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El ‘Profe’ Aramayo es toda una institución

Fue jugador y Técnico de Bolívar, pero su principal amor fue trabajar en la divisiones inferiores. Gatti Ribeiro, Joaquín Botero y Leonel Reyes, entre otros, fueron algunos de los jugadores que promovió desde la reserva.

Erwin Sánchez (izq.) ríe a carcajadas mientras saluda al profesor Abdul Aramayo.

Erwin Sánchez (izq.) ríe a carcajadas mientras saluda al profesor Abdul Aramayo. Miguel Carrasco.

La Razón / Jorge Asturizaga / La Paz

01:51 / 15 de abril de 2013

Abdul Aramayo es una institución dentro de Bolívar. Fue jugador del club, también técnico; sin embargo, lo que más y mejor hizo fue formar jugadores para el primer plantel. Es en esa faceta en la que se le recuerda al Profe, quien con cariño llamaba changos a los futbolistas que pasaron por sus manos.

Joaquín Botero, Luis Ribeiro, Daner Pachi, Leonel Reyes, Juan Enrique Bustillos, Mario Ovando, Luis Torrico y Darwin Cuéllar, entre otros, son algunos de los muchos jugadores a los que dirigió en las inferiores de la Academia y luego los puso a disposición de los entrenadores del primer plantel.

Pero no es sólo eso. También supo guiar a futbolistas que llegaron al club hechos, como Erwin Romero, Erwin Sánchez o Marco Antonio Etcheverry. Los tres aterrizaron en Tembladerani cuando Aramayo formaba parte del cuerpo técnico.

Abdul Aramayo cuenta que en una oportunidad Mario Mercado Vaca Guzmán les dijo a los miembros de su directorio que la palabra de Abdul era la definitiva para saber si uno era buen jugador.

Cuando se le pregunta al Profe cuál es el secreto para saber si un aspirante a futbolista tiene cualidades técnicas, no duda y dice: “Basta con verle a los ojos. Para mí eso era suficiente para darme cuenta si uno era bueno o no lo era. Además Mercado confiaba en mí porque era honesto con él, nunca le he sacado un peso. Fui su amigo, me quería mucho”.

El homenaje organizado por la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) a los campeones del Sudamericano de 1963 en Santa Cruz fue la ocasión para encontrarlo y hablar de fútbol. Está un poco delicado de salud, pero no pierde el buen humor que le caracteriza.

Maestro. En la capital oriental recibió el saludo de varias exfiguras, uno de los primeros en acercarse a Aramayo fue Etcheverry, quien dijo: “Abdul era mejor que yo en la cancha”. El Profe respondió con un gracias y le agarró la cabeza y sostuvo: “Dios no quiere que me vaya porque todavía tengo que cuidar al Diablo, un buen jugador y además famoso”.

Luego fue el turno de otro histórico como Erwin Sánchez. Está fresca en la memoria de Platini cuando lo vio por vez primera. En 1989 llegó a Tembladerani y Aramayo era ayudante del técnico Jorge Habegger. “‘Esos centros me desesperan’, nos decía al grupo y luego él pateaba y lo hacía bien”. También era muy activo en el  gimnasio. “No era novedad verlo levantando más peso que nosotros, por eso es que hasta ahora sigue tan fuerte”, dice Sánchez.

Aramayo recuerda con cariño a quienes dirigió. De Joaquín Botero manifestó que la Academia estuvo a punto de perderlo cuando todavía estaba en las inferiores. “Querían botarlo, me decían que era un malcriado. Yo les aseguraba que eso se podía corregir, que era más fácil educarlo que encontrar un jugador de esas características. Es que era muy vivo para hacer diagonales, no era un nueve de área, iba por afuera pero era goleador”.

Al final le dieron la razón y el delantero ayudó al club a conseguir varios logros y su aporte fue fundamental también para la selección. De otros manifestó que siempre les trataba con cariño. A Ribeiro le decía Gallito Menor, era “cosa seria en el internado”.

Recordó que a Julio César Baldivieso intentó llevarlo cuando tenía 14 años de edad y el valluno se destacaba en Wilstermann. “Su papá no quiso. Pero cuando llegó le dije ‘juegas bonito,  tienes que ser alegre, elegante y distraerte en la cancha’. Hacía todas esas cosas porque era bueno, pero también era muy travieso”.

También dijo que se quedó con ganas de verlo triunfar en Primera División a Darwin Cuéllar, un mediocampista dotado de alta calidad técnica. Era pieza fundamental en Iberoamericana en los años de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP) y en las temporadas que estuvo en la Liga. Pero decidió dejar el fútbol y emigró a España en busca de un mejor destino.

“Un clásico de la A era el que jugaban Bolívar con ABB. Una vez ellos comenzaron ganando, fue Cuéllar y anotó de tiro libre cinco veces. Isaac Mollinedo nos decía que era un robo y es que era un jugador muy bueno, solito te podía cambiar la historia de un partido. Qué pena que se haya ido”.

En la actualidad la labor de Aramayo es reconocida por los grandes clubes por haber sido un “ojeador” o buscador de talentos. Él lo hacía simple, les miraba a los ojos, les preguntaba su nombre y el lugar que ocupaban en la cancha. Allí les entregaba la pelota y luego de un par de toques sabía quiénes podían llegar a Primera.

“Al primer toque o pique yo me daba cuenta quién era bueno. Por eso Don Mario decía que si Abdul lo recomendaba, había que contratarlo; sino fíjense en la cantidad de jugadores que llevé a Primera.

Hoy en día ya no ve fútbol y dice que se siente como “secuestrado” porque ya no puede ir al estadio. Se conforma con seguir por radio y televisión, pero percibe que las cosas no andan bien. “Hasta las transmisiones están mal”.

Vio el partido que Bolivia jugó en Barranquilla contra Colombia por las eliminatorias para el Mundial Brasil 2014 y frontal como es sacó sus propias conclusiones y las expuso. “Nos han ganado corriendo, no sé que le ha pasado al profesor Xabier Azkargorta, si es un buen entrenador”.

También lo defendió, señaló que en el equipo no hay jugadores con jerarquía. “Nos falta la  talla de Sánchez, Etcheverry, Baldivieso y Sandy”, precisamente aquellos a los que dirigió en algún momento en Tembladerani cuando trabajaba para Bolívar.

Algunas frases de Abdul

Mercado

“Don Mario me quería porque nunca le he sacado un peso”.

Baldivieso

“Le decía que se divierta en la cancha y lo hacía porque era elegante. Pero también era muy travieso”.

Etcheverry

“Nos falta jugadores  de su talla en la actual selección”.

Botero

“Me decían que era un malcriado, pero era un vivo para jugar, ¡cómo hacia las diagonales!”.

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