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Brasil y Venezuela, la parábola inversa

Brasil es uno. Su parábola es inversamente proporcional a la de Venezuela. Por alguna razón, o una suma de ellas, perdió potencial, jugadores y jerarquía. Hace muchos años ya no es el Brasil que encantaba a las multitudes con su estilo único.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:34 / 15 de junio de 2016

Durante muchísimos años, Brasil fue el mejor fútbol de Sudamérica y Venezuela, el peor. La verdeamarela era la número uno, la vinotinto la diez. ¿Qué lugares ocuparán ahora…? La vida es dinámica, el fútbol también, a veces tarda décadas, pero cambia. Nos hubiera gustado ver qué pasaba si esta Venezuela de Dudamel lo agarraba a este Brasil de Dunga. O al anterior de Scolari, o acaso al de Mano Menezes, o al de Parreira… Ninguno de esos Brasiles pragmáticos y sosos le iba a hacer 6 goles a esta vinotinto que, creemos, fue el animador más atractivo y compacto de la Copa América hasta hoy. Primero junto a México en su grupo, invicto, 7 puntos sobre 9, apenas un gol en contra, ¡Y qué gol…! Tecatito Corona tuvo que apelar a una jugada de otra galaxia para vencer al excelente Dani Hernández, arquero de inusual seguridad y sangre fría.

El triunfo sobre Uruguay ratificó las bondades de la victoria ante Jamaica. Y este 1 a 1 con México confirmó el gran desempeño frente a la Celeste. Venezuela está en alza. En Argentina los hinchas hacían fuerza por México para que los de Martino chocaran en cuartos con los de Dudamel. Después del partido la sensación es inversa: eran preferibles los manitos…

Rafael Dudamel ha obrado un milagro que ni El Milagro Alemán. Fue designado entrenador nacional el 1 de abril y esta Copa América es su primera experiencia con la selección mayor. Tomó al último de la Eliminatoria (apenas 1 punto), con la moral por el piso y con graves enfrentamientos con la Federación. Dispuso de solo tres amistosos previos: 0-0 con Panamá, caída 1-2 ante Costa Rica y 1-1 versus Guatemala. Pero los números son secundarios, importa el juego, porque por el juego llegan los números.

Nos lo habían anticipado colegas venezolanos: “A Dudamel le gusta el buen fútbol, los jugadores de toque y ataque, con dinámica y posesión”.

Y en Estados Unidos se confirmó. Sin tiempo para ensayar, sin haber trabajado nunca con los jugadores, armó esta Venezuela atractiva, dinámica, veloz, ofensiva, guerrera, ambiciosa, de excelentes jugadores. Pero, por sobre todas las cosas, logró lo más difícil en cualquier actividad grupal: armonía. Eligió futbolistas dúctiles, los acopló y armonizaron. Su prueba de fuego era México, magnífico equipo que llevaba 21 partidos y más de un año sin derrotas, con apenas un gol en contra en mucho tiempo, y con el apoyo popular multitudinario que siempre recibe el país del Chavo en sus presentaciones.

Venezuela apeló a varios suplentes para conservar a los golpeados y a quienes tenían una amarilla (las amonestaciones se limpian al finalizar la fase de grupos). La estructura no se resintió, la idea tampoco. Antes de los 10 minutos ya ganaba 1-0 con un espectacular gol de tijera del sorprendente zaguero José Manuel Velázquez. México pugnó, pero le llevó 69 minutos poder empatar. Y Venezuela no se metió atrás, buscó cambiar ataque por ataque. Josef Martínez dilapidó el 2-0 estando totalmente solo con el arquero. Hasta que finalmente Tecatito se vistió de Messi, de Maradona, y eliminó o esquivó a Seijas, Rondón, Álex González, Wilker Ángel y Velázquez y clavó un gol que, hasta nuevo aviso, es el gol de la Copa. Sensacional. Claro, habrá algunas decenas de millones que, desde un sillón, demeritarán: “Sí, pero no fue en un Mundial”.

Solo así pudo el Tri quebrar la resistencia de Dani Hernández, que minutos antes había hecho una tapada de asombro, primero ante un cabezazo a quemarropa de Diego Reyes y, tras el rebote, por un derechazo de Chicharito Hernández, ambos a dos metros. Aquí también El Milagro Alemán quedó chico.Estamos disfrutando una Copa espectacular, pródiga en partidos vibrantes (¿no era que iba a ser mala por las desgastantes temporadas europeas…?). Pero más bonito que eso: parejos. Hay paridad, y eso es lo edificante del fútbol. Las equivalencias permiten que cualquiera pueda ganar y la incertidumbre por el resultado es un tesoro que el fútbol jamás debería perder. Hemos visto ya una docena de partidos notables. Nos enfrentamos, como siempre, a un ejército de millones de nostálgicos para quienes todo lo pasado fue mejor. Suponemos que en Venezuela también los hay, ¿los eternos adoradores del pasado también dirán que en Venezuela el fútbol era mejor antes…? Porque antes eran inocentes, endebles, torpes y perdían 11 a 0, 7 a 1, 6 a 2 …

El Ecuador de los años 50, 60, 70, 80 ¿también era mejor que este que lidera la Eliminatoria o que pasó a cuartos en la Copa…? ¿Había muchos Enners Valencias antes…? ¿Muchos Noboas y Arturos Mina y Milers Bolaños…? No, ni por asomo. Éstos son el producto de décadas de superación.

Los hombres de ahora no son mejores que los de antes. Ni los de antes mejores que los actuales. Cambió todo el contexto. Si el fútbol se compone de 50 ítems, 45 han progresado extraordinariamente. Es la lógica evolución de las cosas. Por eso se juega mejor.

Desde luego están quienes no acompañaron ese ascenso. Brasil es uno. Su parábola es inversamente proporcional a la de Venezuela. Por alguna razón, o una suma de ellas, perdió potencial, jugadores y jerarquía. Hace muchos años ya no es el Brasil que encantaba a las multitudes con su estilo único. Los mundiales ganados en 1994 y 2002 tuvieron más el sello de la eficacia que de la grandeza. Fueron equipos utilitarios. Se tornó un fútbol físico, con jugadores de enorme estatura y poca calidad, se llenó de directores técnicos devenidos de la preparación física, extravió su gusto por aquella maravilla llamada Jogo bonito. Tampoco el periodismo fue leyendo los mensajes que el juego transmitía. Juego rústico, mezquino, títulos que se ganaban por el oportunismo de algún crack de turno. Lo mismo en clubes que en selecciones. Hasta derivar en este presente donde ni siquiera hay un monstruo, cuando antes había cinco o seis en cada selección. Se habla de Neymar. Muy interesante sería debatir qué puesto ocupa Neymar entre Pelé, Garrincha, Jairzinho, Gerson, Tostao, Rivelino, Falcao, Sócrates, Zico, Junior, Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho…

Brasil se volvió a casa en primera ronda, echaron a Dunga. Ahora vendrá Tite, un hombre muy respetado. Lo recordamos por su Corinthians campeón invicto de la Libertadores 2012. Era un equipo ordenado, compacto, físicamente fuerte, con marca férrea, que aseguraba primero la retaguardia y luego veía si podía anotar un gol. Eso es Tite: eficiencia. Pero no Jogo bonito. Jogo bonito, hoy, es Venezuela.

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