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Julio Peñaloza Bretel: Un fútbol hecho de intensidad

El juego del Bayern Munich y el Chelsea en la final de la Supercopa europea certificó que el fútbol es como nunca antes tremendamente atlético y vertiginoso, con el plus de los gestos técnicos que ayudan a explotar la veta de lo inesperado para intentar imponerse al rival.

La Razón / La Paz

00:00 / 01 de septiembre de 2013

El que diga que el fútbol no se juega corriendo, desconoce la velocidad de la nueva época, seguramente aferrado a los ritmos de otros tiempos donde había mayor margen para el amague o la gambeta.

El juego del Bayern Munich y el Chelsea en la final de la Supercopa europea certificó que el fútbol es como nunca antes tremendamente atlético y vertiginoso, con el plus de los gestos técnicos que ayudan a explotar la veta de lo inesperado para intentar imponerse al rival.

En el partido jugado el viernes en Praga y que finalizó 2-2, resultado que forzó el alargue y luego la definición por penales, descolló por coraje y convicción Franck Ribéry que a fuerza de insistir sin tregua en el desborde por izquierda se constituyó en factor gravitante, esta vez con demasiada carga sobre sus espaldas, debido al eficaz control que supo imponer el equipo inglés  —Frank Lampard, Ashley Cole, David Luis— en la marca sobre Thomas Müller y Arjen Roben.

Los bávaros reventaron a bombazos a un extraordinario Peter Cech en la portería, sobre todo en los últimos veinte minutos del periodo reglamentario, y basaron sus argumentos en la laboriosidad con sello Guardiola, esa de buscar y rebuscar los espacios para encontrar el hueco justo y el disparo, pero el Bayern no es el mejor Barcelona de los últimos años, y el único jugador por hoy capaz de deshacer, él sólo, las ordenadas líneas defensivas de adversarios convencidos de la espera y el contraataque, se llama Lionel Messi,  que sabe como ningún otro del regate y la pared con el compañero mejor situado para la descarga y la definición.

Para subrayar la disputa encarnizada en el partido, hay que mencionar nuevamente a Fernando Torres, el Niño, que abrió el marcador y fue parte de las escapadas resultantes del contragolpe al que generalmente apuesta Mourinho y que caracteriza al Chelsea.

Ahora que se viene la Champions 2013-2014 una cosa ha quedado clara con esta final: la intensidad del rendimiento de cada equipo es el nuevo factor desequilibrante para conseguir objetivos. Con el preciosismo y la inspiración de un solo genio se puede conseguir allanar la mitad del camino, pero ya no alcanza para recorrerlo en su integridad.

Julio Peñaloza Bretel es periodista y asesor de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF).

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