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¿El fútbol está sobrevalorado…?

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:05 / 29 de enero de 2018

Creo que el deporte en general y el fútbol de manera especial están totalmente sobrevalorados”, nos escribe un lector. Alude al contrato de Alexis Sánchez, nueva estrella del Manchester United, que el viernes debutó discretamente con los Diablos Rojos en un partido de Copa Inglesa.

Alexis pasó a ser el jugador mejor pago de Inglaterra con 28 millones 497.000 dólares al año, lo que significa 559.000 a la semana o bien 79.894 por día. Supera a Cristiano Ronaldo (26 millones de dólares). Solo está por detrás de Messi (57 millones de dólares), Neymar (44 millones de dólares) y el brasileño Oscar (29 millones de dólares), quien actúa en el Shanghai SIPG FC, de la Superliga China. Justamente esta tabla de mayores ingresos es la que exaspera a Cristiano: empiezan a superarlo muchos y quiere un nuevo contrato, pero Florentino Pérez acaba de decirle claramente: “No hay dinero para una mejora”. ¿Aguantará el Balón de Oro ganando esa “miseria” hasta 2021…?

La polémica se aviva: “Es un disparate que un futbolista, por patear una pelota, gane cien veces más que un médico o mil más que un maestro”, agrega otro contertulio. Bueno, no es tan sencillo, primero hay que saber patearla… Si no, iríamos todos al Manchester. Pero ese no es el punto.

El futbolista gana un estimado de lo que produce, lo que aproximadamente determina el mercado. No hay una tarifa. Es un libre juego de oferta y demanda. Adicionalmente, el fútbol es una actividad privada, no le quita dinero a la salud ni a la educación ni a los jubilados. El Manchester United pertenece a la archimillonaria familia estadounidense Glazer, dueña de los Tampa Bay del fútbol americano, que posee asimismo centros comerciales y docenas de otros negocios y compañías diversas. Avram Glazer, copresidente del United junto a su hermano Joel, es uno de los 70 individuos más ricos del mundo según la revista Forbes. De modo que no hay por qué preocuparse: Alexis no le quitará el pan de la boca a sus empleadores. El Manchester tampoco peligra: acaba de difundirse, esta misma semana, que fue el club de fútbol con mayor facturación del mundo en 2017: 840,5 millones de dólares. Si le paga al chileno 28 millones de dólares es porque puede hacerlo y porque un estudio pormenorizado les arrojó que es un buen negocio: puede ser provechoso deportiva y económicamente. Por otra parte, según confiesa el exitoso empresario Michael Moritz, coautor con Alex Ferguson del libro Liderazgo, los ingresos del United en un año lo ganan Facebook u otras empresas en 80 horas. Los Glazer incursionan en esos negocios.

Alexis (29 años el último diciembre) no terminó de soltarse nunca en sus tres temporadas en el Barcelona, no se definía ni como armador ni como atacante, pero ya en su primer año en el Arsenal aparecieron todos sus brotes verdes y su juego floreció de manera esplendente, encontró por fin su posición ideal, pendulando por detrás de los delanteros de punta y se tornó un jugador fantástico. Incluso nunca había tenido tanto gol. Marcó 80 en 166 partidos (más 42 asistencias). Es una superfigura de la Premier que, si Mourinho no le ata las alas, debería mejorar a este Manchester rústico y elevarlo a otra categoría. Es de lejos el profesional de más calidad y desequilibrio de ese plantel y está bien que sea quien más cobre. El único contratiempo (para el club) es que un contrato de esa naturaleza despierta el apetito del resto y aumenta la masa salarial.

El fútbol es seguramente la mayor pasión de la sociedad contemporánea y, como tal, una industria que se codea con las del turismo, el petróleo, las comunicaciones, las alimenticias, las tecnológicas, las automotrices, la banca y otras. Con la peculiaridad de que en muchos países (latinoamericanos mayormente) son sociedades civiles. Y pésimamente manejadas. Por eso las cifras que llegan de Europa nos parecen astronómicas, hasta obscenas. Pero en una mayoría de naciones son clubes-empresas que, con vicios o errores, están bien conducidos y generan ganancias, prosperan.

También los representantes de Alexis hacen un estudio previo y piden lo que estiman vale el jugador y el número que pueden negociar de acuerdo con el momento, la edad y sus condiciones. El agente no le solicitará 29 millones de dólares al Leganés ni al Granada.

 “El dinero debe estar en el campo, no en el banco”, decía Johan Cruyff y está perfecto. Más allá de una saludable administración, los clubes están para dar alegría a sus hinchas y cuanto más y mejor reinviertan, más posibilidades tienen de lograrlo. El círculo virtuoso actual es mejores jugadores = más éxitos = mayores ingresos. Claro, siempre se vuelve al punto cero: saber de fútbol. Contratar con buen ojo y tener un excelente entrenador. Sin ello no es redituable gastar grandes cantidades. Otro punto crucial es que, por importante que sea el marketing, nunca puede estar por sobre lo deportivo. No se debe fichar un futbolista para vender camisetas. La esencia de un equipo es competir e intentar ganar títulos antes que dinero. Con esa finalidad fueron fundados los clubes.

Hay, sí, una inflación en el fútbol actual en los fichajes y en los contratos. Pero esto es producto de la montaña de dinero que la actividad genera.

La prueba de la salud de este deporte es que, pese a lo que ganan los futbolistas, los clubes son cada vez más poderosos y cada año se suman nuevas ligas fuertes para pujar, lo que eleva el precio de los cracks. El Atlanta United, de la MLS, pagó 17,5 millones de dólares por Ezequiel Barco, un chico de Independiente de 18 años. Y es una ganga. No hay que temer por la salud del Atlanta, lo amortizará o hasta hará negocio con él.

Los deportistas de otras disciplinas suelen cargar contra los salarios millonarios que perciben los futbolistas frente a las estrecheces con que ellos se mueven. Pero el fútbol no es culpable de su popularidad ni de las fortunas que moviliza. No se llena un estadio para ver a un levantador de pesas o a un esgrimista. Ninguna cadena televisa el ajedrez.

Hemos visto que mucha gente en Colombia se pregunta quién le va a pagar el contrato a Pekerman. La Federación Colombiana de Fútbol, pues, con sus muchos ingresos. La FCF no es un órgano estatal y no recibe aportes del Estado, más allá de algún beneficio fiscal. A cambio, el fútbol entretiene, entusiasma, satisface, da trabajo a miles de personas.

Definitivamente, no, el fútbol no está sobrevalorado. Genera demasiado dinero y está bien que se lleven una buena porción los artistas y no solamente el empresario.

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