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Lothar Kerscher: ‘Es un orgullo servir durante medio siglo a mi institución’

Celebra este año 50 años como dirigente del club Bolívar, rememora cómo fue su vinculación a la institución y sus vivencias en la entidad paceña, hoy es el fiscal general.

Lothar Kerscher posa en el estadio Libertador Simón Bolívar. Foto: Christian Calderón

Lothar Kerscher posa en el estadio Libertador Simón Bolívar. Foto: Christian Calderón

La Razón Digital / Jaime Ayllón / La Paz

12:12 / 09 de mayo de 2018

Son 50 años como dirigente de Bolívar. Lothar Kerscher los celebra este 2018. Rememora cómo fue invitado, en 1968, a sumarse al cuerpo directivo de la Academia. Ahí comenzó un idilio con el club, cada vez más fortalecido con el tiempo, que dura hasta hoy.

Empezó su actividad a cargo de las divisiones menores. A partir de ahí, le tocó servir desde diversos frentes: fue utilero por un día, entrenador durante cuatro partidos, gerente, incluso presidente. Hoy es el fiscal general del club al que le ha entregado parte de su vida.

—  ¿Qué significa cumplir 50 años como dirigente de Bolívar?

— Haber dedicado con mucho cariño, con mucha entrega, largos años, diría tal vez media vida a una institución. Cuando uno llega a la edad que yo tengo y se pone a pensar retrospectivamente cuándo empezó la actividad como dirigente del club Bolívar, recién se da cuenta de los muchísimos años que han pasado, es una satisfacción muy grande, una alegría muy grande, es un orgullo servir durante medio siglo a mi institución como al Bolívar.

— ¿Usted es un bolivarista de toda la vida?

— Yo llegué acá, a La Paz, en 1954, porque de Alemania me vine primero a Potosí y luego pasé a Oruro, donde estuve una temporada, de ahí me trasladé aquí, donde le tomé un cariño muy grande a Bolívar. Asistía los fines de semana a ver las dobles jornadas de la Asociación de Fútbol de La Paz, iba a los cotejos que se disputaban en el antiguo Hernando Siles y veía con mucha atención los partidos de Bolívar; fue a partir de ahí que me hice celeste y le tomé cariño de inmediato, como se dice fue amor a primera vista.

— ¿Se acuerda cómo llegó al club y qué fue lo primero que hizo?

— Por casualidad me sentaba en la parte media del sector de la antigua preferencia y cerca de ese lugar se ubicaba la gran mayoría de los dirigentes de Bolívar de esa época, y como yo asistía todos los domingos a los partidos seguramente le llamó la atención a don Guillermo Monje, un directivo del club con quien nos saludábamos de lejos. Un domingo se me acercó y me dijo: ‘lo veo permanentemente haciendo fuerza por el equipo, ¿no le gustaría pertenecer al directorio?’, entonces acepté. Tras conocer a Mario (Mercado) mi primera tarea la realicé en divisiones menores trabajando con los chicos en temas relativos a organización y supervisión de las labores que realizaban.

— ¿Es cierto que usted no solamente fue dirigente, sino que atendió otros rubros dentro del club?

— No es que yo quiera vulgarmente mandarme la parte, pero tras trabajar en divisiones menores ascendí a la presidencia del Comité de Fútbol, también ocupé en tres oportunidades en forma interina la presidencia del club; sin embargo, asimismo fui utilero del plantel por un partido: resulta que el equipo jugaba en Cochabamba, entonces el utilero salió del aeropuerto de El Alto a comprar y tardó mucho, así que no pudo embarcarse, el avión despegó, llegamos a Cochabamba y como no había quién se hiciera cargo de la indumentaria tuve que hacer yo ese trabajo. Me acuerdo que repartí la ropa a los jugadores, lo hice al principio, porque cuando concluyó el partido había que recogerla, lo hice creo de dos jugadores y luego los demás futbolistas se levantaron y me ayudaron; eran otras épocas, la mentalidad de los jugadores era diferente, había respeto, amistad y entre todos embalamos la ropa y me ayudaron a sacarla para volverla a llevar al avión.

También fui director técnico en forma coyuntural, ya que Mario Mercado decidió sacar de su función al entrenador Miguel Ignomiriello. Como todo tenía que resolverse en su momento y no había tiempo, como yo era presidente del Comité de Fútbol, Mario me dijo que me hiciera cargo del plantel, obviamente hoy en día no lo haría, pero en esa época era joven y lo hice, dirigí cuatro partidos arriesgando, pero teníamos un gran equipo con el capitán Carlos Aragonés.

Entonces entrené y dirigí el equipo durante cuatro fechas, me acuerdo que jugamos en Tembladerani y ganamos, fuimos a Oruro contra San José, estuvimos perdiendo dos a cero y logramos empatar a dos, luego en Sucre hice debutar a Óscar Figueroa, en el segundo tiempo lo saqué a Raúl Alberto Morales y ganamos 1 a 0; y después jugamos en La Paz y volvimos a ganar; de ahí se hizo cargo el profesor Freddy Valda. Recuerdo que entrenaba al equipo, daba las instrucciones en el descanso, pero tenía un gran aliado, Carlos Aragonés, con quien me juntaba para armar el onceno. Me retiré invicto de esa dirección coyuntural. 

— En sus 50 años de dirigente, ¿cómo resume o califica los mismos?

— Fueron lindos años, con muchos títulos, llegué en un buen momento del club, desde aquella copresidencia entre Eduardo Chichi Siles y Mario Mercado, que no duró mucho; después, Mercado se hizo cargo, entonces toda esa época tuve la gran satisfacción de trabajar con él, fue un dirigente extraordinario, un hombre que vivía el fútbol y le tenía un cariño inmenso al club Bolívar.

Recuerdo que cuando fui gerente dos años me quedaba a pedido de Mario y charlábamos horas de horas de fútbol, nos reuníamos en el Gran Centro, fueron las mejores etapas que tuve al margen de los muchos campeonatos o momentos difíciles, pero en aquella época había calidad de personas en el directorio. Además, hay que ponderar que en esa época los clubes no recibían un solo centavo de la Conmebol como sí ocurre ahora, o sea llegar a la Copa era motivo de alegría y preocupación porque había siempre la necesidad de reforzar el equipo, ahí uno veía el cariño empezando por el presidente y el resto del directorio, incluso poniendo dinero.

  • Kerscher luciendo su sombrero cabalero. A su lado, Guido Loayza. Y a la derecha, el técnico Jorge Habegger. Foto: Christian Calderón

Además, en aquel entonces hubo grandes dirigentes que trabajaban por el fútbol, como don Rafael Mendoza que hizo mucho por The Strongest, don Rolando Aguilera que trabajó bastante con la Academia Tahuichi Aguilera, don Alberto Alem o Enrique Happ en Cochabamba, que le dieron mucho a nuestro balompié en forma desinteresada. Dirigentes que hicieron mucho por sus clubes y fueron también formadores. Ellos mostraban un cariño extraordinario antes de pensar en la fotografía.

— ¿Puede nombrar a dirigentes que tuvieron un rol importante en la Academia?

— Recuerdo a Mario Paz Zamora, Guery Jordán, Alfredo Rojas, los hermanos Ocampo, Jorge Burgoa, Javier Ortuño, Jorge Iturralde, Guido Loayza, Guillermo Monje. Tantísimos que algunos nombres se me escapan en este momento, pero fue un momento extraordinario del club.

— Usted ha vivido diversos episodios, ¿cuál fue el más feliz y cuál el más triste?

— Bueno, los felices: los campeonatos que festejamos, los tristes, dos: (lagrimea y se le quiebra la voz, pide agua y bebe) primero, la partida de Mario Mercado. Días antes yo me había alejado del directorio por circunstancias del momento, cada uno tenía su carácter y yo el mío, y en una entrega de premios Mario me vio y me dijo: ‘Lothar, tienes que volver’; entonces le respondí que nos veríamos en la siguiente sesión de directorio, él viajó y no volvió porque ocurrió lo que todos vivimos, su partida (un accidente aéreo en el que Mercado perdió la vida). Si bien volví al directorio, ya no lo vi a Mario.

La segunda, cuando partió Ramiro Castillo, él andaba muy consternado por el fallecimiento de su pequeño hijo, entonces una mañana lo llamé a mi oficina y conversamos, incluso tuve que pedir permiso al entrenador para que no practicara. Hablamos, le di unos consejos que él agradeció y dos días después me sorprendí con su partida en la situación que todos saben. Fueron dos momentos muy tristes para mí.

— ¿Tiene todavía cosas pendientes o aún sueña con ver algo más en Bolívar?

— El mismo sueño que Mario se llevó a su tumba, el de ser campeón de la Copa Libertadores de América. Mario decía ‘algún momento llegaremos a jugar en Tokio’ (la Copa Intercontinental, hoy el Mundial de Clubes). Sigue siendo el mayor deseo. Si bien llegamos a una etapa semifinal, aún creemos que no es imposible, sí difícil, pero cuando uno pone ganas y esfuerzo se puede. Nuestro fútbol ha desmejorado, ya no salen valores que teníamos en años pasados, por decirle un Chichi Romero, ya no hay ese tipo de jugadores, pero queda la esperanza y ojalá me quede el tiempo suficiente para poder ver a mi equipo en esas instancias.

— ¿Qué significa el fútbol en su vida?

— Mucho, muchísimo porque logré conocer grandes personas, grandes dirigentes y, sobre todo, trabajar por el desarrollo y superación de nuestro balompié. También el fútbol me dio lugar a poder tener tres generaciones en el club: yo, mi hijo y mi nieto, porque mi hijo mayor Lothar debutó y jugó profesionalmente en el club, pero por razones de estudio se tuvo que ir a Estados Unidos, y posteriormente debutó mi nieto Franky. Bolívar también unió a mi familia.

Logré tantos campeonatos que ya no recuerdo el número, y en tantos solo una vez di la vuelta olímpica, fue en Santa Cruz, porque allá la hinchada no nos permitía dar esa tradicional vuelta, pero junto a los jugadores, recuerdo muy bien que Ricardo Troncone se me acercó y me dijo ‘debemos dar la vuelta olímpica’ y la dimos, inclusive recibimos flechazos porque allá nos daban con resorteras cargadas de bolas de vidrio, igual nos dimos el gusto.

Luego no me gustaba acompañar al equipo en esa ceremonia porque en ese momento aparecían tantos directivos que solamente lo hacían para las fotos, personas que nada tenían que ver, incluso dentro el directorio la gente que no asistía con frecuencia aparecía en ese momento. Aquí también recuerdo que en el logro de un campeonato, Carlos Borja se me acercó en el camarín y me regaló una camiseta de ese partido.

— ¿Cómo está Bolívar hoy?

— Quiero aprovechar y desear todo lo mejor para don Guido Loayza (el actual presidente), que no se canse de apoyar al club permanentemente, al igual que don Marcelo Claure (presidente de BAISA SRL, administradora del club). Sabemos que el Bolívar siempre va a existir, siempre ha existido antes y después ocurre lo mismo, porque es un patrimonio de la ciudad de La Paz. A veces faltan unas pequeñas inyecciones como la que hemos recibido, así que a través de esta entrevista les quiero mandar un reconocimiento muy grande a Guido y todo su directorio y a Marcelo, y ojalá los últimos años él se siga acordando siempre en forma positiva y buena cooperando al club Bolívar.

— Los jugadores se retiran del fútbol cuando consideran que su ciclo ha terminado, ¿usted se retirará del club alguna vez?

— Yo le veo difícil porque tengo ahora el cargo de fiscal general hasta el año 2019, igual que Evo cumple yo voy a cumplir y si en esa época voy a estar en el mundo de los vivos, aunque sea voy a volver a ser utilero por el cariño que le tengo al Bolívar.

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