Marcas

La posta en los 5.000, de Pérez a Toroya

Después de 34 años, la posta de los 5.000 metros planos pasó de mando de Jhonny Pérez al de Daniel Toroya que consiguió un tiempo de 14 minutos, 00 segundos y 97 milésimas en el Campeonato Iberoamericano de atletismo en Trujillo, Perú.

Daniel Toroya (izq.) y el exatleta Jhonny Pérez. Fotos: Archivo La Razón

Daniel Toroya (izq.) y el exatleta Jhonny Pérez. Fotos: Archivo La Razón

La Razón Digital / Ángela Villafán / La Paz

14:28 / 05 de septiembre de 2018

Después de 34 años, la posta de los 5.000 metros planos pasó de mando de Jhonny Pérez al de Daniel Toroya que consiguió un tiempo de 14 minutos, 00 segundos y 97 milésimas en el Campeonato Iberoamericano de atletismo en Trujillo, Perú, el 25 de agosto, superando los 14’06’’73 que parecían imbatibles.

Toroya, que proviene de una familia humilde, nació el 15 de marzo de 1992 en la provincia Guadalupe, Oruro.

De niño se dedicó al fútbol, pero sus aptitudes de resistencia y velocidad salían a relucir cuando en el colegio Gualberto Villarroel lo elegían para el juego de capturar la bandera.

“Desde un principio elegí las pruebas de fondo, en los 1.500 metros gané más de cinco medallas en los Juegos Plurinacionales”, recuerda.

Bajo la tutela de la destacada entrenadora orureña Nemia Coca, su técnica fue pulida como un diamante en bruto para soñar con alcanzar los Juegos Olímpicos Río 2014.

“Estaba a punto de lograr mi meta, pero al regresar de la Carrera Internacional de San Silvestre en Sao Paulo, Brasil, en 2013, me lesioné el tendón de Aquiles izquierdo”.

Aún los caminos de Toroya y Pérez no se iban a cruzar, pero ambos compartían en común entrenar con una lesión antes de escribir sus nombres en la historia boliviana de atletismo. Toroya por su tendón y Pérez por sus espolones en los talones derecho e izquierdo.

Pérez rememora que ser becado a Alemania para mejorar su técnica fue clave para conseguir la marca de los 14’06’’73 en el torneo Orlando Guayta de Santiago de Chile en 1984. “Obtuve la presea de bronce, fue difícil tener que pensar en el dolor y el tiempo en ese momento”, dice.

En cambio, Toroya al ingresar a la pista en Perú tenía dos objetivos trazados: el récord y la medalla de oro, que no le dejaron pensar en su lesión.

“En las últimas vueltas vi el reloj y que era posible mejorar el tiempo del gran Jhonny Pérez, ya no busqué lo segundo porque sino reventaría por la velocidad que se estaba imprimiendo”, comenta Toroya que no alcanzó el podio por un puesto, pero sí el récord.

Los 34 años fueron demasiados para que la posta pase de manos, dice Pérez, que expresó alivio al mencionar que ahora un joven será quien guíe a los atletas bolivianos a revolucionar el atletismo.

  • Lucrecia y Daniel Toroya, en la provincia de Guadalupe, en Oruro. Foto: Daniel Toroya

El cochabambino aún conserva el mejor tiempo en los 10.000 metros, con 29’05’’75 que logró el 28 de octubre de 1984, y en los 3.000 m con obstáculos de 08’58’’06, del 3 de noviembre de 1979.

Sobre esa vigencia si bien el presidente de la Federación Atlética de Bolivia, Marco Luque, argumenta que son marcas extraordinarias, éstas no han sido superadas porque los deportistas hacen una temprana transición de la pista a la calle —para participar en los maratones— por los premios económicos.

“La pista requiere técnica, analizar en qué curvas mantener la velocidad y en cuáles subirla; en cambio, en la calle solo aplicas la resistencia, sin la capacidad de convertirte en un atleta completo como lo era Pérez”, apunta Luque.

Toroya también es uno de los deportistas que ha optado por los maratones, tiene programado participar en la carrera de 10 kilómetros en Cochabamba, Santa Cruz y Pando de este año. Incluso entrenó en la laguna de Alalay faltando tres semanas para el Iberoamericano en Perú.

“Me estoy dedicando exclusivamente al deporte, no trabajo ni tengo ingresos de patrocinadores. Estar en esas carreras me ayuda a sobrevivir, pagar por mi comida y financia mis competencias nacionales e internacionales”, dice el oriundo de Guadalupe.

La necesidad se volvió un arma de doble filo para el orureño, que durante toda su vida se preparó primero en los caminos de piedra y rocas en su natal Guadalupe, para luego pasar a las pistas improvisadas de arcilla, aún no reglamentarias, y después a las plataformas aprobadas por el ente internacional de atletismo. Ahora nuevamente corre en el asfalto, que mejora su resistencia, pero descuida su velocidad.

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