Marcas

Los habitantes del planeta-pelota

Todos y cada uno cambiamos de rostro para irnos por un mes a ese otro mundo.

La Razón (Edición Impresa) / Ariadne Ávila

09:14 / 13 de julio de 2018

Cuando empieza el Mundial, el planeta se convierte en pelota y la vida se hace más emocionante para muchos habitantes de la Tierra (ya sea que su selección haya clasificado o no haya podido lograrlo). Dentro de ese planeta-pelota las realidades del día a día cambian de muchas formas, y todos, los que gritan y los que no gritan gol, se convierten en otros.

¿Quién seré durante la Copa, quién será el vecino durante el Mundial? Las posibilidades son infinitas, pero existe una respuesta que es siempre acertada: “serás otro(a)”. Te guste o no el deporte, te apasione o no el fútbol, la vida en el planeta-pelota te cambiará. No hay absolutamente nada que hacer al respecto. Y es que se respira un ambiente diferente en todas partes, se respira un aire lleno de emociones y movimiento.

El cambio de los más fanáticos es evidente y se nota a leguas. Si no han conseguido el dinero suficiente para irse a ver en vivo los partidos hasta otro país, están dispersos por la ciudad, ausentándose de la Universidad o el trabajo para no perderse nada, hablando a voz en cuello con todos sus iguales, causándose tortícolis de tanto girar la cabeza en almuerzos, reuniones, cumpleaños infantiles y otras actividades similares para tratar de ver ese gol que definirá el destino del planeta-pelota. Ellos son los más enterados de muchas cosas; sin embargo, si de algo no se han dado cuenta es de que el fútbol es muchas cosas, y no todas ellas son fútbol.

Ahora sí podemos hablar de esos grupos grandes que aparecen en la época del planeta-pelota y que no necesariamente gustan del fútbol. Por un lado, están las (y también los) que miran partidos de Alemania, Brasil, Portugal y todos esos equipos que prometen mostrar hombres guapos y atléticos corriendo tras un balón. Saben lo que es un gol y ya está, tal vez le van al equipo de su crush platónico, pero nada más. Estas personas encuentran en el fútbol lo que otros y otras en Miss Universo, entretenimiento estético.

En el planeta-pelota también están los que han comprado un pasaje mental a la luna; esos que se casan justo a la hora del partido, esos que no tienen idea de lo que es el VAR y a los que no les preocupa que goleen a su propio país. No son gente mala, solamente son personas a las que nadie les ha dicho lo vivificante que es mirar a detalle el planeta-pelota. Son distraídos, eso sí. Muy, muy distraídos.

Entre los habitantes no futboleros del planeta-pelota también se encuentran esos que si no se pegan una etiqueta de “no entiendo nada de fútbol” es porque no se dan el tiempo de hacerlo. No son gente mala, pero sí ruidosa y molesta. Son esos que organizan una salida entre amigos justo a la hora de la final (no importa si es desayuno, almuerzo, cena, o comida de madrugada; cualquiera vale con tal de interrumpir el ritmo del planeta-pelota) y se enojan con todo el mundo porque nadie ha ido. No pueden decir que no les gusta el fútbol y ya, tienen que explicar lo espantoso que es habitar en el mundo cuando todos están en el otro mundo, el mundo del Mundial. Sin embargo, no se dan cuenta de que ellos también habitan ese mismo mundo, pero de otra forma, siendo los ruidosos que quieren “salvarnos”, ¿de qué?... No sé.

Un grupo cercano al anterior, pero mucho más complicado, es el de los que han entrado en negación. Sí, esas personas que le gritan al vecino lo horrendo que es el fútbol y lo poco interesante que les resulta; pero que miran de reojo absolutamente todo y se encierran en el baño a llorar cuando su selección (o la de su agrado) es eliminada. Éstos divierten por la notoria contradicción existencial que viven en la época del planeta-pelota.

Si nos vamos al otro extremo de arquetipos, nos encontramos con gente que ha perdido su evolución humana: hooligans, quema-banderas, desubicados y todos esos seres oscuros que mendigan un poco de la adrenalina que no pueden vivir porque no patean la pelota en la cancha. Y es que esa es la razón de tanta rabia, de tanta locura, no tener el control. Existe una locura sana, que consiste en festejar, en llorar, en gritar; pero la que ellos muestran es enferma. Aman a su selección y toman cada partido como una cuestión de vida o muerte.

Este último grupo existe también en el mundo de todos los días, pero es en el planeta-pelota que se encuentran y comienza la guerra mundial.

Otro de los grupos es el de la gente que cambia de rostro durante la época del Mundial sin querer: aquellos que, por una u otra razón, se hacen virales. Es el caso de la chica “Hablo español, pendejo”. Si no la conoces todavía, es una mexicana de padres coreanos a la que un youtuber quiso molestar riéndose de “su equipo”; ella se enojó y le respondió hablándole en español a la cámara del celular. La chica ahora tiene un canal de YouTube en el que solamente hay un video y ya tiene más de 10.000 suscriptores. Se hizo viral y ahora será famosa en el mundo de YouTube.

Así, cada quien, queriendo o sin querer, habita a su manera en el planeta-pelota. Ya sea un amante enloquecido del fútbol, o uno de esos distraídos que parece habitar en Marte, todos y cada uno cambiamos de rostro para irnos por un mes a ese otro mundo. Un ejemplo de ello es que en Rusia se han prohibido los celulares en las iglesias durante las bodas que se celebren a la misma hora que un partido. ¿Quién se casa a la hora de un partido del Mundial?, seguramente un par de distraídos. Sin embargo, ¿quién ignora a su primo el día de su matrimonio?, seguramente una de esas personas que viven en el planeta-pelota con emoción y felicidad.

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