Marcas

Goles y no tanto

‘Goles son amores...’ El gol, en el fútbol, es el bien supremo. Si el buen juego de un equipo alcanza el éxtasis, el gol será el clímax

La Razón (Edición Impresa) / Cé Mendizábal

00:00 / 18 de abril de 2016

“Goles son amores y no buenas razones”, reza el más reputado y cortante apotegma futbolero. Confieso que nunca me ha gustado la mentada frase. No porque sea falsa, sino precisamente por lo contrario: por su exceso de realidad.

El gol, en el fútbol, es el bien supremo. Si el buen juego de un equipo alcanza el éxtasis, el gol será el clímax. Al revés, sin él, todo lo demás será frustración mayúscula. Pero, para volver a la frase de marras, el problema es que con harta facilidad deja de lado el análisis, la lectura posterior y, por ende, la experiencia.

Lamentablemente, al The Strongest del hoy defenestrado Mauricio Soria se le habían engordado en demasía los malos experimentos y el juego ralo. Alguien dirá que fallar tanto gol pinta más para la anécdota que para el análisis. Pero ya en serio, es bien cierto que el equipo de Achumani extraña un delantero letal desde hace mucho. Diría que desde los días del Tricampeonato, cuando un desdeñado Luis Melgar entraba de suplente y terminaba apagando el incendio. ¿Actos reflejos o no? Lo cierto es que Luis nunca rindió en partidos completos. La verdad insoslayable es que The Strongest no tenía, no tiene hoy, un centro delantero de raza. Y no porque no lo haya buscado. Se trajo a Bernardo Cuesta, goleador del regional peruano, pero resultó ser tímido en el área. Se contrató a Carlos Neumann, pero al paraguayo, con lo enorme que es, la camiseta le queda grande. Vino Matías Alonso… que no es hombre de área. Llega mejor por las bandas, pero tampoco allí es muy desequilibrante. Rodrigo Ramallo, la gran esperanza, tiene eclipses de los que le cuesta mucho salir. Y cuando reaparece, le mandan a hacer cosas que no le competen.

Es poco lo que se puede decir a favor de Soria. Digamos, él no trajo a los delanteros actuales del Tigre. No se le puede achacar la culpa por los goles cantados que se perdieron por aquí y por allí. ¿La historia sería distinta si Neumann y Alonso hubieran marcado en Trujillo? La euforia —esa vieja ciega y gritona— taparía errores medianos, pero no los groseros. ¿Mariano Torres correteando entre Herodes y Pilatos, haciendo algo que no siente, la marca, cuando todos saben que el talento del argentino despierta cuando va al ataque? ¿Insistir en una línea de tres defensores centrales que no parecen listos para ese esquema, y dos laterales de los cuales solo uno, Diego Bejarano, aporta con el debido sube y baja? ¿Acumular delanteros como si su sola suma fuese garantía de goles? Sobre esto de amontonar ofensivos, ya Maradona, en plan de DT, en un Mundial, grabó vivencias ingratas para la posteridad. ¿Jugar con un solo volante de contención? ¿Dejar, una y otra vez, al mejor estilo de Julio Baldivieso, a Castro en el banco? ¿Es que los dos técnicos cochabambinos ignoran que el moreno es uno de los rarísimos volantes del país capaces de aportar toque y lucidez? Más: ¿no era mejor mover a Ramallo al centro del ataque, y sacar al tosco Neumann? Hasta aquí son demasiados bemoles como para que la presunta orquesta no chirríe en cada línea, desnuda de ideas y conexiones; sin sociedades destacables, y lanzando pelotazos y manotazos torpes en pos del clímax… como aquel de Cristaldo cuando el partido se moría.

El jueves, el Tigre afrontará uno de sus partidos más duros en mucho tiempo. Deberá mostrar, entre otros, que el zarpazo en Sao Paulo no fue mera casualidad. El rival, tras el duro golpe encajado en su casa, vendrá por clasificación y venganza. Pero como sabe que el empate le favorece, mientras dure el cero probará todas las marrullerías imaginables. Buscará cerrar las vías a su arco, pero de ningún modo renunciará al ataque, sabedor de que un gol podría poner al Tigre al borde del coma. Incluso si recibe un gol en contra, se agazapará para brincar por el empate en cualquier momento. Tiene hombres para hacer eso.

¿Será que queda atrás la aridez experimental y el nuevo técnico arma un equipo equilibrado? Si se convierte la ausencia de Pereyra en ventaja, volver a la línea de cuatro atrás, que es la que el equipo mejor conoce, parece un primer paso lógico. Quizá sea momento para recuperar a un marcador de punta con quite y transición rápida, como Wayar. El tarijeño sabe lo que es jugar contra los brasileños, y puede aportar la velocidad física y mental que por hoy no luce Cristaldo. Maldonado y Martelli parecen intocables al centro y Bejarano es uno de los pocos que ha conseguido mantener un nivel alto.

¿Y la medular, la zona donde se urde la victoria o se mastica la derrota? También parece hora de reunir lo mejor que tiene The Strongest allí: Veizaga, Castro, Chumacero. Al Chuma habrá que pedirle serenidad, orden y que pula sus entregas. ¿Qué sería el rubio, me pregunto, con la ductilidad de Castro? La respuesta es fácil: un jugador de exportación a lo grande. ¿Y Castro, todavía algo tímido para mi gusto, qué sería con el espíritu y la energía del Chuma? Lo mismo. Y Veizaga, que tiene un quite y obstrucción estupendos, ¿no sería otro monstruo si armara más juego de norte a sur, en vez de clausurarse en los viajes de este a oeste? ¿Será mucho pedirles que rematen, aunque sea de puntazo, al mejor estilo Ronaldo? Como sea, los tres necesitarán juntarse mucho para dar manija y salida clara al equipo, y tendrán que ser muy solidarios para frenar los embates paulistas. Habrá que pedirles gran intensidad pero con ritmo, tranquilidad y alegría. Es decir, sin vértigos ciegos. Para el enganche, me jugaría por reunir a Torres y Escobar. Dejaría que se muevan por todo el frente como saben y aman; que se intercambien sitios, que se desmarquen y se busquen. Para el área, mi elección es Ramallo. Por rapidez y hambre. Y porque siempre ha hecho buenos partidos contra los brasileños. Si, de algún modo, se logra un gol temprano, ojalá se busque el segundo tal como si se estuviera perdiendo y se evite retroceder porque eso sería suicida.

Aurinegros y celestes tienen esta semana choques definitivos para seguir viviendo en la Copa más antigua del mundo. A pesar de las similitudes, ambos llegan con interrogantes distintas. El juego del Tigre ha ido bajando después de la noche histórica de Sao Paulo y, por eso y tantas cosas, estrenará técnico. El de Bolívar ha recuperado en Cali. A los de Achumani les basta vencer por un gol de diferencia para avanzar. Los de Tembladerani necesitan ganar por dos. ¿Será…?

Cé Mendizábal es escritor, ganador del Premio Nacional de Novela en 2009 y 2013 e hincha del fútbol. Colabora en esta edición de la Revista Marcas Plus.

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