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Intervenir en el fútbol

Bolivia jamás ha sido en el deporte —que no es sólo el fútbol— un país de ganadores, y es porque nunca ha tenido políticas que le ayuden no a sobrevivir sino a vivir bien. Hace rato que es hora de extenderle las dos manos.

La Razón (Edición Impresa)

01:22 / 10 de junio de 2013

El empate de Bolivia ante Venezuela (1-1), el viernes en La Paz, y por consecuencia la virtual eliminación del seleccionado nacional de la Copa del Mundo Brasil 2014, ocasionó el mismo día y posteriores diversas reacciones, algunas de inmediato, otras con algo de cordura, y por lógica las respuestas no tardaron en llegar.

Desde hace rato el fútbol le pide al Estado que se involucre en el fútbol con efectivas medidas de apoyo, es decir que intervenga en su problemática, sea parte de él y ayude a buscar soluciones, que no es lo mismo que intervenir al fútbol, una medida extrema desagradable en el caso que no pocos —por supuesto erróneamente— ven como una posible salida.

Lo que primero hay que buscar en esta línea es la alianza del fútbol con gobernantes dispuestos a producir un verdadero cambio, en paz, sin peleas, sin revanchas, que sean capaces de entender el problema estructural y estén conscientes de plantear sólidas soluciones.

No pasa por “botar a todos” de un plumazo ni hacer aparecer gente nueva sacada de la galera. Con respeto, esa postura del vicepresidente Álvaro García Linera arrastra una equivocada manera de pensar: el fútbol no son sólo los jóvenes futbolistas, ni es cuestión sólo de amar al país, ni es desvivirse por corretear tras la pelota y meter goles”.

Un gol, el triunfo en un partido, la obtención de un campeonato, en resumidas cuentas el éxito que se logra en el fútbol, son consecuencia de trabajo y éste tiene muchos actores, uno de ellos, quizás el más importante en este tipo de situaciones, debería ser el Estado con su aporte.

Quizás tenga algo de razón el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, cuando dice que urge un cambio estructural, y considera que el tema no se va a resolver “ni con la dirigencia, ni con la dirección técnica, ni con los jugadores” y que “hay que construir un equipo desde abajo, desde las escuelas de fútbol”, en el que ojalá pudieran ser partícipes el actual Gobierno y los que vendrán después.

Bolivia jamás ha sido en el deporte —que no es sólo el fútbol— un país de ganadores, y es porque nunca ha tenido políticas que le ayuden no a sobrevivir sino a vivir bien. Hace rato que es hora de extenderle las dos manos. La pura crítica hoy ya no sirve, es cuestión de involucrarse de verdad.

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