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Los entrenadores

La Razón / Editorial

00:00 / 16 de abril de 2012

Los entrenadores, la mayoría, no todos, son esos seres del fútbol cuya estrategia también es aprovechar el poder que tiene la prensa para lanzar sus mensajes. Es su “arma” para meter presión a todos los estamentos, a los rivales, a los dirigentes, a sus propios jugadores, a los árbitros. Son los periodistas los que “deben” transmitir lo que ellos quieren que se vea, se escuche o se lea.

Son capaces, incluso, de explotar esa vía —aprovechando su fama y su situación— para distraer a los rivales; de decir cosas que no son, de brindar información inexacta, con tal de que el adversario salga confundido; no les importa si con esas pequeñas —o grandes— mentiras el medio que utilizaron queda mal parado. Y suelen arreglarlo con un par de palabras alejadas del mea culpa: “Me malinterpretaron”.

Suelen hacerse amigos de determinados periodistas y no tienen miedo de echar mano de esa supuesta amistad para conseguir sus propósitos. Por supuesto hay periodistas que se prestan a ello.

Los entrenadores, en cambio, son enemigos cuando el blanco de las críticas son ellos o sus equipos. Ahí todo cambia. Si no se piensa en su línea se enojan, estiran la cara, no asisten a las conferencias o, si van, responden de mala manera.

Son esos seres que siempre quieren un apoyo incondicional a su proyecto. Los que creen que son los mejores y que sus equipos también lo son, y que no admiten que no es así. Son los que ven en el rival al malo de la película, al tramposo, al manipulador. Y por si fuera poco, también ven al periodista como su enemigo.

¿Cuál es el problema si parte de la prensa no quiere darles la razón ni comparte sus métodos? ¿Si no quiere decir algo que sabe que es mentira? ¿Cuál es el problema si critica sus planteamientos?

A esa prensa le faltan el respeto, la cuestionan, la ningunean incluso dando a entender que no sabe nada de fútbol. Pero son incapaces de decirle en la cara lo que piensan de ella y generalizan.

Eso sí, si se les da la razón, si se aplaude sus métodos, si las críticas son a favor, jamás dirán al menos gracias. Esa palabra no existe en su vocabulario.

Son entrenadores de fútbol. Los hay buenos, regulares y malos. Así son ellos. No todos, por suerte.

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