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La bandera del Fair Play, en hilachas

Corrupción El entramado en la FIFA, las confederaciones y las asociaciones es tan perverso y gigantesco que repugna.

La bandera del Fair Play, en hilachas. Foto: EFE

La bandera del Fair Play, en hilachas. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

04:44 / 28 de septiembre de 2015

Parece una escena surrealista… Va a comenzar un partido internacional, suena el himno de la FIFA y salen los equipos al campo precedidos por la bandera amarilla del Fair Play. FIFA ordena que la lleven niños, para darle mayor credibilidad al mensaje. Resulta irónico, hasta burlesco… Si aún queda alguien con cinco centavos de criterio en FIFA debería sugerir que se suprima esta pomposa y vana ceremonia, al menos hasta que el sol de la decencia vuelva a posarse sobre el planeta fútbol. Es como si el Exxon Valdez hubiese vuelto a derramar su monumental cargamento de petróleo, pero no sobre las costas de Alaska, sino sobre los escritorios que rigen el fútbol. Por suerte, la pelota no está manchada, los futbolistas mantienen vivo el goce del juego para los miles de millones de aficionados de todo el universo. Pero casi sabe a ridículo versar sobre el balón cuando se descubren negociados y estafas gravísimos en la cabeza misma de la dirección del fútbol. El entramado de corrupción en la FIFA, las confederaciones y las asociaciones es tan perverso y gigantesco que repugna y mantiene perplejo al cándido habitante de la tribuna. Cada día se destapa una olla nueva. Al parecer se han estado robando todo, todo el tiempo.

Joseph Blatter finalmente deberá comparecer ante los tribunales suizos. ¿También irá precedido por la docena de niños con la banderita del Fair Play? ¿También sonará la marchita? Las denuncias de corrupción que el 27 de mayo despertaron asombro y estupefacción ahora generan rabia e indignación. Blatter podría perder sus últimos miligramos de prestigio, y la libertad, por entregar a costo ínfimo los derechos de televisación de los Mundiales de 2010 y 2014 a la Unión de Fútbol del Caribe, presidida por el célebre Jack Warner, quien a esta altura ya merece una película; sería el ídolo de Vito Corleone. Jack se la vendió a la empresa DJI, propiedad de Jeffrey Webb, su sucesor en la presidencia de la Concacaf y actualmente extraditado en Estados Unidos. Entre Warner y Webb se levantaron una millonada. Obviamente, a cambio de tan generoso favor, Blatter contaba con los 35 votos de la Concacaf para sus elecciones y propuestas.

B latter no pudo dar la conferencia de prensa post comité ejecutivo; lo esperaban 170 periodistas para acribillarlo con preguntas, pero también el fiscal general suizo Michael Lauber, quien en ese momento allanaba el edificio de la mamá grande del fútbol. Por primera vez está formalmente incriminado y puede recibir cárcel. Pero hizo la “gran Perfumo” en la final de la Libertadores del ’76 contra Cruzeiro: “Yo me voy, pero me llevo uno”. Se iba expulsado y, a su paso, lo manoteó a Jairzinho, el querido Jair, que no había hecho nada, le respondió y se fueron con roja los dos. Blatter estaba contra las cuerdas con el fiscal y aprovechó para embarrar a Platini por un pago de 2 millones de francos suizos que el francés recibió de la FIFA en 2011. Y Platini, tratando de limpiarse, se ensució más: declaró que fue por un trabajo que hizo para la FIFA… en 2002... mientras era miembro del comité ejecutivo de la misma FIFA. ¡Y lo cobró nueve años después…!

Blatter, preventivamente, ya no viaja a países que tengan tratado de extradición con Estados Unidos, algo que hacen varios dirigentes sudamericanos, muy aventajados en estos menesteres.

Ahora retumban las palabras de Maradona de hace 12 días: “Blatter le enseñó a robar a Platini”, dijo. El príncipe jordano Alí bin Hussein pagó la ronda para todos: este gancho demoledor de Blatter a Platini puede servirle en bandeja la elección a la presidencia de la FIFA. Es un río revuelto y en aras de salvarse uno o arrastrar al enemigo, puede haber más nocáuts. En el ínterin, Jerome Valcke, secretario general de la FIFA, fue destituido por estar acusado de involucrarse en la venta ilegal de entradas en los Mundiales, un negocio menor, aunque también jugoso.

D e este lado del agua, las olas son igualmente turbulentas para la Concacaf y, sobre todo, para la Conmebol, esa entidad tan peculiar. El juicio por organización criminal en Uruguay contra todo el comité ejecutivo de Conmebol avanza a paso firme. Quizá salga antes incluso que el de la justicia norteamericana. Ha tenido menos prensa, pero es posiblemente más grave que aquel pues el juez oriental tiene no solo declaraciones de los demandantes sino también toda la documentación probatoria que avala la denuncia de siete clubes charrúas y de la mutual de futbolistas de ese país de haber sido perjudicados. La demanda es similar a otras: se acusa a los directivos de vender los derechos de la Libertadores a bajo costo a cambio de recibir coimas. El diario ABC, de Asunción, que sigue una profunda investigación desde el estallido del 27 de mayo, envió un periodista a Montevideo, que informa del juicio: “La Conmebol rechazó una oferta de 805 millones de dólares por cinco años por los derechos de la Copa y prefirió un contrato de 381 millones de Torneos y Competencias (cuyo expresidente Alejandro Burzaco fue extraditado a Estados Unidos). Se perdieron de ganar 433 millones que pudieron ser repartidos a clubes y jugadores”. Ignacio Alonso, secretario de asuntos económicos de la AUF, fue lacónico: “Es hora de refundar la Conmebol, pero con transparencia”.

Gorka Villar, español, amanuense de Julio Grondona, quien lo puso como director general de la Conmebol, fue acusado por los clubes uruguayos de extorsionarlos y amenazarlos con borrarlos del mapa si no deponían el juicio contra la Conmebol. Y lo consiguió: se retiraron, pero la Mutual siguió adelante y la querella quedó en firme.

Francisco Casal, impulsor de la denuncia, es el hombre más rico del Uruguay con una fortuna en metálico valuada en más de 1.200 millones de dólares. Él realizó la oferta por escrito a nombre de su empresa Global Sports, pero afrontaba dos problemas: para desbancar a Torneos y Competencias debía pasar por sobre el cadáver de Grondona, y además el gran capo lo odiaba. Paco comentaba a todo el que quisiera oírlo: “Ya no me interesan los pases de los jugadores ni los canales de televisión ni las otras empresas, lo único que quiero es ver presos a Figueredo y a Grondona, y que un futbolista sea el presidente de la Conmebol”. Lo primero es difícil que lo consiga: Grondona gambeteó a todos los fiscales de la tierra con su muerte; a Figueredo se lo abarajó primero la fiscal Loretta Lynch. 

Jorge Barraza es periodista argentino

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