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¿Fue acertada la elección de Danilo ?

Danilo Alvim firmó un contrato de meses con la FBF. Tenía una trayectoria como futbolista y DT en su país. Vino casi como un desconocido, pero se fue ganador.

El técnico de los campeones

El técnico de los campeones

La Razón / Lorenzo Carri / La Paz

00:00 / 30 de marzo de 2013

Nadie hubiese aceptado esta pregunta hace medio siglo, y menos después de dos o tres cotejos y los primeros triunfos obtenidos.

Pero a fines de 1962, el presidente de la federación, Roberto Prada Estrada, apareció con el nombre de Danilo Alvim (Brasil, 03-12-20—falleció el 16-05-96) y —como en otros asuntos— no hubo para discutir.

Tuvo en su favor que era relativamente joven (42 años); brasileño, del país bicampeón mundial; había sido integrante de la selección de su patria (algo que imponía un cierto respeto) y que había tenido alguna experiencia en equipos de clubes.

“Jubilados”, voluntaria o involuntariamente, Félix Deheza y Vicente Arraya habían quedado al margen tras varios años con el equipo nacional, y Danilo apareció y empezó a conocerlo todo: los dirigentes, la “cadena de mando”, los jugadores de La Paz y Cochabamba, principales candidatos porque el fútbol cruceño no estaba maduro, y algún futbolista orureño de gran categoría (caso Armando Escóbar) perdió ante la competencia de algunos colegas que tenían más apoyo.

En el principio tropezó —sobre todo por resultados adversos en Asunción por la Copa Paz del Chaco— pero Danilo era flexible, reflexionaba mucho, escuchaba distintas voces, discutía sin alzar la voz, y salió adelante. Soportó estoicamente la “tormenta” del   4-4 en el partido inaugural con Ecuador, y a partir de ahí ajustó clavijas, hizo cambios y el resto es más que conocido.

Doy fe de que era un brasileño que hablaba de fútbol con conocimiento de causa, y dialogaba todo lo necesario pese a sus dificultades con el idioma.

Doy fe (y hay otros testigos más importantes, como Cucho Vargas) que no se rendía así nomás ante ciertas presiones, y vaya si las había en aquellos tiempos.

El 1 o 2 de abril, cuando el delirio se había calmado, y preparaba su regreso a Brasil, no dejaba de elogiar, en público y en privado, a todos sus jugadores, y tenía menciones precisas —nunca lo olvido— para dos suplentes que no entraron, Isaac Álvarez y Osvaldo Villarroel.

El ser humano fue, en Danilo, tan importante como el técnico. Tal vez Bolivia pudo haber escogido a un estratega de mayor rango, pero no una mejor persona.

‘No me interesa la edad de los jugadores’

Revista Panorama - (Cuando Danilo llegó al país)

Un hombre de regular elegancia y 41 años de edad. Sus documentos dicen que nació en Río de Janeiro el 3 de diciembre de 1921 (es decir, festejará su cumpleaños en nuestra tierra). Es un hombre seco, reservado, serio. Diríamos que muy atento pero no jovial. Habla más o menos bien el castellano y no vacila en sus respuestas.

Para quienes no conocen su historia futbolística, tendríamos que decirles que fue seleccionado en Brasil desde 1943 a 1954. Durante 11 años (algunos críticos dicen que aquella fue la mejor época del fútbol brasileño). Danilo estuvo en el Campeonato Mundial de 1950, en el año del gran desastre brasileño y en el año del gran triunfo uruguayo.

Frente a los periodistas, usa de la amabilidad medida. Lo dijo claramente:

— ¿Le gusta charlar con la prensa?

— No me gusta, pero al final son los que deciden las cosas.

Su tarea. A Danilo lo han traído para trabajar, y su filosofía es simple pero efectiva. (“Con trabajo se hace todo… Y estoy dispuesto a trabajar…”). Comenzó días atrás, en Cochabamba, mirando a los hombres de la ciudad del Tunari. (Confiesa que le gustó Renán López. Pero lo dice en charlas muy particulares).

El cronista quiere buscar un resquicio para la seguridad de Danilo y pregunta:

— ¿Le dan amplia libertad en su trabajo técnico?

La respuesta es tajante:

— Total. Si no, no hubiese firmado contrato. No estaría aquí.

— ¿Utilizará jugadores veteranos? ¿Ugarte, por ejemplo?

— No me interesa la edad de los jugadores. Me interesa que sepan jugar fútbol y que sean útiles. Tengo de Ugarte grandes referencias que me han llegado de Cali.

— ¿Qué piensa de la inclusión de Eduardo Gonzáles?

— Eso no depende de mí. Está supeditado a las gestiones que haga la Federación de Fútbol.

— ¿Cuál es el mejor jugador que ha visto en su vida?

— Pelé.

— ¿Recueda a algún jugador boliviano en especial?

Danilo no necesita hacer memoria. Cita a Caparelli y menciona con cierto entusiasmo a Wilfredo Camacho. Dos nombres en la memoria. Uno retirado. Otro con ciertas posibilidades de figurar en nuestro seleccionado.

— ¿Qué piensa de la altura de Cochabamba y La Paz?

— Que hay gran diferencia. Creo que La Paz es más adecuada para el trabajo de la selección. Tengo que ver la forma de conseguir un trabajo sin problemas en una de las dos ciudades.

— ¿Le gustan los sistemas, Danilo? ¿Cuál en especial?

— El 4-2-4 o cualquier otro al que se adapten más rápidamente los jugadores. He de convocar a una conferencia de prensa la próxima semana, cuando realmente inicie el trabajo.

Un apretón de manos y Danilo Alvim se marcha camino de su alojamiento. Deja en el cronista una buena impresión. La sequedad amable (pero sequedad al fin) del carioca impresiona bien. Es un hombre dispuesto a jugarse una carta difícil: no hace concebir falsas ilusiones pero sigue respetando su lema: “Todo se puede conseguir con trabajo y a mí me gusta trabajar”.

‘Tenía fe en el equipo’

Revista Panorama - (Cuando danilo ya era campeón)

Hotel La Paz. Son las 17.45 del martes pasado. Danilo Alvim y su hijo Carlos Alberto hablan sobre el anillo autóctono que compró, el segundo, como otro recuerdo de Bolivia.

— ¿Cuándo te vas..?

— Ahora.

- ¿Cómo ahora?

- Sí, a las seis… Quiero estar esta noche en Cochabamba.

La nota con Danilo Alvim, que pensaba ser tranquila, se transforma en una lucha contra el reloj.

Entonces y ahora. Entonces Danilo era el “pez raro” que todos criticaban porque no había elegido a determinados jugadores.

Ahora es el hombre sereno que tiene un triunfo inolvidable en su haber y a quien espera (el cable está en sus bolsillos) un jugoso contrato con Botafogo, el club más poderoso de Brasil.

Entonces Danilo Alvim era como un nombre prohibido que fue noticia escasa, porque se empeñó en permanecer al margen.

Ahora Danilo es noticia para todos, mientras recibe palmadas amistosas y felicitaciones de quienes lo negaron cinco meses atrás.

Ganó $us 10 mil (estaba preocupado por el último pago) pero nadie le reprochará esa suma.

— Ahora que te vas, puedes hablar claro sobre nuestro seleccionado…

— Quiero que anote esto… Si se hubiese trabajado con un mismo equipo desde el principio, las cosas hubiesen salido mejor todavía.

— ¿Estás disconforme?

— No… Porque Ramírez y Castillo, por ejemplo, calzaron perfectamente, a pesar de que fueron llamados pocos días antes.

— ¿Qué me dices de otros jugadores?

— Creo de Ausberto García que es un gran jugador. Así lo creí desde que llegué. Es muy hábil. Pero estaba perdido adelante… No era para pelear con los backs. Por eso pensé en ponerlo en medio campo. Contra Paraguay, en Asunción, jugó muy bien. Pero como habíamos perdido…

— ¿Y de otros hombres?

— Renán López me pareció uno de los mejores delanteros que había aquí. Pero no sé. Está enfermo. Anda mal. Tal vez problemas familiares, no sé.

—¿Qué me dices de Arturo López?

—Estaba seguro en el arco… ¿comprendes? Tenía confianza. En estos casos también hay que usar psicología. Pero Álvarez estaba muy bien y pudo reemplazarlo en cualquier momento.

Blacut se lesionó y tuvimos un poco de mala suerte con él. Necesita ser dirigido, es un gran muchacho y muy inteligente.Fortunato Castillo juega un lindo fútbol. Obedece poco. Bueno. No sé decir esto… tal vez porque jugó siempre afuera de su puesto.

— ¿Y los dirigentes?

— En Cochabamba, mi agradecimiento para Prada. También para el señor Méndez, que me brindó un apoyo formidable. Le debo mucho.

— ¿Y en La Paz?

— Mario Alborta. El ingeniero Jáuregui. Todos. Posiblemente me olvide de alguien.

— ¿Qué más tienes que decirnos?

— Que agradezco a Cucho, a Lazarte, a ti. Todos me alentaron desde Panorama. No puedo irme sin decir eso.

Danilo Alvim se fue con Carlos Alberto, su hijo, una tarde lluviosa de abril.Allá, en la rúa Ferreira Viana 40, en el departamento 201, en esa ciudad de Río de Janeiro, debe estar acariciando ahora el recuerdo de una maravillosa Copa América.

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