Marcas

¿Velocidad turbo o elaboración paciente?

Cada vez es más claro: en selecciones como la chilena se impone la tendencia alemana

La Razón / Julio Peñaloza Bretel / La Paz

00:31 / 14 de junio de 2013

Chile dio un gran salto para meterse entre los cuatro primeros que pugnan por las plazas sudamericanas a Brasil 2014. Ecuador, a pesar de haber empatado como local frente a Argentina, continúa con una propuesta de juego que hasta ahora le ha dado muy buenos resultados, especialmente en condición de local; mientras Colombia ratifica su buen momento con el triunfo conseguido frente a Perú. Lo destacado de la última fecha sitúa a Chile y Ecuador como a equipos que toman la iniciativa, pero con propuestas de juego diferentes.

Las campañas del Bayern Múnich y el Borussia Dortmund en la última versión de la Champions League han dejado sentenciosas lecciones en cuanto a las tendencias competitivas que facilitan de manera más rápida y simplificada el triunfo en la gran competencia futbolística del siglo XXI. A su ya proverbial fortaleza mental, los germanos le han agregado una condición física extragaláctica que permite sostenida intensidad en los 90 minutos de juego, ventaja con la que se consigue contrapesar el talento y el preciosismo de rivales con grandes figuras que se empeñan permanentemente en preservar la esencia del fútbol como un juego inteligente, con guerra de posiciones y recursos individuales difícilmente previsibles en los papeles. En esas condiciones planteadas por los finalistas del torneo más importante de clubes europeo, Messi y Cristiano Ronaldo transmitían la sensación de talentosos hombrecitos de carne y hueso, sobrepasados por la presencia de esos hombrones de acero que se impusieron rotundamente al Barcelona y al Real Madrid.

El fútbol alemán se ha hecho tan impresionantemente científico, desde el punto de vista fisiológico y atlético, que ha logrado esculpir a sus jugadores como disciplinados entes sometidos a unas reglas de trabajo en las que se impone el conjunto de la maquinaria funcionando a velocidades inalcanzables con ritmo sostenido, sin distracciones en asuntos menores que quedan muy al margen del libreto central y en las que hay cabida para la iniciativa individual nada más que en momentos de resolución de los mano a mano con los arqueros o para perpetrar la penúltima jugada, la del pase-gol, con un andamiaje ajustado a eso que en el cine se llama guión de hierro.

Ya se sabe que la identidad de cada fútbol es concordante con las características antropológica, cultural y social de un país, y en ese sentido no se debe perder de vista que los chilenos dirigidos por Jorge Sampaoli pretenden constituirse en los émulos sudamericanos del veloz y muy vertical fútbol europeo, con pretensiones de privilegiar el funcionamiento de su equipo nacional a través del gran rendimiento físico que exhibieron contra Bolivia, con el que amenazaban concretar una goleada de proporciones, luego aquietado por la categoría de Marcelo Martins que robó un balón en el círculo central para entregarlo a Mojica que le devolvió un pase en profundidad muy preciso y le permitió a nuestro ariete descontar a lo Batistuta.

Renuente a dejar de lado lo esencial del juego, mientras en Bolivia los asuntos de la pelota eran trasladados a la tribuna política entre el despiste y el oportunismo para hacer leña del árbol caído, observé con gran detenimiento el partido de los nuestros con Chile y una primera conclusión fundamental, independientemente de la validez de los dibujos tácticos a utilizarse en cada encuentro, nos indica que está cada vez más claro que en selecciones como la chilena se impone la tendencia alemana como pudieron hacerlo notar, además, con sólidas actuaciones a cargo de Alexis Sánchez, David Pizarro y Arturo Vidal con eso que algunos le llaman vértigo y se traduce en trasladar y distribuir el balón con precisión a mil por hora y que puso en apuros por lo menos una docena de veces, en la primera etapa, a ese gran portero que se llama Sergio Galarza, continuamente salido de la vaina por las desatenciones de sus compañeros de la línea de fondo.

En el partido previo, Ecuador que había comenzado perdiendo con Argentina a los tres minutos con tiro penal, basó su propuesta para conseguir el empate y buscar el triunfo después, en la elaboración paciente, en el juego basado en el toque, sabedor de la ventaja psicológica que le otorga la altitud de Quito. Mientras tanto los argentinos, que terminarían empatando por tercer partido consecutivo en las eliminatorias sudamericanas, dejaron en claro que a pesar de contar con una permanente renovación de jugadores, tanto de aquellos que actúan fuera de su país, así como los que compiten en su torneo nacional, confrontan serios problemas en la elaboración ofensiva si no figura Lionel Messi desde el inicio y si Angel di María es maniatado para evitar su rol de director ejecutivo para que los delanteros de turno, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero y Ezequiel Lavezzi cumplan con sus tareas de definición.

Mientras Chile fue un vendaval contra Bolivia en el primer tiempo, Ecuador propuso un juego con futbolistas que buscaron como tejedores las variantes para conseguir desnivelar el marcador, cosa que no lograron, porque los rioplatenses consiguieron de cuando en cuando ser peligrosos en el contraataque. Los chilenos basaron su propuesta en una gran dinámica y en la simplificación de las cosas tratando de economizar las entregas para ser profundos, en tanto, los ecuatorianos, con Valencia dirigiendo los movimientos en ataque y Caicedo como definidor, supieron eludir la desesperación a través de la opción de hacer del toque su mejor característica de juego.

En los dos casos, Ecuador y Chile, que como denominador común mantuvieron la iniciativa, pusieron en evidencia que hay dos caminos para lograr el triunfo cuando se es proactivo: El toque y el juego en corto y muy ágil, o las pelotas largas por las bandas con mucho desplazamiento. En cualquiera de las dos opciones, los que  defienden están obligados a recuperar con determinación y entereza, como sí logró hacer Bolivia en la segunda etapa, ya que el jugar esperando reduce las posibilidades de equiparar las cosas para buscar el arco de enfrente.

Cuando quedan cuatro fechas para que concluyan las eliminatorias sudamericanas, Colombia se constituye en un equipo con propuesta intermedia que combina bien la velocidad con las virtudes en el trato de la pelota de sus figuras desequilibrantes encabezadas por Radamel Falcao García. José Pekerman ha logrado introducir su experiencia apostando en primer lugar por las cualidades técnicas de sus dirigidos.

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