Marcas

Un México heroico da el primer campanazo del Mundial

Tumbó a Alemania en el debut y lo llenó de dudas. Fue un triunfo memorable que marca un hito.

El mexicano Héctor Moreno intenta llegar al balón para impedir el avance del alemán Timo Werner.

El mexicano Héctor Moreno intenta llegar al balón para impedir el avance del alemán Timo Werner. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza.

06:58 / 18 de junio de 2018

Hasta los jóvenes voluntarios y policías rusos, tan gélidos e inexpresivos siempre, saltaron con el gol de Lozano. Y lo repitieron al final, cuando el juez iraní dio los tres pitazos. Ni hablar de los alrededor de 40.000 mexicanos que poblaron las tribunas del estadio Luzhniki. Desataron un frenesí. México acaba de dar la primera noticia bomba del Mundial: tumbó a Alemania en el debut y lo llenó de dudas. Fue un triunfo, memorable, que marca un hito y que disfrutamos como latinoamericanos, por la forma heroica con que ganó el TRI. Fue también la revancha histórica de una historia cargada de decepciones para el país del Chavo.

Un cruel 6 a 0 había sufrido la verde en Argentina ‘78 de parte de Alemania; también fue eliminada por los hijos de Beckenbauer en los Mundiales de 1986 y 1998. Y el año anterior sufrió otra derrota por 4 a 3 en la Copa Confederaciones. Pero este 1 a 0 entierra esos recuerdos, los equipara y empieza de cero otra vez.

Valió la pena el esfuerzo de venir al estadio Luzhniki (ir a un partido equivale a 10 horas mínimo entre el viaje, la antelación con que se debe concurrir, el juego en sí y el retorno). Apenas iban unos minutos del segundo tiempo y pensamos: esto termina así, 1 a 0, porque los grandes jugadores dejan marcas inolvidables. Y Chuky Lozano lo es. Lo alabamos ampliamente en la Copa América 2016, es un crack que simplemente hace todo bien y su gol ya está en la galería de los momentos inolvidables de México, incluso como país. Porque es el triunfo más resonante de todas sus participaciones mundialistas. Todo el sacrificio y el dinero que les llevó a las decenas de miles de compatriotas llegarse hasta Rusia quedaron pagos con ese golazo. Hirving Lozano recibió un excelente pase de Chicharito Hernández por izquierda, iba a rematar de zurda, pero advirtió de reojo que lo taparía la estirada de Ozil. Y aparte le quedaba el arco muy oblicuo.  Entonces enganchó a lo crack; Ozil pasó de largo (todavía lo están tratando de frenar) y cuando ya estaba pronto Kroos para obstruir su remate, sacó un zurdazo seco y fuerte al primer palo de Neuer, que será Neuer, pero cuando el delantero es de clase y define bien, el arquero no cuenta.

Nos topamos con una multitud de mexicanos en el Metro y todos decían lo mismo: “¿México…? El equipo no está del todo bien, y nadie quiere a Osorio, pero ahí le vamos… Y que se cuide igual Alemania”.

Hubo fases muy marcadas del partido. Primeros 10 minutos de presión y ataque de Alemania, que asfixiaba la salida verde. Aderezado con un par de remates intimidantes de Timo Werner. Pero empezó a engranar la máquina mexicana y el partido se hizo de ida y vuelta, incluso con preeminencia azteca. Allí empezó, también, a emerger la figura monumental de Héctor Herrera, quitando, ordenando distribuyendo, asistiendo con criterio y precisión a sus compañeros y hasta encabezando ataques y contraataques. No tuvo una pelota mala, jugó 11 puntos. Fue monumental el centrocampista del Porto, una de las claves del triunfo. Otras actuaciones épicas fueron las del zaguero Hugo Ayala, una muralla que sacó todo por bajo y por alto, aguantándose toda la tarde el empuje de Werner, Thomas Müller, Mario Gómez, Draxler, Kroos…

Porque al final, en su desesperación por el empate, subían todos los alemanes, hasta Neuer. Y Ayala resistió de manera conmovedora. Casi en el mismo nivel, el otro zaguero, Héctor Moreno. Y el lateral izquierdo Jesús Gallardo, teñido de rubio. Y el arquero Memo Ochoa. Y Layún, desacertado en todos sus remates, pero voluntarioso e inteligente. Todos ellos rozaron lo épico. Los demás, contagiados, también aportaron sacrificio cuando llovían los centros alemanes.

Tuvo dos frases muy acertadas Juan Carlos Osorio en la conferencia de prensa posterior. Una: “Hoy tuvimos el coraje de jugar cuando se pudo y cuando tocó sufrir defendimos con la vida”. La otra: “La consigna de hoy era jugar por el amor a ganar y no por el temor a perder”. Correcto: México nunca tuvo miedo de Alemania, sí respeto. Y en los momentos favorables del partido, jugó con grandeza, hacia adelante, tocando al pie, sin revolear nunca la bola. 

Si sumamos todos los embates de Alemania, desde luego pudo haber empatado, aunque no le sobraron situaciones claras salvo un tiro libre de Kroos que alcanzó a rozar Ochoa y luego pegó en el travesaño. El arquero fue un pilar de la victoria, pero no tuvo necesidad de realizar milagros (aunque es milagrero). Los demás fueron empujones alemanes, no jugadas elaboradas. Y a los empujones les puso el pecho México con una garra fenomenal, que nos emocionó como latinoamericanos.

“Alemania no tiene el mismo poderío que en la Copa pasada”, nos dijo antes del juego Hartmut Scherzer, histórico cronista teutón que acompaña a su selección desde Chile 1962, ¡15 Mundiales…! Y era cierto. Más allá de la derrota, flojo Alemania, pobre de juego, con algunos elementos que fueron bastiones en Brasil 2014, especialmente en materia ofensiva, y hoy están en marcada declinación: Ozil, Thomas Müller, Kroos, Khedira…

El sábado, Argentina decepcionó y empató con Islandia; este domingo, Alemania cayó con México y Brasil también cosechó apenas un punto ante Suiza. Marca una tendencia: vamos hacia la paridad absoluta en el fútbol, al menos en cuanto al desarrollo del juego. Todos saben jugar, pararse y dan lucha. Los tres verdugos, Islandia, México y Suiza mostraron un denominador común: un fabuloso espíritu de lucha para defender lo conseguido. Nadie se siente menos ni quiere perder, se llame como se llame. Y eso es bonito.

Estamos viendo un Mundial excelente. Apenas van 11 partidos, pero en un primer pantallazo podemos decir que nos agrada lo que vimos, hubo goles en los 11, fútbol ofensivo. Y atrevido de parte de los menos poderosos. Con un agregado edificante: grandes arbitrajes. Ninguna queja hasta hoy. Entre los jueces que van al campo (cuatro), los del VAR (otros cuatro), árbitro de reserva y coordinadores arbitrales, FIFA ha destinado 11 oficiales por juego. Todo para reducir al máximo la posibilidad de error. Y para aquellos que temían que el VAR acabara con el fútbol, no ha acabado nada todavía. Intervino discretamente dos veces, una en el penal de Francia y otra en el de Perú, y ambas fueron un acierto que corrigió la decisión del réferi, que no había visualizado las faltas. Vamos bien.

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