Marcas

Saucedo me tapó la boca

Azkargorta mandó a la cancha a los que había calificado con más bajas notas

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

03:06 / 19 de octubre de 2012

Carlos Saucedo fue la golondrina que hizo el verano futbolístico boliviano. Veinticuatro grados centígrados en esta ciudad andina a las 16.00 no puede ser otra cosa que un verano adelantado, más si se gana por 4-1 cuando el 99% de los aficionados y los periodistas esperábamos la consumación de una catástrofe.

Hace una semana en este mismo espacio había afirmado que Bolivia necesitaba un estallido de celebración, y tres días después escribí en Marcas Plus que “ni con Guardiola bajado del cielo” habían posibilidades de revertir el estado de cosas que predomina en nuestro anémico profesionalismo concentrado en nuestra opaca selección. Pues bien, el estallido finalmente fue producido con la goleada frente a Uruguay y felizmente el delantero de San José, con sus tres anotaciones bajando del pedestal al muy buen portero uruguayo, Fernando Muslera, me invitó al silencio, aunque no a la retractación, porque su extraordinaria actuación más la de algunos de sus compañeros como Gualberto Mojica, otra vez Alejandro Chumacero, ahora sí  Rudy Cardozo, mas Marvin Bejarano y en la línea de fondo bien sintonizados  Ronald Raldes, Edward Zenteno y Luis Gutiérrez, no significa que todos los días nos toque enfrentar a un rival que llegaba a La Paz muy lastimado con su proverbial pánico a la altitud, diezmado por la ausencia de los Diegos, Lugano (Paris Saint Germain) y Godin (Atlético de Madrid), y Martín Cáceres (Juventus), y habiendo perdido ocho de nueve puntos en los últimos tres partidos, goleado por Colombia y Argentina, y obteniendo un penoso empate como local frente a Ecuador.

Presionado por el descalabro producido frente a Perú, más las lesiones de Hugo Suárez (Sergio Galarza lo reemplazó en gran forma) y de Wálter Flores, Azkargorta mandó a la cancha a los que había calificado con más bajas notas en las tareas de preparación para estos dos últimos partidos de eliminatorias y el caso más ilustrativo es precisamente el de Carlos Saucedo que en la línea de preferencias seguía maniatado en cuarto lugar, debajo de Alcides Peña, Juan Carlos Arce y Marcelo Martins. Fue esa urgencia rayana en la desesperación que dio lugar a que al técnico de Bolivia le sucediera algo parecido a lo experimentado por Gustavo Quinteros cuando luego de la derrota frente a Chile, desbarajustado por las lesiones, alineó, también, prácticamente otro equipo para imponerse 3-1 a Paraguay.

Sin los complejos de los dubitativos y pálidos jugadores que enfrentaron al equipo de Markarián, Bolivia  honró su convicción de contar como aliada a la ciudad de La Paz y al estadio Hernando Siles, arrancando como una tromba que con la tempranera apertura del marcador le permitió afianzarse en el campo  tanto a la hora de marcar y recuperar como en las oportunidades producidas para atacar por el medio y por las bandas, ensayando cambios de frente impensados en el juego anterior y hasta consiguiendo el sena quina con los tiros de media distancia, incluido el tiro libre ejecutado muy en el estilo de Mojica para el tranquilizador 2-0.

La horrible Bolivia de tres días antes se había transfigurado en una otra Bolivia que doblegaba al último campeón de América y cuarto en la tabla final de la última Copa del Mundo disputada en Sudáfrica hace dos años: Liberado de la parsimonia y la somnolencia de Jhasmani Campos, el equipo nacional jugó en grandes pasajes del partido con línea de cuatro, porque la buena tarea de la zaga central más el apoyo de Bejarano, le permitieron soltarse a Cardozo, que junto a Chumacero y al propio Mojica iluminaban la cancha con sablazos entre líneas, bien recibidos por el héroe de la jornada, Saucedo, y la astucia táctica de Martins que cuando está bien situado, si no anota, por lo menos arrastra marcas y desordena defensas rivales.

Abrumados los celestes, recién en los últimos 20 minutos del partido le perdieron parcialmente el miedo a la amenazante falta de oxígeno y con la ductilidad y sapiencia de Cavani y Suárez pusieron en algunos aprietos a la defensa boliviana, tardía reacción cuando las cosas ya estaban definidas  y nos les quedaba más que marcar el tanto del honor.

Con todo el respeto y el buen recuerdo que tengo de Xabier Azkargorta, me parece que su comparecencia ante los medios en la conferencia de prensa ofrecida, luego de tan interesante actuación y tan grande resultado, estuvo pasada de revoluciones por una innecesaria y reiterativa autorreferencia con “yo le hablé”, “yo le dije”…y otros yo, yo, yo. Pues nada hombre! Jugaron en los que menos creías y te salvaron las papas, punto y aparte. Las cosas que les dice o deja de decirles a los jugadores debieran quedar entre ellos porque como bien dijo el técnico del equipo derrotado, el señor Washington Tavárez, “no hago referencias individuales sobre mis jugadores, soy técnico, no periodista”. Cada quién con su estilo y a otra cosa.

Queda por ver, si finalmente el técnico de Bolivia decide que éste y no otro es el equipo base para encarar lo que viene en marzo, a mi juicio, primero el más difícil partido de visita contra Colombia y el muy complejo desafío de enfrentar en La Paz a Argentina, que hace tiempo anda con el ojo morado luego de ese 6-1 y esos dos últimos empates conseguidos en Buenos Aires, uno por la Copa América y otro en los inicios de esta misma competencia eliminatoria que conduce a Brasil 2014.

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