Marcas

Sobre que no hay goles… los anulan

El empate estuvo bien. Brasil predominó en buena parte del juego, aunque tampoco hizo tantos méritos para vencer.

La Razón Digital / Jorge Barraza

07:16 / 06 de junio de 2016

Un gol en tres partidos. Costa Rica 0-Paraguay 0, Perú 1-Haití 0, Brasil 0-Ecuador 0. Tres partidos que representan 270 minutos, 280 sumándoles los agregados. Significan 4 horas y 40 minutos. Que estuvimos estoicamente el sábado frente al televisor. Pero, bueno, es el destino del hincha de fútbol, ser un peregrino en busca de un trozo de buen fútbol, un filón que nos recompense. Algo aparecerá, Dios proveerá… El comienzo de la Copa América Centenario tal vez no dé para llamarlo malo, aunque sí ofrece una certidumbre: no es bueno todavía. Tengamos fe, recién empieza.

Claro, si encima de no haber goles, cuando se convierte uno lo anulan…El de Miler Bolaños a Brasil quedará como el recuerdo saliente de este Brasil-Ecuador que nadie evocará en el futuro salvo por ese gol, que fue legítimo y que el juez chileno Julio Bascuñán no convalidó a instancias de su línea Carlos Astroza, quien levantó el banderín para marcar saque de meta. Hay tomas de video donde se ve, sin discusión posible, que, al momento de rematar Bolaños, el balón estaba hasta un 70% pasado de la raya de fondo, pero no todo. La jugada era legal y, con la colaboración del arquero brasileño Allison, la bola se introdujo en el arco. Era gol ecuatoriano.

Tal vez por el desarrollo del partido no hubiera sido justo; no merecía perder Brasil; sin embargo, el fútbol tiene montañas de resultados injustos. Y valen. Con ese gol no sancionado posiblemente hubiese vencido Ecuador. Iban 66 minutos.

Está claro que, por la posición del árbitro asistente, a 60 metros de la jugada, es difícil apreciar con claridad. Sobre todo, estando el arco, la red y el arquero de por medio entre Astroza y Bolaños. Este es el mejor argumento para reclamar, una vez más, la bendita prueba de video para revisar las jugadas dudosas. Se pierde mucho más tiempo en atender un lesionado que en constatar una acción polémica, que puede cambiar el resultado de un partido y hasta de un campeonato.

La reciente revisión general de la Reglas del Juego, que arrojó 95 modificaciones —menores en su mayoría— contempla a manera de experimentación el uso del video, como ya funciona extraordinariamente en el rugby, en el tenis y otros deportes. Pero habrá primero dos años de ensayos antes de aprobarse o no. Si Blatter no hubiera sido tan tozudo en rechazar la tecnología, ya regiría y Ecuador hubiese ganado este partido.

No parece, de ninguna manera, que haya sido un despojo, un acto deliberado, sí un error arbitral. La duda que a uno le cabe, siempre, es qué hubiese sucedido si el gol era para Brasil. ¿Lo anulaban…? Brasil es un fútbol de una fortuna envidiable con los arbitrajes, como Alemania. Lo dice la historia: nunca uno en contra.

Lo incomprensible es por qué los réferis, grandes perjudicados de sus propios errores, debido a la velocidad cada vez mayor del juego, a las mañas de los futbolistas, no se nuclean y exigen a la FIFA la ayuda de la tecnología. Es para su bien, pero debe pedirlo el periodismo.

El empate estuvo bien. Brasil predominó en una buena parte del juego, aunque tampoco hizo tantos méritos para llevarse los tres puntos. Fue un Brasil veloz, dinámico, con mucha presión, que impidió a Ecuador dominar el juego, como hubiese deseado Gustavo Quinteros. No tendrá los gigantes del pasado, los Pelé, Garrincha, Gerson, Jairzinho, Falcao, Romario, Ronaldo, Ronaldinho y tantos más, pero hay un ADN brasileño, siempre dispone de algunos buenos. Para empezar, estuvieron Dani Alves y Filipe Luis, dos laterales fantásticos, que marcan y luego se transforman en volantes y atacantes, a favor de su excelente manejo de balón. Y estaban William, Renato Augusto, Philippe Coutinho, todos buenos tocadores. Y el evolucionadísimo Casemiro, volante central que volvió a demostrar por qué se convirtió en titular intocable del Real Madrid. Quita y entrega con igual eficacia.

El choque, entonces, no era sencillo para Ecuador. Y no lo fue. El once de Gustavo Quinteros sufrió sobre todo porque Brasil lo obligó más a defenderse que a atacar. Y lo complicó con su velocidad. La Tricolor jugó apurada y no tuvo cohesión entre líneas. Christian Noboa, que es el reloj, el titiritero y el caudillo de este equipo, perdió frente al terceto compuesto por Willian, Renato Augusto y Coutinho. Le costó el partido y no pudo manejarlo.

De tanto hablarse de la ausencia de Neymar y de los lesionados de Dunga se generó un clima quizás demasiado optimista en Ecuador, como que el partido era fácil. “Es un Brasil remendado”, decían. Pero es Brasil… Y hay un análisis que le baja los decibeles a cualquier triunfalismo: 8 de los futbolistas brasileños que enfrentaron a Ecuador militan en grandes clubes de Europa, son figuras en la Champions. Y eso sin contar la tradición, la historia, que siempre juega en alguna medida. Ecuador lo empató con personalidad y lucha.

La noticia fue que, pese a todas las críticas en que venía envuelto, vimos un Brasil aceptable. No lo descartemos. En este grupo hay tres postulantes para dos lugares: los dos nombrados y Perú. La selección incaica no brilló y ganó con lo justo (aunque merecidamente) a Haití, un equipo combativo, rápido, con buen biotipo físico, que no es fácil. En el minuto 93 con 40 segundos, el haitiano Belfort perdió el empate cabeceando desviado con todo el arco de frente, a dos metros de la raya. Un fallo insólito. Tan clara fue la ocasión de gol que Belfort estalló en llanto y se tiró al piso boca abajo. No lo podían reanimar. De modo que pudo igualar Haití. No evidenció progresos el equipo de Gareca ni despertó entusiasmo entre los periodistas limeños, apenas el triunfo. Perú y Ecuador, rivales directos para la clasificación, se toparán el miércoles en el calor abrasador de Arizona, donde todos los días se supera la marca de 40 grados.

Ramón Díaz, DT de Paraguay, se quejó justamente de los juegos fijados en hora vespertina: “Es una locura jugar con el calor que hace a estas horas”. Costa Rica-Paraguay jugaron a las 6 de la tarde en la calurosa Florida. La misma hora de Venezuela-Jamaica, pero éste en Chicago, una ciudad calurosísima. Aún recordamos el juego inaugural del Mundial ’94 entre Bolivia y Alemania. Hacía 55 grados (ni uno menos). Era inaguantable estando sentado, imaginamos cómo sería jugando. Fue la tarde en que Bill Clinton y Gonzalo Sánchez de Lozada se quitaron el saco, se desanudaron la corbata y se arremangaron la camisa. Aquella tarde en que el mexicano Brizio Carter echó por echar a Etcheverry y Bolivia se paró tieso frente al campeón del mundo.

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