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La década prodigiosa (Messi 2003-2013)

Mañana, Lionel Messi recordará los diez años de su debut con el Barcelona

La Razón / La Paz

00:11 / 15 de noviembre de 2013

Lesionado —y seguramente muy contrariado por no poder jugar— Lionel Messi tiene enormes razones para celebrar sus diez años como jugador del Barcelona. Esta obligada pausa, dicen en Buenos Aires, le servirá para encarar con mayor claridad los tres desafíos del próximo año: Liga española, Champions League y Copa del Mundo Brasil 2014. Seguro que quiere seguir siendo el mejor y, en primer lugar, conseguir el sueño de llevar a la celeste y blanca al podio en el Maracaná.

Mañana, 16 de noviembre, Lionel Messi recordará los diez años de su debut con el Barcelona en primera división, cuando el entrenador era el holandés Frank Reikjaard y Ronaldinho Gaucho hacía de las suyas con la azulgrana.  No se trata de una historia con ribetes legendarios o especialmente apta para la novela o el guión cinematográfico, pues a diferencia de los humildes y muy populares orígenes de Pelé y Maradona, éste que era una verdadera pulga en su adolescencia, al que tuvieron que someter a un tratamiento para conseguir mejorar en algunos centímetros su estatura, procede de una familia de clase media alta de Rosario, dio sus primeros pasos en esa gran cantera argentina que se llama Newell’s Old Boys, y con dieciséis años se marchó para la ciudad Condal a someterse a los rigores de uno de los más importantes laboratorios futbolísticos de Europa.

El que fuera preparador físico de la selección argentina, Gerardo Salorio, dijo en televisión hace un par de días algo fundamental para comprender por qué Messi vive empeñado en querer estar en la cancha siempre: “Fue formado en la cultura de la importancia de jugar antes que cualquier otra cosa, y cuando no rendía en la selección era porque le costaba asimilar que si bien eso cuenta, los argentinos somos máquinas de querer ganar, ahora que lo ha entendido ha dado un salto cualitativo que le permite un gran entendimiento con sus compañeros con los que estará en Brasil 2014”.

Qué más decir de Messi de tanto que se ha dicho sobre él.  Simple y llanamente que con su nueva lesión ha confirmado estar soportando su temporada más irregular en cuanto a presencias en el campo de juego. Según la cadena ESPN, Lio habría recorrido 224.000 kilómetros en 63 días al principio de año, cuando jugó muchísimos partidos de exhibición, producto de sus compromisos comerciales y sus colaboraciones a causas sociales, lo que le habría generado una escandalosa saturación, precisamente en el par de meses en los que sus compañeros abrazan eso que se llama el descanso del guerrero, en el razonable plan de recargar energías para encarar la nueva temporada.

No jugará hasta el próximo año, pero el planeta fútbol sigue girando en torno a él, a lo que hace o deja de hacer, con márgenes restringidos para la especulación, pues bien se sabe que ese perfil algo contradictorio de niño bueno/macho alfa está basado en un muy celoso cuidado a lo que hace puertas para adentro en su vida privada, y por eso, lo más improbable es que aparezcan otros datos que no sean fotos con compañeros compartiendo asados a la argentina o con compañera e hijo, siempre en plan muy familiar.

¿Qué más decir de Messi? Que en las últimas horas su compañero Víctor Valdés lo ha llenado de elogios —“Messi es Dios”—, que es tremendamente difícil que alguien se refiera a él de mala manera, incluido Zlatan Ibrahimovic que hace unas semanas, ya se sabe, se estrelló contra Pep Guardiola, pero calificó al 10 como nacido para el juego por su talento. Y claro que en Buenos Aires, donde las tertulias futboleras son tan entretenidas, en las que se analiza cada hecho futbolero hasta el extremo de los detalles, y por estas horas se habla acerca de cuán bien o mal puede hacerle esta pausa para tenerlo en las mejores condiciones en el objetivo Argentina 2014.

La década prodigiosa” (banda de pop español), es el mejor título para calificar todo lo que Messi le ha entregado al fútbol en estos diez años vividos con intensidad y regularidad que no admiten parangones con figura  alguna de hoy y tampoco con las que fueran en el ayer, catalogadas como las mejores. Conforme fue creciendo, hasta llegar a estos ideales 26 años para jugar al fútbol, ha demostrado que se puede ser cerebro y goleador, solidario y personalista, pasador y anotador, todo en uno sólo. Claro que eso lo puede ser él y nada más que él, con esa cada vez más firme convicción de ir por adentro en busca del tumulto del adversario para gambetear a todos, para buscar la descarga al compañero mejor habilitado o para disparar con balón detenido a fin de desatar felicidad en los culés todos los fines de semana.

Las malas lenguas, en un mundillo muy proclive al chisme y al trascendido, dicen que durante el tiempo en que Guardiola lo entrenó, se impuso de tal manera, que prácticamente llegó a condicionar a la  dirección técnica a que todo pasara en el vestuario por Messi y nada sin él. También se dijo que para la llegada de Gerardo Martino se produjo una conexión rosarina, pues el propio Lio junto a su padre Jorge, se habrían encargado de acelerar el aterrizaje del que fuera jugador récord en participaciones de Newell’s, seleccionador de Paraguay y luego entrenador del equipo en el que nació a la vida futbolística. Cierto o no, asunto que sólo conocen a fondo las cuatro paredes del vestuario barcelonista, el 10 que no se considera una deidad, sigue ilusionado con jugar al fútbol como lo hace desde el primer día en que estuvo en La Masía, y se hacían cargo de su formación, el mismo Pep y Tito Vilanova. ¿Genética rioplatense? Sin duda alguna, pero esta vez, sin potrero y con escuela para cincelar un prodigio, que todavía tiene mucho para darle al fútbol.

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