha”, dijo después— que va por elevación a encontrar el salto y el parietal izquierdo de Cristiano, 2-0 frente al Copenhague. Vista de otro modo, triangulación con balón contra el piso y luego enviado a media altura para que el luso tenga nuevo motivo de orgullo por su extraordinaria condición física que lo certifica como la pieza clave en la zona de definición madridista, en la línea de la tradición de las tres últimas décadas, heredada de goleadores como Hugo Sánchez y Raúl Gonzales. Taco, rabona, cabezazo y gol. Fútbol en su máxima expresión.

Luego de deshacerse de Mesut Özil que firmó un gran desempeño en su debut en Champions con la roja y blanca del Arsenal —apertura del marcador con gran estilo frente al Nápoles, asistencia para el segundo gol de Olivier Giraurd— el Real Madrid ha sellado un formidable inicio de torneo europeo con diez goles en sus dos primeros partidos y con un Di María que de no mediar imponderables como lesiones o agotamiento, será el cerebro argentino de Brasil 2014. Seguramente la rabieta que al propio CR7 le supuso la partida del ahora nervio motor de los cañoneros londinenses (el mismo Özil), quedará pronto atrás porque cuando los merengues hacen de su maquinaria una aplanadora, el espíritu de su exitosísima historia se hace superlativo y los fugaces traspiés pueden terminar rápidamente remontados como el de la derrota contra el Atlético por la Liga española el sábado pasado que, digámoslo al paso, se impuso al Oporto (2-1) dando vuelta el marcador, ratificando que el equipo de Diego Simeone parece sentirse con la musculatura necesaria para pelearlo todo en los dos torneos.

Mientras tanto en ciudad gótica —Barcelona— Sandro Rosell, presidente del club catalán, se inflaba de orgullo, al día siguiente del esforzado triunfo contra el Celtic, afirmando que en la plantilla del primer equipo, 17 de 25 jugadores son producto de su cantera y que este récord no admite parangón, luego del triunfo (Fábregas, 1-0) en el que todavía Neymar se movió en la cancha cual si fuera un corderito temeroso pidiendo permiso para transitar por la zona desde la que el lesionado Messi se maneja habitualmente como macho alfa.

Benzema con altibajos, Di María queriendo afianzarse como titular, Cristiano tan dueño de su estampa, Özil resolviéndole la vida a Arsene Wenger que ha cumplido 18 años como entrenador de los Gunners, Neymar entrándole poco a poco al nuevo viejo mundo de la élite futbolística y Messi parado por lesión, son protagonistas que deslumbran, aunque el juego colectivo que ahora empieza a prevalecer y a situarse por encima del resto es el del último campeón, el Bayern Múnich, que redujo a los celestes del Manchester City al tamaño de unos aprendices casi paralizados frente a su poderío técnico y precisión táctica, que regularon los ritmos del partido para conseguir un 3-1 con una facilidad pasmosa.

Las declaraciones de Zlatan Ibrahimovic tildándolo de “buen entrenador pero cobarde” no han mosqueado a Pep Guardiola, fuertemente defendido por directivos del club alemán que lo tienen de mimado, en tanto concluyen que dieron en el clavo entregándole la posta dejada por Jupp Heynckes, tal como pudo comprobarse el miércoles en la ciudad de Manchester, sobre todo en la primera etapa en que los celestes dirigidos por Manuel Pellegrini eran incapaces de transponer la mitad de la cancha, encajonados y aturdidos por la circulación de la pelota en pies ajenos con la rapidez y el pragmatismo con el que Franck Ribéry inauguró el marcador a los seis minutos a través de esa incontestable efectividad que le ha permitido el premio a mejor jugador europeo de la temporada pasada, con ese cambio de frente ejecutado por Dante desde la banda izquierda para que Thomas Müller recibiera en el ángulo derecho del área rival, bajara el balón, se deshiciera de su marcador, Gael Clichy, para anotar en el mano a mano con el portero Hart con asesina frialdad, y finalmente, como si se tratara de un tridente de combatientes a campo abierto que van a engullirse a los adversarios, Arjen Robben que se desataba por derecha a la misma velocidad que Müller por el centro y Ribéry por izquierda, fiel a su conocido y objetado egoísmo hizo la del caballo cochero para enfilar sólo e ingresando al área grande disparar para el tercero, sin que el posterior descuento de Álvaro Negredo pudiera incidir en el curso final del partido (3-1).

Para completar el panorama de cómo se van perfilando los favoritos de esta Champions, aunque todavía es muy temprano, falta mirar al Manchester United que con David Moyes en la dirección técnica ha confrontado traspiés de arranque en la Premier, comprensibles si se considera la vigencia por casi tres décadas del retirado Alex Ferguson, lo que implica un proceso de compaginación con quien asume una herencia gigantesca repleta de títulos que lo definen como el equipo más trascendente del fútbol inglés.

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