Marcas

Atención, señores, apareció el campeón

Una selección brilló en su máximo esplendor y fue una máquina, y la otra cumplió una actuación dramáticamente mala.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:58 / 20 de junio de 2016

Atención Colombia...! ¡Barbas en remojo, Argentina...! Apareció el campeón... ¡Y cómo…! Chile 7 - México 0… Es uno de esos resultados en que uno mira los números y vuelve a mirarlos por la incredulidad, pensando que algo no concuerda, como aquel periodista inglés de la agencia UPI (United Press International) que en el Mundial del 50 recibió en Londres un despacho de la corresponsalía en Brasil que rezaba “Estados Unidos 1 - Inglaterra 0”. Sin inmutarse, aspirando parsimoniosamente su pipa, devolvió el cable con un simple “Error de información —stop— repetir please”.

Pero la noticia era correcta: con un insólito rejuntado de extranjeros y nacionales, el país del béisbol acababa de vencer al del fútbol. ¡Y en un Mundial…!

Así le pasó este domingo a muchas personas que no habían podido ver el encuentro por diversas razones el sábado a la noche y se enteraron por la mañana. “¿7 a 0…? ¿Cómo es posible… qué pasó?”. Se reunieron dos factores extremos: una selección brilló en su máximo esplendor y fue una máquina, y la otra cumplió una actuación dramáticamente mala.

Es, sin dudas, una de las palizas más memorables de la historia de la Copa América y del fútbol continental, sobre todo porque hoy este deporte está muy igualado y la mayoría de las fuerzas son parejas. Y por tratarse de México, que si bien es un medio que siempre está con su ego por encima de su realidad, es una fuerza considerable. Y que esté bien contento, pudieron ser 10, acaso 12 goles.

Chile lució extraordinario del 1 al 11, sobre todo el 11, Eduardo Vargas, que hizo cuatro goles y que confirma, una vez más, su sensacional relación con la red. Nos recuerda a un gran delantero uruguayo, Manteca Martínez. Fuera del área era un jugador de cuatro puntos, cinco con suerte; dentro de las 18 yardas era una enciclopedia, sabía todo, resolvía con precisión, frialdad y lucidez.

Cuando la superioridad de un equipo sobre otro es tan abrumadora hay un punto en que se torna nebuloso el mérito. Uno no puede saber con exactitud cuánto de maravilloso hay en el ganador y cuánto de catastrófico en el perdedor. Pero no hay duda de la categoría del equipo chileno, pletórico de figuras y con una armonía de juego ciertamente envidiable. Más allá de las fragilidades de marca y anímicas que exhibió el Tri, Chile parece haber encontrado el punto óptimo de su juego, el que le dio la Copa América anterior y el que lo torna ya primer favorito a conquistarla de nuevo. Es el mismo plantel de 2015 con la excepción del volante ofensivo Jorge Valdivia, quien actúa en el Al-Wahda de Emiratos Árabes y al que el técnico Pizzi no vio a la altura del compromiso. Lo sustituyó con Edson Puch, quien le respondió con dos goles.

¿ Cuál es el secreto de este formidable equipo de la Roja…? En primer lugar, una generación brillante que le permitió reunir en un mismo momento a figuras como el arquero Bravo, los zagueros Medel y Jara, Vidal, Alexis Sánchez, Eduardo Vargas… Segundo, en casi todos los equipos del mundo, los dos volantes de marca, los dos tapones en general son gente de fuerza, lucha y quite, pero con poco juego, y escasa ductilidad con el balón. En Chile son dos fenómenos: Marcelo Díaz y Aránguiz. Ahí está el gran secreto de la Roja. Marcelo Díaz, el Xavi chileno, decide cómo se juega el partido. A los diez minutos él ve si hay que atacar y por dónde, si hay que contraatacar y con quien, si hay que tocar, replegarse, abrirse, juntarse, acelerar o enfriar.

Domina todos los secretos del juego. Estamos hablando de un futbolista de inteligencia notable. Pasa muchas veces inadvertido porque tiene cero prensa; además deja el ampuloso papel de caudillo a Arturo Vidal, pero el líder futbolístico es él. Es quien pergeña la estrategia, el que lee cómo viene el partido y cuál es la mejor forma de encararlo. El típico “5” de calidad, como hubo tantos en el fútbol, como Christian Noboa en Ecuador o Luka Modric en el Real Madrid. Si además de marcar, el centrocampista es un gran distribuidor y un brillante organizador, su equipo corre con ventaja. Y al lado tiene a Charles Aránguiz, que más allá de los dos errores frente a Argentina que costaron los goles, es otro magnífico volante que trabaja en la recuperación y en el armado a favor de su buena técnica, y hasta llega al arco rival por su buena pegada. Y es un socio perfecto de Díaz.

Los partidos se ganan en el mediocampo, que es la cocina del fútbol. Y allí Chile manda. Con tal respaldo, los otros dos volantes tienen mayor libertad para crear y acompañar en ataque. Vidal cumplió una actuación fabulosa, Alexis Sánchez complicó con su habilidad y velocidad, sus frenos y enganches repentinos, y también fue un compinche ideal para Vargas. Chile se postula seriamente para la final. Y para ganarla. No estamos diciendo que ya es campeón, sí que tiene todo el fútbol para aspirar a serlo.

México fue un compilado de errores, un grupo sin alma, sin fuerzas, entregado. Ningún equipo que exhibe esa flojedad está bien con su técnico, y nadie que pierde 7 a 0 hizo bien su trabajo. Hablamos de Juan Carlos Osorio. Evidentemente, el DT no ha logrado transmitir una idea ni crear una mística. El fútbol no son solo planillas, pizarras, esquemas y flechas, es hablar, convencer, estimular, una palabra y una palmada en el momento justo, un grito bien pegado. Rafa Márquez pidió un voto de confianza para Juan Carlos Osorio. Ya que está que pida siete. Y ni así. Por más confianza que consiga reunir el técnico colombiano, hay lugares de donde no se vuelve. El ridículo es uno de ellos. Ya salieron directivos a decir que tiene todo el respaldo para seguir. El respaldo, si lo hay, lo va a demostrar el hincha en el próximo compromiso por las eliminatorias. El veredicto lo va a dar el soberano.

Recibió la peor derrota de su historia en torneos oficiales. Llevaba 22 partidos sin perder, pero ésta vale por veintidós. Pasarán años hasta que quede sepultada por el olvido. ¡Qué palo…! ¡Cómo están celebrando los países centroamericanos y vecinos de México, que siempre tienen esa rivalidad futbolera con ellos…!

Antes del histórico 7 a 0, Argentina consiguió un engañoso 4 a 1. Induce a pensar en una goleada, en gran actuación, pero fue un encuentro bastante raro, en el que no jugó bien el equipo albiceleste, que brilla en los números con éxito, no en el juego. Venezuela, con mejor fútbol, lo tuvo contra las cuerdas largo rato. Pero falló en las dos áreas. Y eso, a este nivel, se paga a precio cruel.

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