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Argentina vuelve a intentarlo: buen estreno, y sin Messi

Otra buena nueva para Argentina fue la aparición de Nicolás Gaitán, el zurdo capitán del Benfica que ingresó para jugar “de Messi”, por derecha, y rindió más que satisfactoriamente. Muy positivo siempre, de buen manejo y pase acertado.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:33 / 08 de junio de 2016

Argentina se vengó de Chile”, tituló la mayoría de los diarios del continente. En absoluto. Tomarse revancha sería superarlo en la final, que equivale a ser campeón. Aunque fue por penales, eso hizo Chile en la Copa pasada. Argentina apenas le ganó el primer partido del grupo. Si quiere coronarse debe atravesar con éxito cinco más. Y si volvieran a toparse en la última instancia, lo cual es posible, ahí sí podría desquitarse.

Sin embargo, el 2-1 de Argentina tiene valor triple porque venció al dueño de la corona, por haberlo logrado sin Messi, su rey de oro en todos los torneos que protagoniza, y porque saltó sin derribar la valla del debut.

Si algún mérito puede adjudicársele a esta selección argentina es su persistencia en el objetivo de conquistar un título, en el deseo. Reincide una y otra vez con encomiable tozudez. Si no es en ésta de Estados Unidos seguro volverá a intentarlo en Rusia. Tal vez se le dé en algún momento.

Pero es un equipo de raptos, de ráfagas, de ondas, como aquellas transmisiones radiales antiguas en las que uno acercaba el oído y por instantes se escuchaba con nitidez y por instantes se perdía el audio.

Buen triunfo inicial, eso sí, aunque lo de Chile fue tan opaco que obliga a ser muy cauto con Argentina. Como aconteció con Colombia en la inauguración, hay un punto en que uno no puede distinguir con nitidez si está jugando bien por mérito propio o porque el rival lo está haciendo decididamente mal. Los goles argentinos llegaron por dos fallas serias de un volante que descolló en la Copa América 2015: Charles Aránguiz (para muchos analistas, en Chile, fue la figura consular del equipo campeón el año pasado). Quiso salir jugando, perdió la pelota cerca de su área en ambas ocasiones y fueron dos goles. También el notable arquero chileno Claudio Bravo, de brillante actuación en la edición anterior y en el Barcelona, estuvo poco feliz: los goles le entraron por el primer palo, dejando la clara sensación de que podía haber hecho más por evitarlo.

Estaba ahí las dos veces, simplemente la pelota pasó.

Pero ganar en el debut en un torneo de estas características, y al rival más difícil, hace pensar que se puede terminar primero en el grupo.

Aparte, Messi tiene cuatro días más para recuperarse del golpazo en la espalda recibido en el amistoso previo ante Honduras. De modo que son todas buenas noticias para Argentina. Messi sigue muy dolorido y ahora, con el triunfo que clarifica el camino, se está pensando en ahorrarle el choque del viernes ante Panamá para una mejor recuperación. O tal vez ingrese como suplente un rato para ir entrando en ritmo de competencia. Los organizadores de esta Copa la promocionaron esencialmente con la presencia del célebre tridente del Barcelona, pero el trío no tuvo suerte: a Neymar el club lo cedía para un solo torneo y Brasil prefirió alistarlo en los Juegos Olímpicos; Suárez se desgarró, aunque debutaría en el tercer juego, y Leo recibió ese golpe inoportuno que lo paralizó.

Otra buena nueva para Argentina fue la aparición de Nicolás Gaitán, el zurdo capitán del Benfica que ingresó para jugar “de Messi”, por derecha, y rindió más que satisfactoriamente. Muy positivo siempre, de buen manejo y pase acertado. Es una variante que suma el entrenador. Y la defensa, muy firme, en la que los cuatro integrantes son hombres de mucha fuerza y combate, aplicados en la marca. No hay galanes ahí, ningún Beckenbauer, son cuatro custodios en la puerta de una discoteca. Es justo consignarle a Gerardo Martino el mérito de haber descubierto para la selección a Gabriel Mercado, el lateral derecho de River que debió vestir hace años ya de celeste y blanco. Una fiera, un mastín impasable, incorruptible, que no afloja ni se desconcentra ni un segundo.

No es un equipo de estrellas Argentina, como se lo idealiza. Tiene a Messi, desde luego, y a Banega, el crack del Sevilla (pasó al Inter), un íntimo de la pelota, se entiende a las maravillas con ella. Y está la seriedad profesional de Mascherano, su entrega. Los otros tienen días. Como Di María, que bien la puede mandar a la red o al letrero que muestra los cambios y el resultado. Nunca se sabe. Ante Chile mandó una a la red.Los problemas existenciales de Argentina son dos: 1) que necesita casi desesperadamente un título y por ello juega como una final cada vez que salta al campo. 2) Que el técnico quiere un equipo de dominio, de posesión y toque, pero los jugadores no lo sienten y terminan muchas veces dominados y jugando de contraataque. Es bipolar.

Chile terminó desdibujado. Hubo cierto dejo de soberbia al dejar partir a Sampaoli, algo así como “Sí, que se vaya… total acá hay jugadores”.

Pizzi pareció ser el sustituto adecuado en los primeros partidos que dirigió en la Eliminatoria. Pero en Santa Clara el equipo ya no fue el mismo que en la era de Don Sampa. Y como dijo un lector de La Tercera, “basta de reclamar, ahora no estamos jugando en Santiago”. Ese gran caudillo y versátil jugador que es Vidal resultó el ícono del fastidio chileno. Se pasó la tarde-noche renegando con el referí, protestando todo, discutiendo con los rivales, algo así como Édinson Cavani en el México-Uruguay. En el fútbol, o se protesta o se juega. Y el que se enoja, pierde. Fue un Chile apático, muy diferente al de la Copa anterior y, sobre todo, al de la Eliminatoria. ¿Le tendrán paciencia a Pizzi…?

Los medios santiaguinos coinciden en que fallaron las individualidades: Medel, Vidal, Bravo, Aránguiz, Vargas estuvieron desconocidos. Felipe Hurtado, columnista invitado de La Tercera, adjudicó la opacidad de la Roja al apuro y el nerviosismo de todo el equipo: “Para cualquiera en el mundo, caer contra Argentina es siempre una posibilidad. Pero esta vez Chile perdió más que el partido; con su desorden, perdió parte de lo que lo trajo hasta acá”, señaló.

¡Y cuidado con Panamá…! No solo ya tiene tres puntos, es una formación entusiasta, con un poderoso biotipo físico, intenta jugar buen fútbol y tiene algunos nombres interesantes. Por caso, el goleador Blas Pérez, quien fue uno de los artilleros de la Libertadores 2008 jugando para el Cúcuta, y el extremo izquierdo Quintero, habilísimo. Esta selección panameña puede ser redentora para Bolillo Gómez. Encontró los elementos.

México y Argentina han inscripto su nombre en la grilla de los candidatos al título. Aunque va apenas un partido, vale ser cautos.

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