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¿Folklore o falta de educación?

Algunos dicen que es parte del “folklore” del fútbol. No hay tal, porque odiar e insultar al árbitro o al jugador rival por el simple hecho de que luce la camiseta del equipo que no es el preferido, no es en ningún caso ingenio popular del cual alguien tenga que enorgullecerse.

La Razón (Edición Impresa)

07:08 / 25 de marzo de 2019

Árbitro hijo de tal” es lo que más se escucha en la tribuna de un estadio. Es, en todo caso, el “menor” de los agravios. El que grita así pasa a ser una especie de héroe de la gente que está a su alrededor, que celebra y aplaude. De sus hijos —niños y adolescentes— que están a su lado y, por tanto, aprenden y asimilan para llegar a ser un día como el padre.

Algunos dicen que es parte del “folklore” del fútbol. No hay tal, porque odiar e insultar al árbitro o al jugador rival por el simple hecho de que luce la camiseta del equipo que no es el preferido, no es en ningún caso ingenio popular del cual alguien tenga que enorgullecerse.

Decir que es folklore es simplemente una excusa para encubrir situaciones de violencia, de menosprecio o, lo que es más de este tiempo, de discriminación y racismo en detrimento del ser humano.

No es la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) la que tiene que poner un alto. ¿Cómo lo va a hacer? Quizá, a lo mucho, deba concientizar a la gente. ¿O qué otra cosa?

La FIFA sanciona: multa, cierra estadios, quita puntos. Sus “ovejas” le tienen que seguir. Y pobres clubes, que son los que pagan los platos rotos. Ellos organizan un evento, venden entradas, las graderías se llenan y, de pronto, un puñado de “hinchas” —que no lo son— hace estragos con sus “ingeniosos” insultos.

El origen de todo es otro: es la pobre educación que un padre transmite a su hijo y éste al suyo. Apenas nacido, el bebé ya tiene puesta una camiseta que no sabe si a futuro le va a gustar y, cuando apenas empieza a tener uso de razón, ya está en el estadio escuchando “hijo de tal”, “fulano de m...”, “mono macaco”, “pirata mal p...” y tanta basura más.

El fútbol —no solo el boliviano— sería otro si se felicita al rival cuando gana, si se aplaude un título ajeno y si se condena de verdad el vandalismo. Aunque, es verdad, no hay que pedirle peras al olmo.

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