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Otro escándalo arbitral: Perú sacó a Brasil de un manotazo

Brasil no tiene cómo quejarse. En el juego ante Ecuador empató 0-0 porque el juez chileno Bascuñán no convalidó un gol legítimo de Miler Bolaños, en cuyo caso habría perdido. Si los dos fallos hubiesen sido acertados, Brasil habría caído con Ecuador e igualado con Perú y también habría quedado afuera de la Copa.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

08:30 / 14 de junio de 2016

El ilusionante triunfo de Ecuador sobre Haití (más allá de la modestia de Haití)  quedó   sepultado por el gol con la mano de Ruidíaz en el triunfo de Perú sobre Brasil. Uno de esos escándalos arbitrales que sacuden cada tanto al fútbol, y que la velocidad actual del juego los torna más frecuentes cada vez. Una mano sin remordimientos, sin escrúpulos. Comparada, la mano de Dios fue, si se quiere, una mano pacata, Maradona al menos intentó cabecear y metió el puño cuando vio que no llegaba. Esta es mucho más desprejuiciada. Aunque ambas han tenido el mismo efecto y cometido.

Ecuador logró un objetivo triple: su primera victoria en la Copa, la clasificación a cuartos de final (tan anhelada) y regalarse una actuación lujosa, convincente. Los genios mundanos dirán: “Sí, pero ante Haití”. Efectivamente, pero cuando un equipo anda mal, juega mal también ante Haití.

Los organizadores de la Copa, desde luego no muy duchos, determinaron que Ecuador jugara dos horas antes que Brasil-Perú, cuando los tres se disputaban la clasificación por igual. Así, Brasil y Perú saltaban al campo sabiendo ya el resultado de la selección tricolor. De todos modos, esto le vino de perlas a Gustavo Quinteros: no necesitó decirles a sus dirigidos que debían salir a beber vientos y arrasar a los inexpertos haitianos. Lo sabían. Y desde el pitido inicial mostraron un ímpetu fenomenal.

Fue 4 a 0, pudieron ser más. Los cuatro goles llegaron a través de maniobras preciosas, veloces, pletóricas de gestos técnicos y contundencia.

Christian Noboa, el cerebro, el gran jefe y lúcido caudillo de esta selección mandó un pase bochinesco por elevación a Enner Valencia y el brioso atacante aceleró con todo, metió quinta a fondo y definió con el manual: toque justo a un rincón. Golazo que dio tranquilidad e ilusión de componer una actuación de vuelo. El segundo fue otra belleza: exacto pase de Walter Ayoví a Enner apenas pasada la media cancha, eludió una marca, puso la moto de nuevo al máximo y al salir el arquero se la sirvió a Jaime Ayoví para que hiciera su golcito. Luego volvería a escapar para darle otro en bandeja a Antonio, su tocayo de apellido. Fue más SuperEnner que nunca. Vivo, veloz y voraz, las tres v.

El cuarto estuvo a cargo del director artístico del cuadro: Noboa. Control de pecho y volea a la ratonera, una acción de técnica magistral. Noboa es, seguramente, el jugador de mayor categoría que este cronista haya visto en una selección ecuatoriana. Produce futbolistas cada vez mejores Ecuador.

Está para más este equipo. En fútbol dos más dos son nueve y nada es seguro, pero si tiene unos centavos de lógica, debería superar el escollo de Estados Unidos. Uno por uno, es más, colectivamente también. Tuvo suerte Ecuador de que le tocara el anfitrión y no Colombia. Eso es otra cosa, una valla más alta. Pero, bueno, alguna vez debe caer bien la moneda.

Mención para Haití: este fue su primer gran torneo internacional en 42 años; no un Mundial, aunque algo cercano. Sintieron el rigor, pero van a mejorar, como han mejorado Panamá, Venezuela y todos. Poseen un formidable biotipo físico (similar al de Jamaica), que es un buen punto de partida. No son tan horrendos técnicamente, deben aprender a entender el juego, a defender y a lastimar, lo que más les cuesta a quienes recién comienzan. Sin embargo, clasificaron a esta Copa y la protagonizaron. Es un comienzo.  

Y luego el triste espectáculo de un lance importante, definitorio, decidido por un acto antirreglamentario. Ya van tres fallas garrafales en esta Copa. No hay ánimo de defender al referí Andrés Cunha, sí de exculparlo de una posible mala fe: nosotros también creímos válido el gol en primera instancia. Más que eso: debimos ver varias veces la repetición porque en una cámara Ruidíaz pareciera impactar el balón con el muslo (es lo que él afirma); en la otra parece un descarado manotazo. La reacción instantánea, conjunta e indignada de los futbolistas brasileños es un punto de apoyo: vieron mano. Y el mundo también.

Brasil no tiene cómo quejarse. En el juego ante Ecuador empató 0-0 porque el juez chileno Bascuñán no convalidó un gol legítimo de Miler Bolaños, en cuyo caso habría perdido. Si los dos fallos hubiesen sido acertados, Brasil habría caído con Ecuador e igualado con Perú y también habría quedado afuera de la Copa. La clasificación habría terminado con: Ecuador con siete puntos, Perú con cinco y Brasil con cuatro.

Toda la historia del fútbol dice que Brasil no tiene cómo protestar un arbitraje. Salvo el Mundial 66, de donde fue literalmente “echado a patadas” por la violencia de húngaros y portugueses que masacraron a Pelé y compañía, contó siempre con la complacencia de los jueces. Es imposible no recordar “la mano de Tulio”, aquel gol mucho más bochornoso con el que Brasil dejó a Argentina afuera de la Copa América 1995. O los reiterados y alevosos favores recibidos en el Mundial 2002. Y tantísimos más. Por eso el diario Olé tituló la nota del partido con un “Cien años de perdón”. No hay ánimo revanchista, es una realidad indiscutible. Brasil, como Alemania, han sido bendecidos secularmente por los arbitrajes desde que los Mundiales y las copas se televisan.

Está de malas el referato uruguayo: el línea Mauricio Espinosa fue quien no dio el gol de Lampard en el célebre Alemania-Inglaterra del Mundial 2010, cuando el balón pegó en el travesaño y picó casi 50 centímetros dentro del arco. Ahora, Cunha.

El problema radica en seguir manejándose a ojo. Joseph Blatter estuvo 41 años en la FIFA, 24 como secretario general, 17 como presidente. El hombre que se llevó más de 100 millones de dólares en sueldos, bonus, viáticos (la propia FIFA acaba de divulgar lo que se fijaba de ingresos), no quiso nunca implantar la tecnología en el fútbol. Todo avanza de la mano de la evolución tecnológica, menos el fútbol.

Dunga podría seguir los pasos del renunciado Ramón Díaz. Antes algunos tomaban poco en serio la Copa América, hasta se daban el lujo de presentar selecciones “B”. Eso ya no se puede. El que pierde entra en crisis y no es raro que lo destituyan. Nadie sabe cómo resiste Dunga en Brasil: el país entero está en su contra según consignan los medios. No representa al hincha. Este Brasil fue un reflejo más de la declinación de su fútbol sin ángel, sin figuras, sin juego y ahora sin contundencia. Un Brasil que solo le marcó goles a Haití.

Lo simpático del hincha: en Perú ya pedían la cabeza del director técnico; las voces se acallaron tras el manotazo de Ruidíaz. Hasta la mano era malo, Gareca, ¿ahora es bueno…?

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