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Respeto a la historia celeste

Una vieja costumbre que tenía junto a mi padre era la de mirar juntos la tabla de posiciones y vanagloriarnos de tener la delantera más goleadora, la valla menos vencida y el artillero más letal.

Julio César Baldivieso fue una de las figuras nacionales que militó en los equipos de Bolívar.

Julio César Baldivieso fue una de las figuras nacionales que militó en los equipos de Bolívar. Andrés Rojas-Archivo.

La Razón / Erick Ortega / La Paz

02:29 / 20 de mayo de 2013

Bolívar es uno de esos equipos extraños de fútbol que considera que no es importante ganar, sino ganar bien, con estilo. Taco, gambeta y gol. Siempre fue así y lo seguirá siendo.

He pasado el minuto 35 de mi vida y me doy cuenta de que eso lo hace diferente del resto. Por eso una de las imágenes que más se me quedó grabada en la mente es aquella de Julio César Baldivieso, con la 10 en la espalda, pisando la pelota y haciéndose sombra con la mano. Mirando por encima a los demás. Por unos momentos, el jugador se convirtió en un director de sinfónica que interpretó un preciso pase gol. Una joyita de un clásico pasado.

En la Academia siempre estuvieron exquisitos representantes del buen fútbol nacional. Y, a éstos, se sumaron otros seleccionados de la región. Sólo como un ejemplo: qué otro equipo puede jactarse de decir que en su portería estaba resguardada por el gigante y ágil Thomas N’Kono (seleccionado de Camerún), el aguerrido Javier Zeoli (seleccionado uruguayo) y (si la memoria no me falla) inclusive el arquero venezolano Rafael Dudamel llegó a la banca celeste. El mismo Maradona fue tentado a ponerse esa camiseta.

Y por eso mismo los hinchas estamos malacostumbrados. Somos de memoria frágil. Cada vez queremos más. Esa frase “ganar como sea” es un estilete en la yugular de nuestro buen gusto. Somos apasionados y así como amamos, odiamos. Silbamos a los técnicos que ponen más jugadores de marca que creativos. Abucheamos los pases laterales o a la portería cuando el rival está agazapado y perdido. A fin de cuentas, la mejor forma de respetar al rival es goleándolo. Para nuestra desgracia, últimamente hemos sido malamente respetados.

Esa “alcurnia futbolística” en la que nos arroparon los grandes talentos celestes nos hizo recuerdo del dolor de ya no ser. Creo que los bolivaristas somos malos perdedores. Y no me refiero a agarrarnos a golpes con el rival o insultar al vecino, eso lo hacen otros. Somos malos perdedores porque cuando sufrimos una derrota se nos arruina la semana. En la cabeza se nos cruza la imagen de una jugada estúpida en área propia, aquel error que nos costó un gol, un pase impreciso. No podemos con nuestras vidas y hasta nos da vergüenza perder. Porque nos duele y no tenemos el cuero curtido con bastantes derrotas encima. En resumidas cuentas: nacimos para triunfar.

Una vieja costumbre que tenía junto a mi padre era la de mirar juntos la tabla de posiciones y vanagloriarnos de tener la delantera más goleadora, la valla menos vencida y el artillero más letal. En el último tiempo dejamos atrás aquella práctica porque el club se negó a sí mismo. Se volvió un tanto mezquino, buscando el triunfo como sea, yendo a romper antes de crear. A algunos jugadores se los veía felices con la ley del menor esfuerzo… y Bolívar no es así.

Con una mezcla de calidad y altivez hemos logrado sacar este título adelante. Los abanderados han sido Ferreira, Cardozo y Yecerotte. Creo que le devolvieron la nobleza y el orgullo al equipo. Tenemos el campeonato 18 de nuestra historia y seguimos arriba de todos. Miramos como Baldivieso, con la pelota en el piso, el sol encima y los demás debajo del hombro.

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