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Calma, los cambios en las reglas mejorarán el juego

Es cuestión de acostumbrarse. Pero lo haremos, y el juego será más limpio, y como tal, mejor. Un dato de la realidad: las tres veces que se utilizó en esta copa, fueron tres aciertos.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

11:04 / 26 de junio de 2017

El 5 de marzo de 2016 será posiblemente, con el tiempo, una fecha histórica para el fútbol; no a raíz de un suceso en el campo de juego sino por un acto administrativo: ese día, a 130 años de su fundación, el International Board (IFAB) aprobó, por fin, la aplicación del video para decidir en jugadas polémicas. Después de mucho oponerse, fue su medida más revolucionaria en tantísimo tiempo. El VAR (Referí Asistente de Video en español), lo estamos viendo en la Copa Confederaciones, está aún en fase experimental y origina disímiles comentarios; algunos lo aceptan, otros que pedían a gritos la tecnología se arrepienten y prefieren seguir como antes. Sin embargo, se ha demostrado que sirve y ya no tiene retorno. Es cuestión de acostumbrarse. Pero lo haremos, y el juego será más limpio, y como tal, mejor. Un dato de la realidad: las tres veces que se utilizó en esta copa, fueron tres aciertos.

"Estamos muy contentos con el VAR, es una nueva herramienta y, como todas las herramientas nuevas, requiere tiempo de aprendizaje e implantación. Pero en la Copa Mundial Sub-20, se revisaron 12 decisiones con el VAR, y algunas, si no se hubieran modificado, habrían podido cambiar la competición, porque algún equipo habría quedado eliminado en lugar de otro”, explicó el suizo Massimo Busacca, Director de Arbitraje de la FIFA. Justamente, lo que se espera no es alcanzar un 100% de precisión en cada uno de los fallos del juez, sino evitar decisiones claramente incorrectas que pueden inclinar la balanza, como goles, penales, situaciones de tarjeta roja y confusión de identidades.

No obstante, el VAR no viene sólo, lo acompañará una batería de cambios que se están preparando, y que serán anunciados oficialmente tras la 132ª reunión anual del Board en la sede de la FIFA en marzo de 2018. El año pasado, en esa misma asamblea que autorizó el VAR, se presentó la revisión completa de las Reglas de Juego, trabajo que demandó 18 meses a un equipo del International Board liderado por David Elleray, exárbitro inglés. “Se clarificaron las reglas, se corrigieron, mejoraron y se abreviaron los textos para una mejor comprensión de todo el mundo”, dice Elleray.

El ambiente del fútbol se asustó recientemente con las propuestas de Marco Van Basten, que parecía querer inventar otro deporte, y ahora tembló cuando se anunciaron nuevos cambios, algunos revolucionarios como jugar los partidos en dos tiempos netos de 30 minutos. ¿De dónde surge todo esto…? ¿A qué viene…? ¿De verdad van a estropear nuestro querido juego…? Por una vez en 130 años, el ultraconservador International Board parece llevarle la delantera a la FIFA en el afán innovador y ha elaborado, precisamente a través de Elleray, un plan denominado Play Fair! (juega limpio), basado en tres objetivos:

1) Mejorar el comportamiento y aumentar el respeto.

2) Aumentar el tiempo de juego efectivo.

3) Aumentar la equidad y el atractivo del juego.

Cada objetivo reúne varias ideas para aplicar, las cuales están en tres estados: a) Listas para adoptar; b) Para ser experimentadas; c) Para análisis.  El primer punto ataca específicamente las protestas colectivas de un equipo al árbitro, cuando lo rodean e increpan. Por ello acrecienta la figura del capitán: será el único que podrá dirigirse al réferi en situaciones polémicas. Sugiere: ser mucho más firme con los jugadores que “intimiden” al árbitro o árbitros asistentes, es decir, utilizar más amonestaciones (tarjetas amarillas). Y atención a esto: habrá penalizaciones o pérdida de puntos para un equipo responsable de “intimidación”.

El punto 2, focaliza las pérdidas de tiempo, deliberadas o no. Dice: “Cuando se indica el tiempo adicional, el cuarto árbitro suele conceder 1 minuto al final de la primera parte y 3 al final de la segunda, pero la cantidad de tiempo perdido en las paradas del juego suele ser mucho mayor. Se deberá exigir a los árbitros que sean muy estrictos en calcular el tiempo adicional, deteniendo su reloj de este modo: en penales, goles, lesiones, cambios, etc., deberá contar el tiempo desde que se interrumpe el juego hasta que se reanuda. Así podría haber reposiciones de 10 ó 12 minutos como mínimo. Y está bien, se demora escandalosamente, sobre todo en los tiros libres. También deberán controlar que los arqueros no retengan la pelota más de los 6 segundos permitidos (ahora llegan hasta 15 segundos con la bola en la mano). Aquí se desliza que una posibilidad sería instalar una mesa de control para jugar tiempo neto, pero esto como análisis para el futuro. Si los árbitros cronometran bien, no será necesario.

Para ganar tiempo, se permitiría que un jugador que es objeto de falta, cuando el juez otorga el tiro libre, apoye la pelota en el suelo, haga un toque a sí mismo (autopase) y siga con el balón si así lo quiere. Igual en los córners, para que tenga la ventaja la víctima y no el infractor. Lo mismo cuando un arquero o un zaguero quieren hacer rápido un saque de meta, permitir que lo hagan con el balón en movimiento.

En el tercer objetivo, que habla de equidad, señala: si un jugador marca un gol con la mano, debe ser expulsado, así como es expulsado quien salva un gol del mismo modo. Aunque esto será sometido a análisis. En este apartado ya rige una resolución: jugador que es víctima de una falta sancionada con tarjeta amarilla o roja, puede ser atendido en el campo, para no dar ventaja numérica al bando infractor. Todo es en favor del que busca jugar, agilizar.

La iniciativa debe ser bienvenida, no hay que temer: el fútbol seguirá siendo fútbol, pero mejor. El periodismo quizá fue un poco alarmista. Van Basten, quien tuvo que abandonar el fútbol por las bestiales patadas que recibió en los tobillos, lo explica: “El Play Fair! se centra en mejorar la conducta de los jugadores, incrementar el respeto, los minutos de juego, la equidad, y en preservar el atractivo del fútbol".

En 2012 ya se había autorizado el chip en el balón para determinar si es gol o no en casos de duda. En 2013 se universalizó el uso del aerosol para la distancia de las barreras (resultó muy eficaz). En 2016, el VAR. Ahora es el turno de las deslealtades y la prepotencia. A fuerza de críticas de la prensa y los hinchas, la FIFA y el Board se fueron moviendo.

Luego está, como siempre, el criterio del árbitro, porque tampoco es posible parar por todo. En el gol de Chile frente a Alemania, en Rusia, el alemán Mustafi hizo una entrada criminal sobre Arturo Vidal; al instante, Alexis Sánchez marcó gol y la falta quedó tapada, pero el juez iraní Faghani no sacó ni amarilla. Era roja directa y una noche de calabozo. Si no hay sentido común, no hay regla que sirva.

(26/06/2017)

 

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