Marcas

El Tigre, en zona de turbulencia

En el equipo atigrado hay jugadores que dieron todo lo que pueden y tienen

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

01:09 / 19 de abril de 2013

Los resultados obtenidos por el equipo atigrado en la Copa Libertadores nada tienen que ver con resonantes papelones de otros tiempos, pero el hecho de haber ganado sólo dos y perdido cuatro partidos, todos por el mismo marcador (1-2 y 2-1) evidencian que eso de tener a la altitud de La Paz como aliada para clasificarse se convierte cada vez más en una vieja leyenda urbana.

El manual del periodismo facilón aconseja buscar culpables o chivos expiatorios para fabricar titulares y concitar la morbosa atención de quienes esperan siempre una catástrofe para satisfacer perversos deseos de sacarle rédito publicitario a la derrota. Son los de siempre, los que se regodean en los fracasos porque no saben cómo o les provoca pereza intentar un ejercicio más acucioso de las razones profundas de los malos resultados. Ya escuchamos durante las 48 horas posteriores a la eliminación aurinegra de la Copa Libertadores a esos grandes vendedores de lugares comunes a los que se suele llamarles piratas por carecer de formación profesional y no contar con un catálogo de ética en sus haceres diarios.

Pues bien, The Strongest ha quedado en la última posición de la tabla de su grupo en el que un solo jugador —uno sólo— ha hecho y desecho para procurarle quince puntos al Atlético Mineiro y de esa manera lograr con holgura el pase a la siguiente fase. Se llama Ronaldinho Gaucho y ha recuperado su rendimiento para volver a meterse en la élite de los mejores futbolistas del planeta. Con él, el equipo de Belo Horizonte es candidato al título del torneo.

A partir de ahí podrá entenderse cuál es la diferencia entre lo que siguen produciendo los equipos brasileños y lo que buenamente tratan de hacer los nuestros, y en ese sentido tendremos que ser absolutamente justos para reconocer que en el equipo atigrado hay jugadores que dieron todo lo que pueden y tienen para intentar hasta el miércoles en la noche, meterse como segundos y seguir avanzando. No fue así porque al tricampeón boliviano le faltaron argumentos para transitar con alguna convicción los últimos treinta metros del campo de juego, a partir de la falta de orden y concierto en la gestación supuestamente encabezaba por Pablo Escobar que experimenta un ostensible bajón en su  rendimiento y aporte al equipo.

La diferencia de enfoque, siguiendo en la línea autocrítica periodística es que, por ejemplo, para este columnista no hay culpables, sino solamente responsables en distintas proporciones de esta nueva eliminación de un equipo boliviano en el torneo de clubes más importante del continente, si tenemos siempre en cuenta que se trata de un juego y no de un asunto de vida o muerte. Sin ánimo de alentar inadmisibles crucifixiones será necesario reconocer que Méndez, con el insólito autogol que le otorgó el triunfo en La Paz al equipo ganador del grupo, liquidó las aspiraciones de su equipo. Ese mismo marcador central pudo haber generado otro gol del adversario por no saber jugar al achique en el encuentro contra Arsenal en La Paz, cosa que no sucedió por una equivocada decisión del árbitro asistente que señaló un fuera de juego inexistente.

Errores de ese calibre pueden costar prácticamente un campeonato y si hay algún futbolista boliviano que expresa con absoluta claridad las grandes limitaciones técnicas extensivas a todo el profesionalismo de nuestro país, se llama Luis Méndez, finalmente sustituido por el costarricense Smith que junto con su compatriota Cunningham jamás fueron valorados como verdaderos refuerzos para esta Copa, aunque contra Arsenal quedó demostrado con creces que Smith es futbolísticamente mucho más que Méndez, pero bueno, el entrenador del Tigre se llama Eduardo Villegas y él sabrá por qué hizo lo que hizo.

Pero si Méndez hizo un gol en contra del que seguramente se lamentará por mucho tiempo, hay algo más serio y comprometedor de la estabilidad del exitoso The Strongest de los últimos tres torneos ligueros que está vinculado al resquebrajamiento de la armonía de un grupo que obtuvo un título con Mauricio Soria y los dos siguientes con el actual entrenador. Informaciones muy precisas de fuentes que merecen fe, indican que al equipo stronguista volvieron las viejas prácticas del camarillismo, consecuencia de un inexplicable ensoberbecimiento de su director técnico. Lo dijimos hace tres meses y las consecuencias recién comienzan a advertirse ahora, aunque el propio Villegas haya salido a interceptar esas versiones, sabemos perfectamente que la relación entre él y varios de los más importantes jugadores del equipo está quebrada y eso quedará reflejado en la posición que ocuparán los aurinegros en el actual torneo liguero.

Mientras la dirigencia ha hecho los mejores esfuerzos por fortalecer el primer plantel y propender a buscar fuentes sólidas de autofinanciamiento, ejecutando incluso mejoras en el Complejo Deportivo de Achumani, ayudado por los 600 mil dólares que la Conmebol entrega a cada club por participar en la fase de grupos de la Libertadores, más las buenas recaudaciones producidas por los partidos en La Paz, el Tigre se encuentra en zona de crisis deportiva, de la que seguramente le será complicado y tedioso salir, asunto que exigirá una rigurosa evaluación que permita borrón y cuenta nueva para la próxima temporada.

The Strongest perdió frente a un modestísimo Arsenal de Sarandí, pero que con todas las notables limitaciones expuestas en el campo, pudo haberle propinado una paliza evitada por la falta de definición de los argentinos y por la muy destacada actuación del portero Vaca que ya fue figura en los partidos jugados frente al Mineiro y al Sao Paulo en condición de visitante. Llega la hora del recuento de los daños, y lo más probable es que en el equipo atigrado tendrán que comenzar a cambiar varias cosas a partir de junio.

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