Marcas

Ni con Guardiola bajado del cielo

Selección. Al equipo lanzado a la cancha por Azkargorta le faltó coraje. Si no perdió fue gracias al conservadurismo de Perú

Partido Bolivia - Perú

Partido Bolivia - Perú Foto: Victor Gutierrez

La Razón / Julio Peñaloza / La Paz

02:06 / 15 de octubre de 2012

Cuando Marcelo Martins empezó a moverse por el frente de ataque boliviano a partir del minuto 46 del partido contra Perú, con la prestancia de un profesional que tiene la autoestima en su sitio, quedó en evidencia que nuestra selección ya ni siquiera tiene el control escénico de la altitud de La Paz y del estadio Hernando Siles, pues con la intermitente excepción de Alejandro Chumacero más por voluntad/dinámica que por incidencia en el juego, el resto del equipo nacional asomó tímido, opaco, indeciso y vulnerable a los tiempos y manejo que supo imponer el cuadro bicolor durante toda la primera etapa que debió terminar por lo menos con un 0-2 en contra nuestra.

Cuando la pelota empieza a rodar, la retórica se acaba y si algo alarma con lo exhibido por Bolivia frente a Perú es la falta de coraje del equipo lanzado a la cancha por Azkargorta que si no perdió fue gracias al conservadurismo de Sergio Markarián, que de prodigarse con los mismos bríos que los expuestos en la primera parte, tenía las de ganar por superioridad técnica y aplicación táctica: Dos líneas de cuatro bien ordenadas para recuperar y mucha velocidad y precisión para el contraataque.

Si en una escuadra nacional en la que se supone actúan los mejores de cada país, no hay control de pelota, abunda la imprecisión para las entregas, pero especialmente no hay apropiación del campo de juego, como sí insinuó que había que hacer Martins durante los primeros momentos del segundo tiempo, entonces, todas las condiciones para el fracaso están dadas, y fue así que el equipo más verde que nunca empató-perdió frente a Perú.

Sucedió lo que tanto nos temíamos algunos: Que lo mejor que sabe hacer el técnico de Bolivia, motivar y mentalizar al grupo, fue en buenas cuentas, el factor determinante que dio lugar a que todo lo demás se produjera como efecto dominó, pues a la falta de templanza le siguieron el resto de los capítulos relacionados con un mediocre e insignificante desempeño futbolístico. En otras palabras, lo peor de Bolivia fue lo mejor que sabe hacer Xabier, convencer a sus dirigidos de cuál es su capacidad para marcar protagonismo tal como sí lo hicieron Martins y Chumacero en la única jugada en que nuestra escuadra pudo dibujar un movimiento de frente al arco peruano para decretar el empate.

Bolivia jugó sin brújula durante los primeros 45 minutos, y recordó que solía ingresar como un vendaval en condición de local con un ritmo que pudo mantener apenas durante los primeros 10-15 minutos, ya que después, la chatura de Jhasmani Campos en la mitad del campo, incapaz de generar un solo circuito sincronizado hacia adelante, volvió a hacerse evidente, cuando ya había quedado lamentablemente constatado que la línea de tres o de cinco, o de cuatro o de ochenta mil!!! no sirve para nada si no se sabe defender, si se retrocede “acompañando al rival tal como sucedió para la apertura del marcador. Raldes, Valverde y Méndez fueron el desastre de siempre, sólo que esta vez con una notoriedad escandalosa y si de abrir la cancha por las bandas se trataba, por ahí también la idea del técnico quedó prácticamente en nada, sobre todo porque Vargas no existió y Rudy Cardozo no supo cuándo era momento de replegarse para contener al adversario y cuándo estaban dadas las condiciones para pasar a campo enemigo.

“Todos defendemos cuando no tenemos el balón, todos atacamos cuando está en nuestro poder” fue una de las consignas lanzadas insistentemente por Xabier y sucedió exactamente lo contrario: Nadie defendía cuando Perú emprendía la contra con velocidad, sorpresa y profundidad, y nadie pudo atacar al extremo que nuestra selección remató a puerta sólo en dos oportunidades en el peor primer tiempo jugado en los últimos diez años. El que quiera culpar al técnico, como suelen hacer los exitistas de siempre, otra vez se equivoca, porque ni Guardiola enviado por Dios Padre podría hacer funcionar un equipo donde lo que en primer lugar falla es el catálogo de conceptos elementales vinculados al manejo de la pelota.

Mientras tanto, Falcao y Messi se divierten

Radamel Falcao ejecuta unos quiebres de cintura como ningún otro delantero de área en vigencia en el fútbol de élite. Prueba de ello son las dos soberbias anotaciones frente a Paraguay que le permitieron a Colombia ratificar que la decisión de contratar a José Pekerman para la dirección técnica fue más que buena, ya que con su batuta, gracias a la calidad de sus jugadores y al desequilibrante protagonismo del delantero del Atlético de Madrid, caminan a paso firme para conseguir la clasificación.

Por otra parte, en el Río de la Plata, sólo con el tiro libre al ras del piso ejecutado por Messi hacia el palo izquierdo de Muslera para marcar el tercer tanto argentino, la entrada de quienes acudieron al estadio de Mendoza ya estaba pagada, pues con esa contundencia que no admite dudas, los de Sabella sellaron con un 3-0 el triunfo frente a Uruguay que juega mañana en La Paz con el apremio de por lo menos conseguir un punto si quiere seguir en carrera.  

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