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El día que el ‘Chocolatín’ se llevó la pelota a la eternidad

Ramiro Castillo Salinas fue uno de los mejores futbolistas bolivianos. Falleció hace 15 años, acorralado por el dolor que le causó la muerte de su hijo

Seleccionado. Castillo luciendo la Verde de Bolivia. En la foto, en un partido contra México, en la Copa América de 1997.

Seleccionado. Castillo luciendo la Verde de Bolivia. En la foto, en un partido contra México, en la Copa América de 1997.

La Razón / Ramiro Siles / La Paz

01:44 / 18 de octubre de 2012

Han pasado 15 años. “Para mí es como si fuera ayer”, dice María del Carmen Crespo, la viuda de Ramiro Castillo. Ese sábado 18 de octubre —una fecha como la de hoy— la noticia estremeció al país. El Chocolatín, sumido en un profundo dolor de padre, había tomado una drástica determinación: partir sin retorno. Y se fue uno de los más grandes futbolistas que tuvo Bolivia…

El 29 de junio de 1997 la selección boliviana se preparaba en una sala de calentamiento del estadio Hernando Siles para disputar la final de la Copa América frente a Brasil. Castillo estaba entre los titulares. “Lo notaba preocupado. Llegó la noticia y a mí me tocó dársela. Interrumpí su trabajo y le dije: ‘Tu hijito está en terapia intensiva’. Él se dio cuenta rápido, se sacó la polera, me la arrojó y salió corriendo”, rememora el fisioterapeuta Omar Rocha, paisano coripateño y gran amigo de Castillo.

Bolivia perdió el título, Brasil se coronó en Miraflores (1-3) y, horas después, Castillo lloraba la muerte de José Manuel, su primogénito, víctima de una fulminante hepatitis.Casi cuatro meses después, el Chocolatín dijo basta. No aguantó el dolor y decidió refugiarse en la eternidad.

“Muy pocos pueden ignorar que se trató de uno de los grandes del fútbol boliviano. Pero yo podría hablarles de él como mi esposo que fue, una persona buena, noble y sobre todo humilde, incluso en el ámbito del fútbol, donde ahora a veces no se ve eso en algunos jugadores. Fue un gran padre, un gran compañero y un futbolista que marcó historia. Se fue, pero siempre está presente en nuestras vidas, está en el corazón de todos nosotros”.

Hace 15 años que Ramiro Castillo ya no está. El último partido que jugó fue luciendo la camiseta de la selección nacional, en Quito, ante Ecuador, el 12 de octubre de 1997 por las eliminatorias mundialistas. Seis días antes de su deceso.

Cuando falleció tenía 31 años, seis meses y 22 días, y era jugador de Bolívar, camiseta que lució por última vez en Santa Cruz, el 6 de octubre, frente a Destroyers. La Academia ganó uno-tres y Ramiro Castillo anotó el primer gol de los celestes, ese fue su último tanto.

Su muerte ocurrió cuatro días antes del clásico paceño número 104 en la historia de la Liga, que terminó empatado uno a uno. Castillo llegó a disputar 19 clásicos de Liga: 16 defendiendo la camiseta de The Strongest, la que siempre quiso, la que lo hizo nacer al profesionalismo. Fue autor de cinco goles frente a Bolívar. Y con la Academia no llegó a estar en su cuarto partido frente al Tigre.

Desde entonces se lo extraña. La selección boliviana no volvió a tener un ídolo como él, y los “grandes” paceños, sus únicos clubes en Bolivia, quedaron huérfanos de una figura que deleitaba en la cancha. Pasado mañana el clásico volverá a escena, será el partido número 185 entre celestes y atigrados en la historia liguera. Y quizás esa noche (20.00), 15 años después, el Chocolatín vuelva a ser recordado.

Los datos

Nacimiento. Ramiro Castillo Salinas nació en Coripata (los Yungas) el 27 de marzo de 1966.

Fallecimiento. Su deceso se conoció la mañana del sábado 18 de octubre de 1997.

Paseó su fútbol por Argentina

Ramiro Chocolatín Castillo jugó en Bolivia sólo en Bolívar y The Strongest. Tras convertirse en figura atigrada partió a Argentina, donde hizo buena parte de su carrera. Su recorrido fue por Instituto de Córdoba (1987-88), Argentinos Juniors (1988-90), River Plate (1990-91), Rosario Central (1991-92) y finalmente Platense (1993-94). También estuvo en el Everton de Chile, antes de volver al país y jugar en Bolívar.

En la selección, fue parte de la “generación dorada” que en 1993 se clasificó al Mundial de Estados Unidos del año siguiente, comandada por Xabier Azkargorta, el vasco que ha vuelto al comando de la Verde. No pudo jugar los dos primeros partidos, contra Alemania y Corea del Sur. El 27 de junio de 1994, frente a España en el Soldier Field de Chicago, se hizo mundialista, tras ingresar a los 17 minutos del segundo tiempo en vez de Vladimir Soria.

Un gran jugador y una gran persona

‘Sobre todo fue un gran padre’: Ramiro Castillo Crespo, hijo del ‘Chocolatín’

“Una vez vi unos videos, sobre todo uno de un golazo que le hizo a Bolívar, con una volea impresionante. Fue un gran futbolista, pero por sobre todo fue un gran padre”.

‘Su llegada a Bolívar fue noticia’: Javier Ortuño, dirigente de Bolívar

“Fui yo quien lo convenció para que jugara en Bolívar. Él era un gran stronguista, pero pudimos llegar a un acuerdo. Su incorporación al club fue la noticia de ese año”.

‘Era frontal y franco’: Omar Rocha, fisioterapeuta y amigo

“Ramiro era una persona sencilla, tranquila, le gustaba analizar lo que sucedía después de un partido. Era frontal y franco, fue un grande y nunca perdió su sencillez”.

Soñaba con ser un buen formador

El Chocolatín tenía un sueño: ser formador de jugadores. Planeaba dedicarse a entrenar con niños y jóvenes después de retirarse del fútbol activo. “Hubiera sido un gran formador, por el espíritu y dedicación que mostraba por los jóvenes. Cuando se fue, el fútbol boliviano perdió un gran valor, que hubiera llegado a ser un gran entrenador”, recuerda Vladimir Soria, su compañero en Bolívar y la selección.

Como seguía jugando, una parte de ese sueño él mismo se encargó de hacer realidad fundando en El Alto la Escuela de Fútbol Ramiro Castillo. La entidad albergó a cientos de niños y jóvenes alteños. Sus participaciones en los torneos de divisiones menores de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP) fueron incrementándose y un equipo llegó a jugar en la Primera A.

Al fallecer, su familia hizo todo lo posible para mantenerla en actividad, hasta que las dificultades terminaron por torcer el brazo de su viuda y sus hijos.  “La verdad es que se hizo pesado con el tiempo, pese a que yo comencé a conocer de fútbol bastante bien; sin embargo, en lo administrativo y en lo económico se complicó, ya no se pudo mantener la escuela”, narra María del Carmen Crespo.

Entonces, ella y sus hijos analizaron la situación y decidieron vender la escuela, con una condición: que mantuviera el nombre de Ramiro Castillo. “Tengo un sentimiento encontrado con relación a la escuela: me dio mucha pena no seguir con el proyecto, pero luego me tranquilicé cuando la otra vez fui a ver cómo estaba y vi que tiene césped sintético, la administración marcha bien y la verdad es que mejoró. Creo que la venta fue para bien y sigue creciendo”.

‘Un profesional a tiempo completo’

Castillo era un notable futbolista, y una excelente persona. Así lo recuerdan quienes compartieron con él en sus equipos. “Fue un profesional a tiempo completo, en todo sentido de la palabra, y muestra de ello es la carrera impecable que le tocó desempeñar. No sólo fue el gran jugador en los partidos que deslumbraba a quienes estaban en la cancha, sino que en el trabajo, en el día a día, en ese que mayormente la afición no ve, destacaba por su puntualidad, su concentración y en la forma cómo se entrenaba.

Como persona era un hombre con cualidades extraordinarias”, según Eduardo Villegas, hoy DT de The Strongest, quien compartió con Castillo durante dos años en el Tigre. Vladimir Soria, con quien jugó en Bolívar, lo recuerda como “una persona muy respetuosa, bastante humilde y sobre todo se interesaba por los jugadores jóvenes, a quienes les aconsejaba de manera permanente. Fue un gran aporte para el grupo cuando llegó al club”.

De acuerdo con Javier Ortuño, dirigente de la Academia, el Chocolatín “era un persona frontal, honesta y sobre todo de una sola palabra. Aparte de tener un gran talento, se preocupaba por los jóvenes y alguna vez, cuando conversamos, me dijo que sus planes apuntaban a fortalecer su escuela de fútbol. Decía que había que ocuparse bastante de los jóvenes. Su partida fue una gran pérdida”.

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