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La nueva primavera de Cristiano Ronaldo

El Real Madrid se regaló una actuación formidable, casi inusual para una semifinal, al golear al Atlético por 3 a 0.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:30 / 08 de mayo de 2017

Aplastó al Atlético como en los viejos tiempos de los ’80, los ’90 y la primera década del 2000. Y puso los dos pies en la final de Cardiff. Ahora solo le falta el cuerpo. El Real Madrid se regaló una actuación formidable, casi inusual para una semifinal de Champions, y más contra un rival clásico, que habitualmente vende cara su piel. Fue tal la desproporción de fuerzas y aptitudes que el analista empieza a dudar si fue todo mérito del vencedor o parte responde al descalabro y la insólita tibieza del derrotado. Pero no, fue todo causa y efecto de la magnífica prestación blanca, de su abrumador dominio futbolístico. Que no alcanzó el lujo, aunque lo bordeó.

 El Atlético menos simeonesco de la era Cholo, fue un ejército muy inferior. Se pareció a un saquito de té, frágil, endeble, que se rompió de nada apenas lo apretaron un poco. Pero sería caer en la torpeza decir que la brillantez del Madrid fue posibilitada por la opacidad del Atlético. Esto lo advertimos en la victoria blanca por 2-1 sobre el Bayern en Múnich. Muchos lo adjudicaron a que los alemanes jugaron los últimos 30 minutos con 10 efectivos. Pero si un equipo juega mal, hasta contra nueve juega mal. O gana, pero sin lucir. Esa vez el Madrid también fue una orquesta que no falló una sola nota. Y no goleó debido a Neuer. Ojalá esté comenzando una nueva era del Real Madrid, un tiempo de ganar dando espectáculo.

Sin embargo, la gran novedad futbolística de la semana es la confirmación de esta flamante primavera de Cristiano Ronaldo, no ya por sus tres goles al Atlético de Madrid, a cual mejor y todos distintos, con un cabezazo matador el primero, a fusilar el segundo y con un toque de cazador el tercero. La noticia es su fenomenal reconversión futbolística. Desde luego, nos seducía más aquella versión Manchester United donde jugaba por afuera y era gran factor de desequilibrio con su pique y penetración. Ahora, en camino a los 33 años, entendió que por las bandas ya no podía desnivelar, le faltaba frescura física y nunca le sobró la técnica para el mano a mano sin velocidad. Tampoco para crear juego. Entonces se metió al área y se convirtió en un 9 puro. Allí no necesita gambetear ni transportar ni desbordar. Nótese que en estos últimos 8 goles en Champions (5 al Bayern y 3 al Atlético) y el otro al Valencia en Liga, ninguno fue de fuera del área ni de penal o tiro libre, que eran las fórmulas que lo venían sosteniendo como artillero. Ahora son casi todos en las adyacencias del punto penal. Está jugando de Lewandowski.

Así alcanzó esta impresionante versión hipergoleadora. Para esa función está impecable atléticamente y puede seguir masacrando arqueros por bastante tiempo más. Allí en las 18 hace valer su extraordinario remate de cabeza o con los pies (siempre empala bien la pelota). Se las ingenia para encontrar un espacio y un tiempo para impactar la pelota. Y muchas veces no precisa siquiera dominarla, le llega, le pega y adentro. En esa capacidad notable para hacer red destaca especialmente el cabezazo, en el que se juntan tres factores: su buena estatura (1,85), su fantástica impulsión y la impecable técnica de cabeceo. Un testazo suyo casi siempre es gol por dirección y potencia. Nunca cabecea con la oreja, siempre es parietal.

Claro que, antes del remate están sus otras dos virtudes excepcionales: A) un grado de concentración como solo poseen los grandes deportistas de todos los tiempos. Ronaldo nunca está distraído ni desanimado, tampoco se ruboriza por algunos fallos técnicos, sigue buscando con la misma fe. B) el movimiento constante que le permite desmarcarse en todas las jugadas y anticiparse a los defensas. Pero también la inteligencia y el cuidado personal. En su magnífico libro Liderazgo, Alex Ferguson refiere que ya de joven en el United  el portugués tras los partidos hacía sin falta sesiones de crioterapia para recuperar el desgaste de sus músculos, con lo cual se logra un 20 por ciento más rápido y, según dicen los expertos, hasta un 50% más con relación a quienes se fuman un cigarrillo y se beben unas cervezas tras el partido.

Cuando el Real Madrid pagó por su pase 91 millones de euros (en junio de 2009 pareció una cifra demasiado elevada, pero Cristiano demuestra, una vez más, que si la elección es buena, el costo no reviste ninguna importancia. Hoy, con 400 goles y 11 títulos para la Casa Blanca, esos 91 millones (100,1 millones de dólares) son una anécdota, un chiste. Y eso sin contar los extraordinarios beneficios en cuanto a popularidad, imagen y réditos económicos a favor del club. El Manchester United se lamentará durante décadas el haberlo perdido.

Con su última tripleta, CR7 alcanzó los 598 goles oficiales entre clubes y selección según el seguimiento que lleva la revista El Gráfico desde hace cinco años. El registro contabiliza solo goles de partidos de Liga (Primera División o Segunda), Copas nacionales (Copa Italia, Copa Inglesa, Copa del Rey, etc.), copas continentales (Champions League, Libertadores, Sudamericana), copas internacionales (Mundial de Clubes, Intercontinental), Supercopas, Recopas, incluso algunas que ya no se disputan como Copa Mercosur, Mitropa Cup). Eso entre clubes. Y de selecciones, partidos de competencias oficiales (Eliminatorias, Copa América, Eurocopa, Copa del Mundo) y amistosos oficiales entre selecciones A”. No se computan amistosos entre clubes, copas de verano, partidos a beneficio o de despedida, amistosos de selecciones contra clubes o frente a selecciones juveniles.

Vale agregar que son 598 goles convertidos en el máximo nivel posible de competencia: las ligas de Inglaterra y España, las competencias europeas y mundiales. No hay más que eso.

Cuando comenzó  ese ranking (acaba de ser actualizado en la edición de mayo de la revista) Cristiano Ronaldo ocupaba el puesto 75º con 352 tantos. Hoy está 7º y amenazando al sexto, que es su compatriota Eusebio (624). Sumó 246 impactos, a un promedio de 49,2 por año. El primero de la lista es Romario con 762 goles, o sea 164 más que CR7. ¿Lo alcanzará el ícono madridista…?

Hemos tenido la suerte de disfrutar de uno de los grandes goleadores de la historia en tiempo presente. Y puede que le queden ciento cincuenta goles más en la cartuchera. Hasta podría ser el número uno de todos los tiempos, quién sabe. La única duda es alguna lesión y cómo impactarán en él los años. Hoy tiene 32 y 3 meses. Zlatan Ibrahimovic es un buen espejo donde compararlo: está cerca de los 36 años y hasta la rotura de ligamentos que sufrió hace unos días llevaba 28 tantos en el Manchester United, un número alto. Con un físico mucho más liviano que el sueco (95 kilos contra 80), Ronaldo podría estirar su carrera otros cinco años. Es más: cuando a fines del año pasado el Real Madrid le renovó el contrato hasta 2021 sonó a exageración, sobre todo porque no atravesaba un buen momento futbolístico (básicamente se lo veía peleado con la pelota). Ahora la vemos como una decisión acertadísima.

En esa lucha sorda que tienen con Messi nos han regalado 10 o 12 años de oro que el fútbol mundial sabrá agradecer con una palabra: posteridad.

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