Marcas

San Pablo lo hizo posible

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Dorado

07:05 / 11 de febrero de 2015

The Strongest rompió un maleficio extendido por un decenio. Y en el logro global —de 180 minutos, como suele denominarse a este tipo de instancias— el absoluto protagonismo de Escobar alimentará, sin contrapeso alguno, el exitoso barniz que representa el salto a la fase de grupos. Tres goles en ambos partidos resumen la eficacia de una tarea que anoche probablemente no tuvo tanta lucidez de juego —como todo lo mostrado por el equipo— pero que en plena recta final, y bajo el aguacero, sacó de la galera el valor del desequilibrio para sepultar cualquier esperanza del inconsistente Morelia.

Fue un partido chato en cuanto a espectáculo. Con muchísimos más errores que virtudes, a excepción de lo anteriormente precisado. De todos modos, mejoró a través del complemento.

Los dos apostaron, a fuerza de extrema reiteración, por el remate de media y larga distancia. Y entonces se extrañó la jugada adecuadamente urdida, el pase entre líneas, la claridad para provocar, por caso, el error del adversario.

Las limitaciones de este cuadro mexicano ya quedaron descritas al cabo de su actuación en casa y no era de esperarse un cambio radical en La Paz. Salvo los intentos de Mauro Cejas (uno conjurado por Daniel Vaca y otro que el travesaño devolvió) no fabricó fútbol capaz de anotar.

Y lo cierto es que el Tigre respondió a la exigencia de la iniciativa, pero sin ser dañino en la definición, excepción hecha —valga la insistencia; necesaria, ineludible— de lo que produce su capitán. Esto debería ser causa de preocupación y trabajo de cara a lo que se aproxima, frente a rivales que, ni duda cabe, son potencialmente más fuertes que el actual colista del torneo azteca.

Que la trascendencia de la clasificación —meritoria, por donde se la examine— no tape el análisis de baches que pueden pasar factura a corto plazo. A Cuesta y Ramallo les está costando asociarse, pero no es lo único: la buena proyección de Wayar no es aprovechada porque la trama se diluye a la hora de encarar el asalto final, que, se sabe, es el determinante.

No deja de ser revelador que el cotejo se haya dilucidado cuando —paradoja o no— el aurinegro se desenvolvía ya sin atacantes netos.

Estuvo a la altura de la circunstancia en lo que a resultado corresponde. La actuación dejó más de una asignatura pendiente.

San Pablo escribió la historia. Allá y acá. Actor principalísimo. Si el Pájaro vuela alto, el rédito llega. Tarde o temprano.

(*) Óscar Dorado Vega es periodista

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